Literatura

Un paseo por la trastienda de Rafael Chirbes

Anagrama publica “Diarios. A ratos perdidos 1 y 2″, un volumen donde descubrir tanto las dudas, flaquezas, ambiciones y anhelos, como las opiniones sobre numerosos aspectos del autor valenciano

El escritor valenciano Rafael Chirbes, en una imagen de 2013
El escritor valenciano Rafael Chirbes, en una imagen de 2013

Sabemos de Rafael Chirbes que fue un genio de la literatura. Conquistó con “La orilla” o “Crematorio”, y se hizo eterno con “Paris-Austerlitz”, una obra póstuma que apareció poco después de su fallecimiento, en 2015. Pero si hay algo más o tan singular de Chirbes como lo era su obra, era su propia personalidad. “Era una persona despiadada consigo misma, se autoimponía una exigencia muy alta, porque a su modo de ver era una condición sine qua non para poder enfrentarse a la realidad libremente”, explica Juan Manuel Ruiz Casado, albacea literario que el autor valenciano designó en sus últimas voluntades. “Si uno no se hacía los ajustes de cuentas a sí mismo, no tenía derecho a hacérselos a la historia o a la realidad”, continúa, “Chirbes tenía la capacidad de levantarse contra las propias dificultades”. Y lo mismo ocurre con su bibliografía: sus libros tienen tanta fuerza que “siempre salen adelante, y ya se está demostrando que sus diarios también lo están haciendo, aún ante lo que pueda surgir”. Recordaba su carácter y peticiones durante la presentación de “Diarios. A ratos perdidos 1 y 2″, que ahora publica la Editorial Anagrama. Un volumen que el mismo autor se encargó de revistar y preparar para su publicación.

“Me encargó una tarea muy difícil: decidir si esos cuadernos en los que trabajó tanto tiempo merecían la pena que se editaran”, dice el albacea literario. Si bien el propio Chirbes se encargó en su momento de hacer una criba, “solo pasó aquello que consideró oportuno y significativo”, la publicación de estos diarios debían cumplir “un requisito esencial, que su publicación no afeara, depreciara o perjudicara a lo que a él verdaderamente le importaba, sus novelas”. De esta manera, y “tras muchos dolores de cabeza”, Ruiz Casado asegura que “conforme iba leyendo, el nivel de grandeza, la altura de pensamiento y reflexión, la cosmovisión que alcanza en los diarios, empezó a ser desbordante”. Así, este volumen, está compuesto por 2 de sus archivos que, a su vez, se forman por parios cuadernos “que él escribía a mano y después pasó a ordenador”, puntualiza Silvia Sesé, editora. Un libro que recoge la obra de Chirbes desde 1984 hasta 2005, y que “siguen un orden cronológico, que a veces no siguen la estructura de un diario. En general, una obra que demuestra cómo se construye, como dice Marta Sanz en el prólogo, a un lector reflexivo”.

Se publica un volumen con los diarios de Rafael Chirbes
Se publica un volumen con los diarios de Rafael Chirbes FOTO: Anagrama

“Diarios” incluye, además de el de Sanz, un prólogo de Fernando Valls, quien también ha asistido a la presentación. Todo ello, acompañando a un autorretrato sin máscaras de Chirbes, un paseo por su trastienda sin filtros, donde el lector podrá descubrir sus dudas, flaquezas, miedos, enfermedades, enterezas, ambiciones o anhelos. Asimismo, se incluye una sucesión de opiniones y vivencias relacionadas con la política, el sexo, la música, el cine y la literatura. Todo aquello que el autor amaba o detestaba se incluyen en estas páginas, así como un análisis que él mismo hacía de libros ajenos o sobre la creación de su propia obra. Por ejemplo, destaca en una de las entradas del diario lo que escribió sobre la novela “Cabo Trafalgar” de Arturo Pérez-Reverte: “Produce repelús, un sentimiento de rechazo que, a medida que avanza el libro, roza la indignación”. A esto le añadió que “Pérez-Reverte está convencido de que como novelista puede hacer lo que le salga de los cojones (por usar el lenguaje que le gusta) y le brinda al lector un descabellado recital de lenguaje macarra, lenguaje de corte ‘vallekano’, pura movida madrileña en boca de estos pobres hombres que tomaron sopas en el siglo XVIII”.

