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La felicidad fue aquel regate de Pelé

Fútbol y Brasil son términos casi sinónimos. Y no sólo por el Mundial que comienza hoy. También porque el deporte rey es una parte central de la cultura brasileña como lo son también el carnaval, el baile y todo aquello de lo que se hablará durante los próximos treinta y un días. Una cultura y una pasión popular que no se ha visto reflejada en la literatura, una literatura en la que aparecen nombres como Rubem Fonseca o Jorge Amado, sino más bien en la prensa deportiva, de donde proviene el escritor Sérgio Rodrigues, autor de «El regate», esta novela que recorre prácticamente el fútbol brasileño de los últimos sesenta años. Redactor del «Journal do Brasil» y periodista deportivo durante una década (cubrió el Mundial de México y la F1 en tiempos de Nelson Piquet), Sérgio Rodrigues plasma en «El regate» una historia de padres e hijos, de rencores y desencuentros familiares a través de Murilo Filho, un viejo cronista que, enfermo y a punto de morirse, quiere sellar la paz con Neto, su hijo al que no ve desde hace veintiséis años. Así que Neto decide dejar atrás su rencor y acudir a la casa de su padre, que combate las horas muertas viendo viejos vídeos y rememorando historias de legendarias figuras del fútbol brasileño.

Pero las diferencias generacionales y de carácter se hacen enseguida evidentes y el encono entre ambos se instala de inmediato. Neto, que se gana la vida como corrector de libros de autoayuda, es un desencantado: vive en la nostalgia de otra época, de su juventud en los años setenta, cuando bailaba al ritmo del pop y confiaba en la llegada de la democracia. La época de su padre, en cambio, es otra: es aquella en que la «canarinha» en la que brillaban Pelé, Garrincha, Didí y Zagallo se llevó tres campeonatos del mundo, en la que la sensualidad de la bossa nova llenaba las calles de Río de Janeiro mientras O Rei «refinaba el fútbol a su esencia más etérea» en las semifinales del Mundial de México de 1970 con un regate increíble al portero uruguayo Mazurkiewicz.

Memoria sentimental de una pasión colectiva y en la que se mezclan conflictos políticos y familiares, «El regate» no es, sin embargo, un libro sobre fútbol, sino que el fútbol, aquí, se convierte en el motor de la novela. Ya sea para contar la epopeya de Peralvo, un jugador ficticio que podría haber sido «más grande que Pelé» y que terminó trágicamente, para desvelar la trama familiar que se esconde tras la distancia que mantienen padre e hijo o para hacer que el fútbol mismo sea, al fin y al cabo, su auténtico protagonista.