Cultura

Zweig, el «corderito» infiel de friderike

Se publican las apasionantes cartas del escritor y la que fuera su esposa entre 1912 y 1942

Se publican las apasionantes cartas del escritor y la que fuera su esposa entre 1912 y 1942

Leer la correspondencia entre Stefan Zweig y Friderike Zweig –admiradora, luego amante, después esposa, para pasar a ser exmujer y por último «viuda» de facto– es casi un ejercicio de voyeurismo. Pero también logramos conocer al escritor que militó a favor del entendimiento entre los pueblos y que blandió la bandera del pacifismo. No es menos verdad que asistimos a sus arrebatos de sarcasmo, sus innumerables amantes y a una personalidad llena de abismos, que Friederike denomina «discordia o peligro en tu fuero interno».

El primer contacto fue impulsado por Friderike von Winternitz –entonces casada y madre de dos hijas–, en 1912, en una tímida misiva y con el escrupuloso acercamiento de una admiradora. Tras las respuestas del autor –que desgraciadamente no tenemos–veremos como ella le asciende al apelativo de «querido Doctor», hasta pasar al tuteo. Tres meses después se produciría el primer encuentro, el 23 de septiembre, y el novelista señalaría en su diario: «Tarde con Frau v.Wi. Una buena conversación con una mujer verdaderamente sensible, que es probablemente más tierna lo que uno puede imaginar». Se abrían las puertas al romance. Decenas y decenas de cartas en las que ella se explayaría contándole los pormenores de su cotidianidad doméstica, sus quehaceres intelectuales como escritora, periodista, traductora y activista por la paz y en los que su futuro esposo elogiaba su naturaleza tranquila «que me atrae infinitamente».

En el momento en el que ella es consciente –y así se lo escribe a su ya amante– de que «no está casada y su marido tampoco», le plantea que procederá a divorciarse. El novelista, en medio de su fogosa relación epistolar con Fiderike, mantiene una relación parisiense y paralela con Marcelle. Un triángulo que no oculta a ninguna. Sabedora de todo, a «su corderito» –como llamaba a Friderike-–lejos de importarle, siguió manifestándose sumisa y acostumbrada a pensar en los demás antes que en sí misma.

Felices y viajeros

Le alienta a continuar con su obra, pospone citas para que escriba o se explaye con amigos o amigas, y viaja sin descanso con el fin de arañar al tiempo algunos minutos con su amado. Desde que se casaran hasta 1938 fueron felices, viajeros, conocieron a personalidades como Romain Rolland, al doctor Schweitzer, Einstein, Gorki, Toscanini,Tagore... Los Zweig fueron hospitalarios y cosmopolitas, y a pesar de tener la residencia en Salzburgo se movían por toda Europa.

Después de su separación, y el matrimonio de él con Lotte –su secretaria–, la correspondencia no se interrumpió. De hecho, nunca dejaron de escribirse, hasta el fatal suicidio del escritor y su segunda esposa. La última misiva se la dirige a su exmujer en inglés, como la primera que se cruzaron. Se despide de ella, desde Petrópolis, diciéndole: «Recibe todo mi afecto y cariño, y levanta el ánimo sabiendo que ahora estoy tranquilo y feliz». Se suicidaría esa noche. Dejó una nota que manifestaba su apego a la libertad, la dignidad humana y la creación artística.