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Lo que nadie contó de Paracuellos

El profesor de Historia Julius Ruiz repasa en un documentado ensayo los sucesos en torno a los fusilamientos ocurridos entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 en la localidad madrileña

El anarquista Melchor Rodríguez recita un poema en 1938
El anarquista Melchor Rodríguez recita un poema en 1938 larazon

El profesor de Historia Julius Ruiz repasa en un documentado ensayo los sucesos en torno a los fusilamientos ocurridos entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 en la localidad madrileña

Si hay un episodio controvertido y polémico en la Guerra Civil española, ése es sin duda el de Paracuellos, como se conocen genéricamente las sacas de presos de las prisiones de Madrid en el otoño de 1936. Muchos son los libros y documentos escritos sobre los sucesos que acaecieron entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre y, aun así, hay aspectos que no se han investigado lo suficiente. Julius Ruiz, hispanista hijo de españoles y profesor de Historia en la Universidad de Edimburgo, publica «Paracuellos. Una verdad incómoda» (Espasa). «Paracuellos se ha convertido en un mito y en una verdad incómoda para todos, sobre todo para la izquierda, cuya prioridad es disculpar al Gobierno republicano», afirma Ruiz. «Se escribe mucho pero se investiga poco. Se dan versiones políticas, pero no se argumenta con base ni con datos». Dice el autor que fue la reacción de la Prensa a la muerte de Carrillo lo que le llevó a escribir este libro. «Hay quien tacha sus argumentos de “mentiras infantiles’’». Son muchas las versiones que dio y algunas, contradictorias. Al principio dijo que no tenía nada que ver. Luego, que se enteró al terminar la guerra, que fue obra de unos exaltados o que había que defender Madrid de la 5ª Columna y era necesario hacerlo para ganar la guerra. «Los enemigos podían estar en todos los sitios. Los presos eran enemigos potenciales que podían sumarse a las fuerzas de Franco, que ya estaba a las puertas de Madrid. Una guerra sucia pero necesaria contra los espías y el enemigo interior. Ésa era la justificación», señala.

Cuando Carrillo fue nombrado el 6 de noviembre consejero de Orden Público, el Gobierno de Largo Caballero hacía las maletas hacia Valencia y dejaba Madrid en manos de una Junta de Defensa. El Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP) lideraba la batalla contra la imaginaria 5ª Columna desde finales de octubre. Aquel tribunal revolucionario del Frente Popular ya había «evacuado» a 190 presos. Esta palabra era clave para referirse a la orden de ejecuciones extrajudiciales a las afueras de Madrid. «Carrillo hizo suyo un proceso en marcha. Se movieron rápido porque los franquistas estaban cerca. Eliminar al enemigo en la retaguardia era tan importante como en el frente. Tuvo en sus manos la solución y decidió seguir con ella, la adoptó y dio su apoyo político. No fue el arquitecto de la idea, pero sí un facilitador de los hechos». La tesis del historiador es «que la 5ª Columna no existió, era gente que sólo quería salvarse».

- Primeras ejecuciones

Las primeras sacas del 7 de noviembre salieron de los penales de Porlier y San Antón. El lugar de las ejecuciones fue el arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, a unos 20 kilómetros al noreste de Madrid. Por la tarde se sumaron unos 500 presos más de la Modelo. El 8 de noviembre, un anarquista sin identificar de la Junta de Defensa anunciaba que se estaba eliminando a «fascistas y peligrosos». Los 400 presos de la Modelo que salieron ese día hacia Paracuellos tuvieron que ser desviados a Torrejón de Ardoz porque los enterradores no habían terminado de inhumar a las víctimas del día anterior. Fueron fusilados en el cauce seco de un canal. Políticos como Manuel Muñoz, director general de Seguridad y creador del CPIP, o Ángel Galarza, ministro de la Gobernación, estaban al tanto de todo. Procuraron mantener apariencia de legalidad y una política de desinformación y secretismo por parte de los organismos del Estado. Las sacas se interrumpieron el día 9. El eco internacional de los asesinatos llevó a los diplomáticos extranjeros a pedir aclaraciones a las autoridades republicanas. También políticos como José Giral o el vasco Manuel de Irujo exigieron respuestas alarmados por la situación. Pero el más interesado en acabar con las matanzas fue el anarquista Melchor Rodríguez. Tras ser nombrado inspector general del Cuerpo de Prisiones, ordenó poner fin a todas las «evacuaciones» el 9 de noviembre. Rodríguez debía el cargo a su amistad con Sánchez-Roca, subsecretario de Justicia. Para Ruiz, «fue un hombre clave. Con su prestigio revolucionario tenía ganada una autoridad. Incluso la CNT lo apoyó en su decisión. Pero fue destituido el día 12 por el ministro García Oliver por considerar que había sido nombrado a sus espaldas y sin el beneplácito de la Dirección General de Seguridad, dependiente del Consejo de Orden Público que dirigía Carrillo, que se hizo de nuevo con la situación reanudando los fusilamientos. Está claro que éste obedecía al Gobierno y si Largo Caballero le hubiera ordenado proteger a los presos lo hubiera hecho. Entre el 18 de noviembre y el 4 de diciembre hubo traslados a Paracuellos desde los penales de Ventas, San Antón y Porlier». La presión internacional se intensificó y a últimos de mes llegó a Madrid una delegación de parlamentarios británicos para investigar qué estaba ocurriendo. Esto obligó a Largo Caballero a llamar de nuevo a Melchor Rodríguez y Carrillo aceptó prohibir las evacuaciones masivas a partir del 5 de diciembre. En cuanto al número de víctimas, el autor señala que hubieron «unas 2.500».

¿Cuál fue el papel de la URSS?

Para Julius Ruiz, «no hay pruebas de peso sobre su participación. Llegan en agosto para influir en cuestiones de seguridad. En octubre, Orlov está en Cartagena encargado del traslado a Moscú del oro español, y aunque hay historiadores que especulan con la idea de que la respuesta de Carrillo vino determinada por agentes del NKVD, como Orlov y Grigulévich, esto no está demostrado. Sí que Stalin estuvo interesado en la guerra. Estaba convencido de que empezó por no haber depurado a los militares. Siempre se ha hablado de su influencia soviética en la guerra. Pero creo que hay que hacerlo de la influencia de la Guerra Civil en Rusia».