Música y política

La Razón
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Hoy es día de reflexión, por lo que les propongo unos pensamientos que les ayuden en su decisión de mañana y no sólo para mañana sino para todos los días. La política ha invadido las áreas culturales hasta llegar a asfixiar sus entrañas. Son muchas las cuestiones pendientes y las actuaciones que merecen una consideración.

La crisis que vivimos ha hecho aflorar algunos de los grandes errores del pasado. Uno de ellos fue el sobredimensionamiento de espacios culturales en un afán por apuntarse las medallas de los fastos de inauguraciones sin pensar en sus futuros contenidos y en la financiación que precisarían posteriormente. Son innumerables los auditorios infrautilizados o aquellos cuyo diseño no se corresponde con las necesidades de su ubicación. Afortunadamente otros complejos se pudieron parar a tiempo.

Han pasado en parte los tiempos de costosísimas contrataciones con las que los políticos de turno presumían. ¿Cuánto se llegó a pagar por una actuación de Pavarotti? Sin embargo, no se crean que es cosa del pasado porque sigue pesando la justificación: «Será caro, pero si luego resulta un fracaso, el responsable es el artista, que no ha estado a la altura. Si es un triunfo, será mi éxito porque yo lo he traído».

Sin embargo no crean que es cosa del pasado. Hay partidos que han cambiado radicalmente de enfoque: no quieren grandes acontecimientos sino innumerables pequeños en incontables espacios minúsculos. El nivel se resiente, no les importa la calidad sino la cantidad. Y lo pagado de más a artistas que no se lo merecen, pero son amigos, se ha multiplicado. Muchos pocos hacen un gran todo. En el último año han cundido los titulares dedicados a este fenómeno.

Hay partidos para quienes educación y cultura vienen a ser utilizadas como la dictadura utilizó a los coros y danzas de la sección femenina. Opio para la gente, no ansias de elevar su nivel cultural, porque entonces no obtendrían su voto. No se trata ya de una táctica de catequización, que también, sino de embrutecimiento cultural. Visiten espectáculos en barrios de grandes capitales.

Algunos espectáculos culturales, como los conciertos de música clásica o la ópera, son considerados elitistas y por tanto no hay que subvencionarlos. Tenemos ahora mismo un ejemplo en el noroeste español. Existen administraciones que están destruyendo proyectos que ha costado mucho esfuerzo consolidar, sin tener en cuenta que levantarlos tras dejarlos caer es aún más difícil que crearlos desde cero.

La ley del mecenazgo, tan necesaria, parece haber pasado a la historia. No es que no hayan avanzado en su desarrollo quienes la propusieron, sino que ya no aparece en los programas políticos. Eso sí, lo fácil, el IVA cultural, sí. Reflexionen un momento sobre todas estas cuestiones, miren a su alrededor y tomen una decisión.