Pablo Heras-Casado: «Con la música clásica hay que dejarse llevar, como con el vino»

Acaba de publicar «A prueba de orquesta» (Espasa), un libro para acercar este tipo de música a todos los públicos.

Acaba de publicar «A prueba de orquesta» (Espasa), un libro para acercar este tipo de música a todos los públicos.

Pablo Heras-Casado ha escrito un libro que suena. Él, que ha dirigido algunas de las mejores orquestas –como las sinfónicas de Chicago y San Francisco, Los Angeles Philharmonic, New York Philharmonic, Boston Symphony Orchestra...–, quiere acercar la música clásica a todos los públicos. Y lo hace con «A prueba de orquesta», una particular partitura donde intercala píldoras de su vida con sus conciertos más célebres. En el texto desmonta falsos mitos alrededor de un mundo desconocido y erróneamente percibido. Porque no hace falta entender de música clásica para disfrutarla. Porque simplemente hay que dejarse llevar, explorando sensaciones, emociones y aspiraciones, y derribando las fronteras de nuestra imaginación. Porque es necesario eliminar todo tipo de corsés y prejuicios. Porque son esos sonidos los que silencian el ruido que nos perturba la reflexión sobre nosotros mismos para interpretar de forma abierta la vida.

–¿«A prueba de orquesta» sirve para democratizar la música clásica?

–No hace falta que nadie la democratice, porque es un producto de la sociedad de cada época que está en nuestro ADN. La música, como el arte en general, es un reflejo de quiénes somos y de cuáles son nuestras preocupaciones, anhelos... Yo quiero hacerla accesible, restarle distancia y quitar el miedo de acercarse a ella.

–¿Por qué se comprende tan poco la música clásica?

–Ahí está el error. No hace falta entenderla para disfrutarla. Lo mismo pasa con el arte, en general, o con el vino. Simplemente hay que dejarse llevar y explorar las propias sensaciones. Para leer, por ejemplo, a veces hay que tener una preparación, puesto que hay literatura que no es para todos los públicos. Pero el lenguaje de la música es abstracto. No es necesario comprenderlo para admirarla, al igual que ocurre con Las meninas o «El Guernica».

–¿Qué aporta al ser humano?

–Oportunidades para reflexionar sobre uno mismo. También tiene un factor sensorial, ya que produce placer estético.

–¿Para qué es usted director de orquesta?

–Para tratar de transmitir estas ideas de la mejor manera al público más extenso posible.

–¿Usted llegó a este mundo o este mundo llegó a usted?

–Las dos cosas, aunque quizá tiene más peso que yo llegué a este mundo porque lo busqué de manera persistente.

–¿Qué le inspira?

–La vida.

–¿Su sonido favorito?

–Los que traen silencio. Y la risa de mi hijo.

–¿Puede no ser clásica la música clásica?

–Claro que sí. Las etiquetas son limitantes. Puede ser barroca, renacentista, vanguardista...

–¿E inculta?

–Pueden ser incultos algunos aficionados o músicos. Pero eso pasa en todos los ámbitos. El fundamentalismo y la estrechez de ideas es un signo de incultura.

–¿Somos en España unos incultos en cuanto a música clásica se refiere?

–Sí. Incluso entre los que se autodenominan mentes culturales, la música clásica sale muy mal parada. Hay un vacío y un desconocimiento asombroso y vergonzoso. En España hay un atraso importante culturalmente hablando.

–¿Está en crisis?

–Para nada, aunque es verdad que la manera de llevarla al público tiene que evolucionar con la sociedad. Ésta no es una música de usar y tirar. Pero el arte que permanece no es el que trata de agradar; no es el arte de consumo, sino el que hace reflexionar y te lleva a una zona diferente de la que uno espera. La historia del arte está hecha de las excepciones y de los lugares no comunes.

–Ahora triunfa el reguetón...

–Porque es más fácil escuchar lo que te ponen. Solo tengo en contra del reguetón los mensajes tan nocivos que envía. Hay comida basura y música basura. Hay música que dura un par de semanas, y que está hecha para eso. Otra, en cambio, está elaborada para hacer reflexionar.

–¿Usted qué escucha en sus ratos libres?

–Nada. Busco el silencio y la tranquilidad, entendiendo por ratos libres los que no estoy estudiando otros repertorios. Pero si estoy con amigos, me gusta el rock, el flamenco, el jazz...

–¿Por qué no utiliza batuta cuando dirige?

–Porque no sé, porque no me siento cómodo y porque no creo que sea necesario. Sin ella soy más libre y espontáneo.

–¿Qué compositor le hubiera gustado ser?

–Difícil decírtelo, ya que habría que elegir su época, y no todas fueron buenas para vivir. No obstante, no me importaría ponerme en la piel de Monteverdi, en la Venecia del siglo XVII.

–¿Volverá a nacer alguien a la altura de Beethoven o Mozart?

–Seguro que sí, pero hace falta distancia histórica. A los genios de hoy se les reconocerá cuando pase el tiempo.