María Pujalte y Amparo Larrañaga: «Es tan inútil que una mujer quiera parecer más joven de lo que es...»

Vuelven a ser hermanas encima del escenario para tirarse los trastos a la cabeza en «El reencuentro».

A la izda., María Pujalte y, a la dcha., Amparo Larrañaga
A la izda., María Pujalte y, a la dcha., Amparo Larrañaga

Vuelven a ser hermanas encima del escenario para tirarse los trastos a la cabeza en «El reencuentro».

Reencuentro el suyo, el de María Pujalte y Amparo Larrañaga. Desde que coincidieran en «Hermanas» (2013) han vivido con el runrún de volver a compartir escenario. Entre medias, muchos trabajos y un año sabático de la segunda en el que se ha dedicado en exclusiva a ella, a su familia y «a buscar un proyecto para trabajar juntas», puntualiza de «El reencuentro» (en el Teatro Maravillas), la pieza con la que vuelven a las andadas para interpretar a Julia y Catalina, dos hermanas opuestas que durante 20 años se lo han perdido todo y que ahora retoman el contacto para tirarse de los pelos de nuevo.

–¿Quién es Julia, la supuesta «triunfadora»?

–Amparo Larrañaga: Yo, una violinista con pasta, pero con un desastre de vida. Se dedica a sus conciertos, está sola y tiene algún trastorno que no conocemos.

–¿Y Catalina, la «perdedora»?

–María Pujalte: Por eliminación... Es la hermana que irrumpe en la vida de Julia para usarla como salvación. También está sola, y no tiene trabajo ni casa.

–¿Qué les distanció?

–A.L.: Eso se ve al final (risas). De entrada, es contar en comedia la historia de dos hermanas que no se llevan bien. Digamos que planea la sombra de una madre que las ha marcado.

–M.P.: Hay muchas risas, pero lo que ocurre es muy «heavy».

–¿Qué es triunfar hoy?

–A.L.: No lo sé, pero Julia es todo lo contrario. Es algo que depende de la calidad de vida que tengas, no del éxito profesional.

–Para la sociedad parece lo contrario...

–M.P.: Son etiquetas que se ponen, pero es que la vida de cada uno es tan distinta...

–A.L.: Parece que lo que importa es la opinión del de fuera. El éxito no es lo que viene en el decálogo del triunfador.

–Pues hay unos cuantos libros de autoayuda sobre ello...

–A.L.: La gente gana y pierde constantemente.

–M.P.: Los problemas serios no se solucionan así. Todo está lleno de ruido y esta función refleja que no se trata de ser perfectos, sino de aprender.

–¿Se ven reflejadas?

–A.L.: Para nada. Esto roza el disparate.

–M.P.: Alguna reflexión... Las entiendo, pero ya.

–Dicen que las riñas familiares son las peores...

–A.L.: Por suerte, no he tenido. Aquí se dice: «La familia sirve para hacerle las cosas desagradables que no haríamos a un desconocido por miedo a las consecuencias».

–M.P.: Cuando dos personas se quieren mucho, es más dura la pelea.

–¿Y su reencuentro personal cómo ha sido?

–A.L.: Estábamos deseando encontrarnos. Hemos ido de la mano, aunque yo tenía claro que quería un año sin hacer nada.

–¿Y cómo sienta?

–A.L.: Maravillosamente. De la profesión solo me gusta el trabajo. Nada de estrenos, festivales, fiestas, giras... Ya lo viví. He disfrutado de la vaguería.

–Dos mujeres de peso como ustedes, ¿cómo ven el papel de la mujer hoy y de las reivindicaciones?

–A.L.: Nada es necesario e innecesario. No sé si tiene arreglo, pero que la gente manifieste su opinión es bueno. Las mujeres hemos avanzado a base de hablar e imponernos.

–Hace justo 100 años las sufragistas estaban en pleno apogeo, ¿lo hemos hecho tan mal todo este tiempo?

–M.P.: Ésta fue la mayor revolución del siglo XX, a pesar de cómo estamos. Porque queda mucho por hacer.

–A.L.: En el libro «Íbamos a ser reinas» se hablaba de qué pasaría si en vez de matar a 50 mujeres fueran 50 futbolistas... Es impresionante que siga pasando.

–¿Puede llegar a hartar tanta reivindicación?

–A.L.: Ya todo el mundo reclama lo suyo.

–M.P.: Hay mucho ruido y hay que saber encontrar una buena reflexión entre todo ello.

–A.L.: Lo ideal sería que no hicieran falta ONG, ni reivindicar nada. Que todo estuviera en su lugar. En cuanto a los papeles de las mujeres ya es más complicado, cada vez quieren ser más jóvenes, y eso me lo paso por el forro. No quiero parecer más joven porque es inútil.

–M.P.: Viendo los anuncios de la tele me di cuenta de que las madres cada vez son más jóvenes... Hasta que caí en que la culpa es mía, que voy para arriba (risas).

–A.L.: Cuando alguien me dice que está en crisis lo mando a la mierda y cuando me insinúan que me opere les digo que lo hagan ellos, que están asquerosos, dan con la barriga en la pared antes que con las manos.