Bodas de oro

La Asociación de Amigos de la Ópera madrileña nunca pudo contratar sus propias temporadas como la bilbaína o la ovetense, pero entre 1964 y 1983 colaboró con el Ministerio de Información y Turismo en la organización de los Festivales de Ópera del Teatro de la Zarzuela. No toda la travesía de estos cincuenta años ha sido fácil. Por la década de los 80 surgieron los típicos problemas en los que se enzarzan los advenedizos que llegan a cargos administrativos sin base para ello, pero llenos de ansias por cambiar todo y dejar su impronta. La Asociación perdió abonados y la taquilla del teatro se resintió. La apertura del Teatro Real pudo dar nuevo impulso a la Asociación; sin embargo, una vez más, se quiso partir de cero en vez de contar con lo existente. Elena Salgado persiguió, sin acabar de conseguirlo porque no le dio tiempo, crear una asociación propia de amigos del Teatro Real al margen de la Asociación. La llegada de Juan Cambreleng, entonces presidente de la misma, a la dirección del Real paralizó el proceso y propuso nuevos objetivos. Unos funcionaron muy bien, porque tenían su lógica. Así, poco a poco, la Asociación se fue encargando de las visitas guiadas a través de voluntariado, de interesantísimos ciclos de conferencias en torno a los títulos programados en las temporadas, publicaciones, recitales de noveles, proyecciones, mesas redondas, programas de becas, etc. Otras ideas no cuajaron porque carecían de sentido. Así la pretensión de que toda la captación de patrocinio para el Real se gestionase a través de la Asociación. Ahora parece existir en los responsables del Teatro Real la idea de prescindir de los Amigos de la Ópera madrileños. No se trata de las restricciones a los abonos, sino de algo más profundo y amplio que se vislumbra con lógica preocupación en la Asociación. Es ley de vida que las organizaciones han de transformarse para acoplarse a tiempos y los Amigos de la Ópera de Madrid han de evolucionar y encontrar nuevos sentidos a sus múltiples labores. Y esto es algo que no deben ni pueden hacer solos, sino coordinándose con las demás instituciones que participan en la gestión de actividades líricas en la capital. Todas deberían estar por ello, porque es más fácil triunfar uniendo que separando, pero siempre hay quien se empeña en nadar contracorriente y querer ser el protagonista principal. He aquí el reto para dar continuidad a estas Bodas de Oro.