Flórez, un gran tenor ante un dilema

Crítica de ópera / Temporada del Liceo. «Lucia di Lammermoor», de Donizetti. Dirección escénica: D.Michieletto. Dirección musical: M. Armiliato. Voces: M.Caria, E.Mosuc, J.D.Flórez, A.Casals, S.Orfila, S.Fernández, J.Rodriguez-Norton. Orquesta y Coro del Gran Teatro del Liceo. Teatro del Liceo. Barcelona. 4-XII-2015

Juan Diego Flórezy Elena Mosuc
Juan Diego Flórezy Elena Mosuc

En «Lucia di Lammermoor» suele ser protagonista la soprano, pero no en ocasiones como la presente. De entrada, conviene no olvidar que ella muere y al tenor aún le queda una amplia y comprometida escena junto al bajo y al coro. Además, esta vez, suponía el debut como Edagardo de Juan Diego Flórez, posiblemente el tenor más exquisito del presente. Cuando el tenor rossiniano por excelencia debutó en España, entonces aún casi desconocido, le dediqué una página entera en el periódico nacional donde entonces escribía alabando sus cualidades y pronosticando que sería una figura de referencia. No me equivoqué y mi admiración por sus virtudes sigue intacta. Sin embargo, Edgardo no es su papel, como no lo fueron los de «Puritani», «Rigoletto» o «Favorita». Otra cosa es que lo pueda cantar en un teatro pequeño con un director de orquesta que le mime o que una futura grabación discográfica pueda ser espectacular. Su primer dúo con la soprano resultó antológico por su pureza belcantista, echó abajo el teatro con motivos en el «Tombe degli avi miei» por su fraseo impoluto y la belleza de la voz y demostró cómo se puede alcanzar bien al problemático «Tu che a Dio», escrito en el paso de la voz y a donde muchos tenores llegan sin resuello. Las tres escenas, admirables, pero frente a ellas un complicado acto II desde el célebre sexteto hasta el final del cuadro. A Flórez da gusto oirle... cuando se le oye, y en ese concertante final era imposible distinguirle. El «Maledetto sia l’instante» presenta una centralidad excesiva para la voz de Flórez, por más que ésta haya crecido en volumen. Entiendo el dilema del tenor, condenado a competir en desventaja consigo mismo en Rossini cada año que pasa, aburriéndose ya con ese repertorio y deseoso de probar caminos nuevos en los que, sin embargo, hoy por hoy, no sólo no puede brillar al mismo nivel, sino que llegarán a serle contraproducentes. Difícil papeleta que ojalá se resuelva bien.

Apenas queda espacio para dedicar al resto, pero tampoco hay mucho que destacar. Fallida dirección escénica, tipo lowcost, y un Marco Armiliato tedioso en el foso, con desajustes notables en coro y orquesta al inicio y poco atento con quien debió cuidar más. Una cosa es tener las notas y otra hacer música con ellas y que se transmitan emociones a través de las palabras, lo que se pudo comprobar escuchando a Elena Mosuc, una Lucia correcta pero distante. El barítono Marco Caria probablemente se mueva mejor en el verismo y, eso sí, Simón Orfila demostró una muy positiva evolución vocal en su tesitura de bajo, si bien le convendría no forzar tanto el volumen porque no lo necesita.

El público se entusiasmó con el tenor, la soprano y el bajo. Flórez triunfó en este debut pero, inteligente como es, le quedará un sabor agridulce.