Música
Sabina dice adiós: una lengua cervantina en la noche infinita
El de Úbeda se despide (de las grandes arenas) esta noche en Madrid: una novela gráfica reconstruye su vida
Han sido nada menos que 56 conciertos en grandes estadios de 12 países para decir «hola y adiós». Joaquín Sabina se despide esta noche, en Madrid, su casa, de los grandes escenarios. Lo hace después de un tour colosal que ha colocado al gigante de la canción en el filo de su resistencia vocal y física, tras 76 años de cien vidas: «Muchos pensamos que era una locura, pero yo le he visto tres veces esta gira y ha aguantado el tipo como los viejos bluesman, con esa voz de cascajo que ya es licor puro. Lo ha logrado por pundonor», dice Kike Babas, biógrafo del cantautor y autor de la novela gráfica que, sobre su vida, acaba de aparecer: «Joaquín Sabina. Pasión y vida» (Bao Bilbao): «Sabina le ha puesto música y voz al amor y al desamor, a la vida a lo bestia. Con toda su crudeza y su crueldad, también con belleza. De una manera que podemos abrazar todos».
La vida de Sabina es la de nuestro país. «Hombre, lanzar un cóctel molotov a una sucursal bancaria, que hay que tener muchos arrestos o muy poca conciencia, y tenerte que exiliar a Londres... eso ya está contando mucho de dónde venimos –dice el biógrafo–. Fue un suceso clave, porque se autoexilia en Londres y, amigo, si sales del gris y ves lo que está haciendo Lou Reed o David Bowie, cuando regresas, Madrid ya no te parece tan impresionante, ya no te come. Eres tú quien domina a la ciudad. Por eso él, cuando se integra con Javier Krahe y compañía, ya no es un cantautor al uso. La manera en que Joaquín le canta a la ciudad y a la urbanidad está más cerca del rock, pero con el idioma cervantino. Le coge un pulso a la ciudad, a la noche y a los delincuentes. Su historia es la de un joven en las postrimerías del franquismo que quería aspirar a otras cosas». Pero primero aprendió de Javier Krahe. «Le guarda un respeto abrumador y un gran reconocimiento porque es un hombre brillante. Con él encuentra un lugar donde empezar, pero muy pronto, ya en ‘‘Ruleta rusa’’, busca su propio camino. Se quita la barba y busca la modernidad. También el éxito, que es algo que Krahe rehuía absolutamente», dice Kike Turrón, coautor de la novela gráfica y, junto a su tocayo, de las biografías de Leño, Fito Cabrales, Los Rodríguez, Rosendo y El Gran Wyoming, entre otros.
Son los años de la noche interminable, el Madrid de los 80, el tema recurrente de la biografía de Sabina. «Este no es un libro amarillista. Sin embargo, como somos rigurosos, la noche, las sustancias y los bares de luces rojas deben aparecer porque él mismo ha cantado en sus canciones, lo ha reivindicado en entrevistas y no lo ha escondido en absoluto. Su leyenda de noctámbulo está justificada, estuvo militando radicalmente en la noche treinta años. Ha sido su pose y su personaje y lo asumió cuando tuvo que moderarse», apunta Kike Turrón, a lo que su compañero añade: «Nadie se acordará dentro de cien años si el tipo era más o menos vicioso, si visitaba lupanares o si tenía una biblioteca enorme. Quedarán ‘‘Por el bulevar de los sueños rotos’’, ‘‘Pongamos que hablo de Madrid’’, ‘‘Pacto entre caballeros’’, ‘‘Princesa’’ y muchas otras. Para mí, si hubiera sido un señor que nunca salió de su casa y que sólo leía libros, pasaría a la historia igual porque sus canciones son impresionantes».
«No molesten»
En el volumen, la ilustración permite juegos: convertir al propio Sabina en un poema de Jaime Gil de Biedma, dar vida a Juana la Loca, personaje creado por el de Úbeda y entrevistarla para conocer sus opiniones. Ilustrar el origen de canciones como «Medias negras» o «Princesa», viajar a Latinoamérica buscando a Chavela y encontrarse con Jimena Coronado, su mujer y también representante. El contenido del libro estaba autorizado por Sabina, pero puso una condición. «No me molesten». «Nos dijo, por boca de Jimena, que ya todo de su vida estaba bien contado y que confiaba en nosotros, pero que estaba de gira y en ese momento, él ni habla durante días para proteger la voz. No pidió ver nada, pero le enviamos el resultado y nos dijo en una nota de voz: ‘‘algunas cosas se cuentan mejor de lo que yo recordaba entre las sombras’’», ríe Kike Babas, receptor del mensaje. Sobre Sabina se ha escrito tanto –«17 libros hemos consultado nosotros»– que la misión era complicada: «queríamos poder mirar a los ojos a cualquier otra biografía del los ilustres sabineros».
De Sabina y su verso se ha dicho casi de todo, pero pocas veces se habla de su participación en la música de las canciones. «Yo creo que él ha sido muy responsable. Es verdad que a veces ponía la historia, digamos el texto en palo duro, y otro músico le hacía la música, pero tantas otras veces no, muchísimas otras veces no. Porque el origen, la guitarrita esa que te haces a solas en casa, en el sofá de tu casa, esa es de Joaquín. Y, en mi opinión, ahí está la canción que cantamos, en esa melodía, la de la voz. Es lo que cantas cuando vas en el coche o en la ducha. Ahí está la magia de la música ¿Un «te quiero» es una gran letra? Lo es, o no, depende de la melodía que le pongas. Decir te quiero puede ser la cosa más grande o un infierno y una horterada, depende de cómo lo digas y la melodía que le pongas».
En la hora de la retirada quizá lleguen los merecidos reconocimientos. «Imagino que van a caer, porque es de cajón –dice Kike Babas–. No sé si será un Princesa de Asturias o un Cervantes, que tampoco me parece descabellado. Creo que sería sano también, porque demostraría ese respeto que tienen los anglosajones por su cultura popular. Ellos hacen esas investigaciones sesudas sobre Bob Dylan, ¿qué hay en España sobre esto? ¿qué respeto, qué amor se le tiene a nuestra cultura popular? Creo que sería una manera de decir que las letras de la música pueden ser literatura. Y algunas de las letras de Joaquín están a la altura de los grandes escritores de nuestra historia». El domingo, confían ambos, no será la última palabra de Sabina: «No creo que nos prive de hacer más canciones, de escribir más libros de poemas. Sospecho que no hará como Rosendo, que desaparece para siempre». opina Kike Turrón. «Algo me dice que por ahí tiene alguna canción para sacar, que algo va a publicar. Va a seguir creando porque es una especie de razón de ser», dice su compañero. Y qué forma única de serlo.