El público resucita San Diego

Hace unos meses saltaba la noticia del cierre de la temporada de la Ópera de San Diego. No sorprendía, porque era una noticia más dentro de la crisis que ha traído malos tiempos para la lírica. Lo sorprendente es lo que ha venido después y que supone toda una lección de futuro y quizá de vuelta a tiempos pasados. Decía Verdi: «Demos un paso atrás, que será un paso adelante». Algo así nos ha enseñado San Diego.

La Ópera fue fundada en 1965 por Walter Herbert, quien permaneció a su frente hasta su fallecimiento en 1975, siendo sucedido por el conocido Tito Capobianco hasta ser relevado en 1983 por Ian Cambell, quien contrató como adjunta a su esposa. Pavarotti, Domingo, Furlanetto, Fleming, Vaness, etc., habían participado en sus temporadas. Incluso había estrenado «The Conquistador», de Myron Fink, y «La Loca», de Menotti, con Beverly Sills, quien se despidió allí de la escena con un «Murcielago» junto a Joan Sutherland. Pero la ópera se quedó sin fondos y su junta votó el pasado marzo clausurar la temporada en abril y suspender la próxima. El presidente de la junta tuvo que dimitir y el director artístico y su esposa fueron despedidos. El cierre de la institución cultural más importante de la ciudad suponía dejar sin trabajo a muchas personas, así como importantes pérdidas turísticas. El fiscal general ha emprendido una investigación para saber si existió malversación de fondos. El público no lo aceptó y constituyó, a través de internet, una plataforma para captar el dinero que permitiera mantener a flote la actividad. En menos de un mes se habían logrado recaudar más de dos millones de euros vía «crowd-funding», a los que se añadieron otros dos millones de grandes patrocinadores dispuestos a arrimar el hombro tras ver la reacción de los aficionados. Tan rápido ha sucedido todo que incluso se ha anunciado que se mantendrían los títulos previstos para la próxima temporada: «Boheme», «Don Giovanni» y «Nixon in China», siendo descartado «Tannhäuser» por sus elevados costes. Finalmente se contará con un presupuesto artístico de diecisiete millones y se lograrán celebrar las bodas de oro del teatro. Naturalmente, este proceso de recaudación ha ido acompañado de una profunda revisión de los costes de producción y gestión, siendo contratado como asesor William Mason, ex director general de la Ópera de Chicago, que vuelve a la actividad a sus 72 años, pero cuya experiencia se ha considerado fundamental.

El caso es que la salvación de la ópera ha tenido que llegar de la iniciativa de los propios aficionados, esa especie de «amigos de la ópera» que en nuestro país parecen querer ser desterrados. Quizá lo acaecido en San Diego merezca una reflexión.