Triángulo de amor bizarro, romper una canción

Los gallegos estrenarán temas de su próximo disco y enterrarán otros que dejarán de tocar durante una temporada.

Cada año resultan elegidos entre lo mejor por la crítica. Tanto por sus álbumes como por los directos. Triángulo de Amor Bizarro son los consentidos de la escena española porque no hacen nunca una concesión de cara a la galería. Están a punto de publicar «Salve Discordia» (Mushroom Pillow), el que será el cuarto disco de su carrera, que verá la luz a finales de enero. La semana próxima actúan en Madrid en un momento bisagra de su carrera, en el que presentarán algunos temas nuevos y también dejarán de tocar algunas canciones «durante bastante tiempo», advierten. «Son temas que llevamos diez años seguidos metiendo en el repertorio y es normal que ya estemos cansados de ellos», explica Rodrigo Caamaño.

Llegar al límite

El nuevo trabajo ha sido fruto del mismo impredecible proceso creativo del grupo. «Sería increíble si pudiéramos organizarnos de otra manera, pero seguimos funcionando igual. Nos metemos a ensayar un día tras otro y lo grabamos todo. Así que tenemos horas y horas de material grabado de las que vamos sacando ideas. Aprovechamos cosas detalles o ideas de manera que se convierte en un proceso bastante agotador», explica. «Tanto fuie así que nos metemos a grabar el disco cuando ya no tenemos más ideas y estamos literalmente agotados». Esta idea de ir al límite está presente en el sonido de Triángulo de Amor Bizarro desde el principio. «Cogemos una canción con su melodía y su estructura pop que nosotros mismos hemos hecho. Y entonces la retorcemos, la destruimos y la enterramos para que apenas se reconozca. Pero en el fondo está. Nunca partimos de un desarrollo etéreo o de un sonido ambiental. Partimos del pop», explica el músico. Para este trabajo, el punto de partida sonoro está más apoyado en la batería, en el ritmo repetitivo de un «loop». «Buscábamos una base simple sin importarnos tanto los acordes. Y de hecho alguna de las canciones tiene un ritmo más lento de lo que hayamos hecho nunca. Por supuesto que a nosotros nos gusta tocar a toda velocidad, al máximo que podamos y hay algunos temas de ese estilo. Pero en cierta manera no estamos cómodos en los medios tiempos, que es donde se mueve el 90 por ciento del pop. No nos da las sensaciones que nos gustan», explica el músico gallego. El rock de Triángulo de Amor Bizarro huye de los grises pero tiene dos voces: «Separamos las canciones en función de la melodía. Si tiene que brillar, canta Isa. Si es a cara de perro, yo».

En los títulos de los temas hay varias referencias a civilizaciones perdidas, como «Desmadre estigio» o «Baila sumeria», pero no a nuestro inminente apocalipsis. «Dedico bastante tiempo a leer libros de historia y cualquier entrada de wikipedia de temas antiguos. Y una página me va llevando a la siguiente y así me puedo pasar horas leyendo. Leo sobre fenómenos paranormales, sobre arqueología seria e incluso libros de ocultismo de los 70, unos que escribían profesores fingiendo ser académicos y que luego resultaban ser una gran broma. Los dos últimos años he estado muy metido en eso. Pero en este caso, para el disco, funcionaba como un punto de partida estético que englobase todo», cuenta el compositor, que ya en el anterior álbum, «Victoria mística», tomó de punto de partida la revolución industrial y el siglo XIX. «No es un concepto, es algo en lo que apoyarte para arrancar. Por ejemplo, también metimos algo de la tradición del satanismo marinero que circula por Galicia. Hay mucho de cultura marina en nuestras vidas y también funcionó como otro punto de partida. Hemos escrito letras a partir de estructuras similares a las antiguas canciones populares. Sirve para llegar a algún lado. Una vez has arrancado el disco, ya lo puedes lanzar». En cambio, por el título del disco es inevitable pensar en el colapso de un imperio. «También existen referencias a eso. Los imperios caídos están ahí y eso puede volver a pasar. Hay una noción de pensar que el presente será eterno. Pero torres más altas cayeron», advierte. «De todas formas el título alude más a ese territorio del ruido y el error. Es un saludo a todo ese misterio que no se puede cuantificar. Nuestra esencia está muy lejos de la ciencia».