Recuerdos de un vestido de novia roto

El autor de la aclamada «Algún día este dolor te será útil» vuelve a indagar en el alma de personajes que esconden profundas heridas. En la primavera de 1950, una joven y vulnerable enfermera llamada Coral Glynn llega a una casa de campo inglesa para cuidar a una anciana moribunda con la que vive su hijo Clement, un militar todavía convaleciente de las heridas sufridas durante la Segunda Guerra Mundial. Sería fácil suponer que desde el primer momento surge el amor entre el hijo y la enfermera, pero eso sería demasiado convencional para un escritor tan sutil como Cameron.

El comandante tiene «la sensación de que hay algo vivo entre los dos», y nada hay más vivo y palpitante que el dolor, nada más reconocible entre las personas que arrastran heridas del pasado y que pueda ser un legítimo motivo para contraer matrimonio. Cameron va desvelando poco a poco las causas de ese dolor, a veces de forma directa, a través de recuerdos o conversaciones, y en otras ocasiones, mediante situaciones simbólicas que harían las delicias de un coloquio literario: un vestido de novia que es imposible ponerse sin ayuda y cuyas costuras se rasgarán al intentar introducirlo a la fuerza, un claro del bosque donde unos niños disfrutan con un peligroso juego, una sucesión de habitaciones abarrotadas de objetos absurdos que desemboca en una sala sin ventanas en la que se muestra la imposible relación sexual de dos de sus protagonistas.

Aunque cuenta con elementos de comedia de enredo y de novela de suspense con final inesperado, la novela está envuelta en una sugerente pátina de melancolía. Un delicado bordado con filigranas que sorprende y fascina.