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"Nekrassov": Sartre a ritmo de vodevil

  • "Nekrassov"
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Tiempo de lectura 4 min.

28 de enero de 2019. 02:51h

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Raúl Losánez.  28/1/2019

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Autor: Jean-Paul Sartre. Director: Dan Jemmett. Intérpretes: José Luis Alcobendas, Ernesto Arias, Miguel Cubero.... Teatro de La Abadía, Madrid. Hasta el 24 de febrero.

Espléndido montaje a partir de la única comedia que dejó escrita Jean-Paul Sartre. Estrenada en plena Guerra Fría, la obra se construye como una crítica a la corrupción moral de la burguesía y a su maquinaria de propaganda, presta a emitir lo que en el texto denominan «mentiras de interés público» para demonizar cualquier otra forma de pensamiento –en este caso el comunismo– que pusiese en peligro el statu quo adquirido. Si ya resulta suficientemente llamativo que el filósofo francés decidiese echar mano del humor para exponer aquí sus preocupaciones intelectuales, más sorprendente aún es que ese humor esté expresado en la pieza bajo el molde estructural del vodevil y en el caricaturesco código de la farsa. Y lo cierto es que la obra, poco conocida y representada en nuestro país, conjuga de manera magistral la hondura del pensamiento del padre del existencialismo con una desatada mordacidad y con el más puro y espontáneo cachondeo –muy bien potenciado por Jemmett–. Ya la formidable primera escena, en la que el protagonista es salvado de la muerte cuando intenta suicidarse, expone con inteligentísima y palmaria ironía, en esta versión de Brenda Escobedo, la irresoluble tensión entre tres fuerzas que condicionan la existencia del ser humano: su instinto de supervivencia, asociado al determinismo biológico; la libertad individual extrema, que podría permitir a la razón, por medio de la voluntad, atentar contra ese instinto; y, por último, la responsabilidad social, que conecta al hombre con sus semejantes y que le hace estar supeditado a ellos por los vínculos que ha establecido dentro de una comunidad de la que no es posible aislarse. Si todo esto, como digo, logra condensarse dentro de una escena que uno ve sin dejar de reírse, es que estamos, sin duda, ante una auténtica joya. Es verdad que Sartre estrenó esta obra en 1955 –antes de su desafección con el régimen soviético– y que, por ello, vista desde nuestros días, podría resultar tendenciosa y anticuada, pero Escobedo y Jemmett han sabido muy bien universalizar el meollo de la sátira para hablar, más allá de regímenes y contextos políticos concretos, de las vilezas del ser humano en sus luchas de poder y del escepticismo vital que brota de cualquier intelecto despierto que haya podido contemplarlas. Pero nada llegaría a calar de verdad en el espectador si el director, en su original y divertidísima concepción escénica, no hubiese contado con un maravilloso elenco, ya muy curtido en La Abadía, en el que todos se pliegan con gracia y soltura al delirante juego que propone. En él, destacan José Luis Alcobendas, David Luque, Miguel Cubero y Ernesto Arias, este último convertido en una suerte de memorable Cary Grant a la española en su papel protagonista.

LO MEJOR

La inteligencia dialéctica que Jean-Paul Sartre presta a su protagonista

LO PEOR

El montaje sería perfecto metiendo un poquito de tijera en algunas escenas

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