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Crítica de clásica / Temporada del CNDM

Lieder de Schumann. Soprano: Miah Persson. Barítono: Florian Boesch. Piano: Malcolm Martineau. XXII Ciclo de Lied del CNDM. Teatro de la Zarzuela, Madrid. 2-XI-2015.

  • Florian Boesch es un barítono de gran timbre
    Florian Boesch es un barítono de gran timbre

Tiempo de lectura 2 min.

10 de noviembre de 2015. 00:56h

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10/11/2015

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Pocos compositores de lieder tan conectados a la buena poesía, de cuya cadencia, forma y contenido, supieron extraer como pocos expresiones, sentimientos, emociones y acabados estudios psicológicos, como Schumann. Algo en lo que profundiza y sobre lo que reflexiona muy bien en sus excelentes notas al programa de este concierto Isabel García Adánez, asimismo experta traductora de la mayoría de los textos.

La sueca Miah Persson, gentil figura, viveza expresiva, blonda cabellera, es una soprano lírica de no mucho tonelaje, muy clara, de emisión franca, de agudos algo abiertos y levemente forzados, al menos a partir del sol, y graves poco consistentes. Pero como tiene timbre y soleado colorido, sin ser una maestra en el claroscuro, supo dotar de contenido a todo lo que cantó, tanto en su vertiente más lírica o soñadora –«Seit ich ihn gesehen» o «Helft mir» de «Amor y vida de mujer», «Mondnacht»–, como en la más oscura –«Nun hast dum ir» del citado ciclo, «Gebet!»–, y dio muestras, dentro de sus limitaciones, de inteligencia.

El barítono austriaco Florian Boesch es lírico, de grato timbre, de variado color, a veces en exceso en virtud de la aplicación de una técnica de emisión un tanto vacilante y no siempre canónica. Anda bien de graves y el centro es bueno, si bien flaquea en un agudo que resulta endeble, abierto o demasiado delgado. No mantiene una línea de canto coherente, con altibajos y pérdidas de apoyo. Pero tiene la clase de la estela familiar: su abuela fue la soprano ligera-ligera Ruthilde Boesch –maestra de Gruberova y Cantarero– y su padre, el barítono Christian Boesch. Florian sabe en todo caso emocionarse y emocionar. Lo hizo en los lieder de «Wilhelm Meister» o en «Herzeleid», por citar un par de ejemplos. Y es gracioso cuando hace falta («Aufträge»); o hábil narrador («Belsatzar»).

Martineau, en gran forma, demostró de nuevo que es uno e los mejores colaboradores desde el piano, tanto en las canciones a solo, como en las dos a dúo («Herbstlied» y «Liebesgram»). Dos bises, el segundo, el conocido «Widmung» (de «Myrthen»), lo cantó muy bien Persson.

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