Cine

Debbie Reynolds, la sonrisa más dulce de Hollywood

La actriz se hizo famosa por su papel en «Cantando bajo la lluvia», con apenas 19 años

La actriz Debbie Reynolds falleció en Los Ángeles a los 84 años
La actriz Debbie Reynolds falleció en Los Ángeles a los 84 años

«Cantando bajo la lluvia» la lanzó directamente al estrellato y se codeó con lo más granado de Hollywood, de Fred Astaire a Glenn Ford. Con una turbulenta vida sentimental, Debbie Reynolds se convirtió en una actriz que encarnaba el candor, nada más alejado de su existencia.

Si fuera un musical, Debbie Reynolds saldría volando de una tarta gigante y se reuniría con su hija, la princesa Leia, en una estrella fugaz de una lejana galaxia hollywoodense. En ese encuentro estelar, sin duda Kathy Selden cantaría «You’are My Lucky Star», a dúo con Gene Kelly, mientras Carrie la miraría con sorna y cierta condescendencia, como una estrella que se estrelló en el lado oscuro y luchó gran parte de su vida contra ese padre tenebroso que es el polvo de las estrellas erráticas. Cosas del cine, que es más grande que la vida pero mucho menos que el amor e insignificante ante las drogas.

Carrie Fisher vivió en un Hollywood donde los hijos de las estrellas era princesas caprichosas y príncipes problemáticos, y sus padres trabajaban a destajo en unas fábricas de sueños populares a precios moderados. Debbie Reynolds cobró trescientos dólares a la semana por «Cantando bajo la lluvia». Vivían rodeados de lujos y escándalos y muchos de ellos fueron timados por sus managers o por sus mismos cónyuges, como a la ingenua Debbie, arruinada por su segundo esposo Harry Karl, un compulsivo jugador que dilapidó su fortuna. En el momento más bajo de su carrera, confesó que llegó a vivir en su Cadillac.

Al principio, el público llamaba a Carrie Fisher la hija de Debbie Reynolds, y, al final, Debbie fue la orgullosa madre de la princesa Leia. En la nota de agradecimiento de decía: «Gracias a todos los que habéis disfrutado con el talento y los dones de mi amada y estupenda hija». Firmado: «La madre de Carrie». Sin embargo, durante años Carrie rechazó ser la hija de Debbie Reynolds. En una entrevista con Ophra Winfrey se lamentaba de lo doloroso que es «cuando un hijo no quiere hablar contigo y tú sí quieres. Carrie estuvo diez años sin hablarme. Esos fueron los momentos más difíciles». Para la generación del technicolor fue la chica de al lado. Menuda y sonriente. Capaz de enamorar con su candor y contagiosa alegría a galanes que cantaban y bailaban su alrededor. Inolvidable es el beso a Debbie Reynolds tras el cual Gene Kelly baila y chapotea de alegría bajo la lluvia. Frank Sinatra se enamoraba de ella en «El solterón y el amor» (1955), y en «Los líos de Susana» (1956) lo hizo de verdad Eddie Fisher, con quien se casó. El escándalo de su infidelidad con Liz Taylor supuso un varapalo para el cantante, que languideció ante el reproche mundial.

Pero ella, como «Molly Brown, siempre a flote», resistió con la energía y el entusiasmo que mostraba Kathy Selden, la ingenua aspirante a estrella del cine en «Cantando bajo la lluvia». Su «Good Morning» es un clásico y el filme está considerado como «el mejor musical de todos los tiempos». Para su fans, la imagen moderna de Debbie Reynolds quedó fijada en «Tammy, la muchacha salvaje» (1957), junto a un joven Leslie Nilsen, antes de «Aterriza como puedas» (1980). Debbie tenía veinte tres años y la canción fue un enorme éxito internacional.

Coleccionista única

En la misma línea de una muchacha salvaje, Debbie repitió con gran éxito el papel en «Molly Brown, siempre a flote» (1964), por la que fue nominada al Oscar, y clausuró su personaje bondadoso y jovial con la monja cantante «Dominique» (1966). Una carrera en la que siempre proyectó una imagen virginal, similar a la animosa monja belga Soeur Sourire. Luego todo fueron colaboraciones menores en series B y programas televisivos, excepto su aportación a los juguetes rotos de Hollywood en «¿Qué le pasa a Helen?» (1971), imitación del gran guiñol inaugurado con «¿Qué fue de Baby Jane?» (1962). Tuvo su propio programa televisivo y actuó en Broadway, donde estrenó «Irene» (1973), revival del musical «No, No, Nanette» (1925), en el que se consagró Ruby Keeler. Ha quedado en un segundo plano su faceta de coleccionista de memorabilia de Hollywood. Compró trajes y accesorios a la Metro-Goldwyn-Mayer, estudio en el que trabajó desde sus inicios, y montó su primer museo del cine en Las Vegas, pero tuvo que cerrarlo por motivos económicos. En 2005, ayudado por sus hijos volvió a abrirlo. Se reconcilió con su exenemiga Liz Taylor en 2001 cuando rodaron «Esas chicas fabulosas», con guión de su hija Carrie, junto a Joan Collins y Shirley MacLaine, con la que compitió por el papel de ella misma en «Postales desde el filo» (1990).

Era de las pocas supervivientes de la era dorada del cine. Hoy sólo viven Olivia de Havilland, Leslie Caron, Carroll Baker, Joanne Woodward, Shirley MacLaine, Doris Day y Sophia Loren. Con ella se ha desvanecido la más dulce sonrisa de Hollywood.