Andrés Ruiz Tarazona, 80 años

«Discrepo de sus valoraciones, pero jamás lo haré de una cita o un dato que mencione»

Andrés Ruiz Tarazona, memoria viva de la música
Andrés Ruiz Tarazona, memoria viva de la música

«Discrepo de sus valoraciones, pero jamás lo haré de una cita o un dato que mencione»

He mantenido siempre que están muy bien los homenajes, cuando sean merecidos, y que están aún mejor si se realizan en vida y no como en nuestro país suele ser frecuente, cuando el homenajeado ya no puede disfrutarlos porque no se encuentra entre nosotros.

La pasada semana un grupo de amigos, capitaneado por José Luis Temes, promovió un multitudinario homenaje en LHardy a Andrés Ruiz Tarazona para festejar sus 80 años, esos que cumplió el pasado día 27. Su mujer Fifi, hijos, familiares y muchos amigos compartieron vino y croquetas en un ambiente cargado de cariño y también de emotividad. Hubo palabras, destacando entre otras las de Alberto Ruiz- Gallardón, quien le nombró asesor de Música del Área de Gobierno de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid en 2003 a poco de que abandonase la dirección general del INAEM, cargo que desempeñó poco tiempo a causa de un cambio de gobierno.

Ruiz Tarazona (Madrid, 1936) es licenciado en Derecho, cursó estudios de piano y música con Ángel Martín Pompey, de Historia y Estética del Arte con Federico Sopeña– de él habrá que hablar en breve-, Gaya Nuño y Azcárate. Ha colaborado con críticas musicales en los diarios «El País», «La Hoja del Lunes», «El Mundo», «ABC» o LA RAZÓN, con revistas especializadas como «Scherzo», «Ritmo», «Melómano» u «Ópera» y en Telemadrid dirigió programas musicales. Ha fundado y dirigido publicaciones como «Aria», «Gaceta Real Musical» o la «Revista de Musicología». Ha publicado más de veinte biografías de compositores y ha sido profesor de Historia y Estética de la Música en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Fue responsable del Área de Música de la Sociedad Estatal Quinto Centenario y es miembro honorario de la Academia de las Artes y las Letras de San Dámaso.

Discrepo a veces de sus valoraciones sobre una interpretación musical, pero jamás lo haré de una cita, una fecha o un dato que mencione. Tiene una de las más impresionantes memorias que he conocido. Todo eso, que es mucho, importa poco frente a su humanidad y honestidad. Andrés es, ante todo, una gran persona. Cuando uno es así, goza de muchas satisfacciones y también incurre en grandes riesgos. No lo ha pasado bien Andrés en estos últimos años. No ya por esa crisis que nos ha afectado a todos, sino por su generosidad al avalar a uno de sus hijos en un emprendimiento musical que no dio los resultados esperados, sino pérdidas. Es muy duro encontrarte en el último periodo de tu vida laboral ante la necesidad de vender bienes para responder a avales. También ante esta difícil situación, ya prácticamente superada pero no sin dolor, ha mantenido un comportamiento digno de admirar.

En fin, ¡feliz aniversario!, que vengan muchos más años, tranquilos y armoniosos.