Reafirmación de «Don Carlo»

Crítica de ópera / Auditorio de El escorial. De Giuseppe Verdi. Voces: M. Giordano, E. Metlova, C. Colombara, J. J. Rodríguez, N. Krasteva, E. Halfvarson, F. Latorre, R. Martínez, A. Toledano, G. López. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.Dirección de escena: Albert Boadella. Dirección musical: M. Coves. Teatro-Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. 28-VII-2016.

Boadella ha mantenido la escena que ya se vio el año pasado en San Lorenzo de El Escorial
Boadella ha mantenido la escena que ya se vio el año pasado en San Lorenzo de El Escorial

A pocas producciones se les saca tanto jugo como a la presente, ya en su tercera presentación en un mismo año. Se estrenó el pasado verano en El Escorial con un reparto variado, más tarde en los Teatros del Canal con un segundo íntegramente hispano y vuelve ahora a donde nació con un tercer reparto a teatro casi lleno. Boadella apenas introduce cambios respecto a su visión inicial, quizá solamente difumine la especial inclinación de Rodrigo por Carlos. Estamos en una versión matizada de la de Milán de 1884, con un amplio corte en el auto de fe, el añadido del «Lacrimosa» tras la muerte de Posa y un final menos en punta. Pocos elementos escénicos, mucho vistoso vestuario, una elegancia indiscutible y una lectura un tanto personal. Verdi escribió a su editor Ricordi «Todo en mi ‘‘Don Carlo’’ es falso». Boadella no destruye la leyenda negra sino que intenta matizarla y el final de la obra es clave tanto en sus deseos como en las dificultades que encuentra. «Yo quiero un doble sacrificio» exige Felipe II y contra este texto poco puede hacerse.

La orquesta y el coro –con más barítonos que bajos– se saben la obra y Manuel Coves logra una dirección vibrante en algunos momentos y siempre eficaz. El reparto tiene nivel. Don Carlo es el italiano Massimo Giordano, poseedor de una voz atractiva y las notas precisas, pero también de un ansia desaforada e innecesaria por «apretar». Justo lo contrario hace Ekaterina Metlova como Isabel, contenida y elegante en un canto de auténtica clase. Carlo Colombara muestra como Felipe II su poderosa voz, los grandes dones de dicción y fraseo y disimula que el registro alto no es ya lo que fue. Nadia Krateva es una Éboli sólida, capaz de llevarse el gato al agua tras su «O don fatale». Otro tanto logra Juan Jesús Rodríguez en la escena de la prisión, bien cantada y matizada, algo tenoril en la parte alta, sin acudir a los excesos de otras ocasiones. Pocos inquisidores más adecuados, por gravedad y contundencia, que Eric Halfvarson y el también bajo Fernando Latorre mantiene el buen nivel como el Frate. Partitura para siete importantes cantantes, coros y orquesta, que volvió a cosechar el éxito en el lugar que tanto se le resistió. Escuché comentar que este «Don Carlo» es un lujo para El Escorial. No estoy de acuerdo, pues las instalaciones merecerían al menos cuatro títulos anuales del mismo nivel. Quizá algún día la Comunidad de Madrid sea capaz de retomar la idea con la que Alberto Ruiz Gallardón proyectó el teatro.