Con esto, el albacea ha recordado que uno de los requisitos de Chirbes es que estas páginas es que se publicaran en Anagrama, “incluso aún con mayor oferta” y “a pesar del prólogo de Marta Sanz”, pues Ruiz considera que la prologuista cae en el riesgo de la “psiquiatrización” de la obra de Chirbes. Mientras Juan Manuel Ruiz cree que es difícil que Chirbes “pensara en ella como prologuista cuando no sabía si se iba a publicar”, la editora de Anagrama ha defendido su inclusión, por expreso deseo de los herederos del escritor. Ahondando en la polémica, Ruiz opina que “en su prólogo, Marta Sanz reacciona a un comentario de Chirbes sobre su obra, dibuja a un ser muy extraño, casi un monstruo” y está seguro que le habría “molestado y amargado”, extremo desmentido por Sesé y por Elena Cabezalí, integrante de la Fundación Rafael Chirbes.

La vida de escritor

“Rafa consideró estos diarios como parte de su obra literaria”, asegura Cabezalí. “Comenzó estos diarios con la intención de enriquecer su literatura, porque tenía la impresión de que se le escapaban detalles para sus escenarios o personajes, quería aportar cosas nuevas a su obra”. Unos escritos, por tanto, que “tienen la maravilla de mostrarnos al escritor en su trastienda”. Valls no duda a la hora de asegurar que estos diarios son “muy importantes en la obra de Chirbes, en la historia del diarismo español, que ya es valioso y complejo, y en el conjunto de la literatura española e hispanoamericana”. Recuerda el profesor y prologuista del volumen la inseguridad de Chirbes sobre sus escritos: “Incluso cuando se le reconocía, él no tenía seguro lo que estaba haciendo. Era un escritor muy discreto y tuvo siempre muchas dudas en el valor de su obra. Es probable que en el fondo pensara que lo que hacía era realmente valioso, pero nunca lo supe”.

El escritor Rafael Chirbes
El escritor Rafael Chirbes FOTO: EUROPA PRESS EUROPA PRESS

Con esto, añade el profesor que “Diarios” sirve para conocer “mucho mejor a la persona, algo imprescindible para conocer bien a un escritor. Nos revelan muchas cosas que no sabíamos, como una faceta de su personalidad que siempre me ha gustado, que es la fascinación por otras artes, como la pintura. Nos desvela a un hombre culto, interesado, curioso por las artes, no solo las cultas, sino también la música popular. Le fascinaban las canciones de Los Chunguitos, por ejemplo”. Asimismo, asoman también los peajes de la “vida de escritor”, como es el caso de un relato de un viaje promocional por Alemania en 2004, repleto de anécdotas, a veces desoladoras y otras disparatadas.

Un paseo, por tanto, por la cabeza de uno de los mejores escritores españoles de los últimos tiempos, y que, sin embargo, no solo se limitan a llenar un volumen, sino que afirma Sesé que “quedan 4 archivos que, seguramente, conformarán dos tomos. Quizá alguno más, depende de la extensión, pues son bastantes”. Una serie de cuadernos que finalizan en 2015, “con un texto referente a su condición física, a su enfermedad”, dice Valls, y que, según escribe en el prólogo, “recogen la verdad de un hombre que vivió casi siempre, hasta donde pudo cumplirlo, al margen de la mayoría de las convenciones”. Así como “la de un narrador que nunca dejó de buscar la manera de presentar la realidad al ritmo de la historia, la sociedad y los individuos, sujetos de un tiempo que todavía es nuestro”.