Un «Romeo y Julieta» desconocido

La Razón
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«Giulietta e Romeo», de Zingarelli. Franco Fagioli, Ann Hallenberg, Bogdan Mihai, Xavier Sabata, Irini Karaianni, Juan Sancho. Chor Armonia Atenea. Armonia Atenea. Director: George Petrou. Haus für Mozart. Salzburgo (Austria). 14-V-2016

Cecilia Bartoli se propuso este año para el festival que dirige darnos un buen baño en el drama de Romeo y Julieta, con «West Side Story» de Berstein, el ballet de Prokofiev y el concierto de Flórez con páginas ad hoc. También resucitando una partitura que permanece olvidada desde 1820, aunque en su día gozó de gran popularidad. Hoy ni siquiera la mayoría ha oído hablar de su compositor, Nicola Antonio Zingarelli (1752-1837) y, sin embargo, fue uno de los últimos representantes de la escuela napolitana y maestro de Bellini y Donizetti. Vivió muchos años para la época y su fama solo fue eclipsada con la llegada de Rossini, tildándosele de «anticuado». Su «Giulietta e Romeo», en tres actos con un mediocre libreto de Giuseppe María Porpora en libre adaptación del drama shakesperiano, se estrenó en la Scala en 1796 y se repuso con frecuencia, si bien con alteraciones sustanciales como la de la escena final. El festival ha trabajado sobre las transcripciones existentes con base a dicho estreno para ofrecerla con la mayor fidelidad posible. Sobre el escenario, en versión de concierto, una orquesta de menos de treinta atriles, un coro de una docena de cantores y sólo seis solistas, además de la pareja protagonista, el padre, la confidente de ella, Tebaldo y un amigo de Romeo. No hay más, por lo que el texto difiere bastante del de Shakespeare. Curiosa la asignación vocal: mezzos Julieta y su confidente, contratenores Romeo y su amigo y tenores el padre y Tebaldo. Concertó en estilo George Petrou al coro y orquesta Armonia Athenea y el reparto salzburgués superó todas las expectativas. Xavier Sabata y Juan Sancho, contratenor y tenor con formación catalana, pudieron saborear el merecido éxito junto a la victoria del Barcelona en la liga. Bogdan Mihai cumplió como padre de Julieta a falta de mayor convicción en el papel e impecables las mezzos Ann Hallenberg e Irini Karaianni. Sin embargo la sorpresa de la noche resultó Franco Fagioli, que se confirmó como uno de los mejores contratenores existentes. Absolutamente admirable en una parte que es un auténtico tour de force, con un impactante y bellísimo final. La voz es mucho más agradable que la de la mayoría de los de su cuerda, con un timbre casi de contralto, sólidos e infrecuentes graves y enorme facilidad en las coloraturas. Su aria final paró el concierto varios minutos. Un artista del máximo interés.

Con artistas como los citados merece la pena desempolvar obras que, como ésta, tienen contenido.