Nueva York

Pasión y fogosidad

Crítica de clásica: Ciclo La Filarmónica. Obras de Tschaikovsky y Berlioz. Arcadi Volodos, piano. Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca. Rafael Frühbeck de Burgos, director. Auditorio Nacional. Madrid, 30-I-2014.

La Razón
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La Filarmónica, que presenta en Madrid un ciclo breve pero intenso, ha querido unirse a los homenajes a Rafael Frühbeck de Burgos con motivo de los 80 años cumplidos el pasado septiembre con un concierto del maestro con la orquesta de la que es titular desde 2012, la Sinfónica Nacional de Dinamarca, y un solista de tanto peso como Arcadi Volodos. Se le entregó una medalla conmemorativa en un acto presidido por la Reina, que acudía con su hermana, la princesa Irene, en el día de la onomástica de Don Felipe. En el programa de mano del evento se incluían bellísimas palabras, llenas de cariño, de los responsables del Mariinsky de San Petersburgo, de la Sinfónica de Viena, del Palau de la Música valenciano, de la Deutsche Oper berlinesa, de nuestra Orquesta Nacional, de la Sinfónica de Boston y unas muy especiales de la Filarmónica de Nueva York, que ofrecen una muestra de la estela del más internacional de nuestros directores que haya existido nunca. La Sinfónica Nacional de Dinamarca, que se encuadra dentro de las buenas agrupaciones europeas de segunda fila, respondió con gran solvencia a la dirección de Frühbeck en una obra que han de tener bien ensayada como es la «Sinfonía Fantástica» de Berlioz. Estamos ante una partitura muy incómoda de escuchar si no se dirige con criterio y con un conjunto en el que tutti y solistas reúnan nivel. Ambas cosas se dieron en esta ocasión y especialmente en los dos últimos movimientos, los que más cuadran con el estilo del maestro. Las interminables ovaciones obligaron a una propina tan nuestra como es la «Carmen» de Bizet. En la primera parte se escuchó una versión del «Concierto para piano n.1» de Tschaikovsky, que podríamos calificar de «alla'anti-ca». Realmente sólo así es posible interpretar partituras como ésta, poniendo toda la pasión y fogosidad en ella. Ello provocó algún que otro desajuste en la orquesta, pero fueron compensados sobradamente por el enorme poderío de un Arcadi Volodos, al que parecía quedársele pequeño el piano.