Plácido Domingo, simplemente un artista

Domingo ha hecho suyo el papel de barítono de Boccanegra
Domingo ha hecho suyo el papel de barítono de Boccanegra

Escenas de «Nabucco», «Macbeth» y «Simone Boccanegra». Voces: Placido Domingo, Anna Pirozzi, Geraldine Chauvet, Arturo Chacón-Cruz, Marko Mimica, Carlo Bosi, etc. D. escénica: Stefano Trespidi. D. musical: Jordi Bernàcer, Verona. «La Traviata» de Verdi. Voces: Lisette Oropesa, Vittorio Grigolo, Plácido Domingo, Carlo Bosi, etc. D. escénica: Franco Zeffirelli. D. musical: Marco Armiliato. Orquesta y Coro de la Arena de Verona. Verona.

Plácido sin duda se merecía un homenaje por los 50 años de su debut en Verona, donde ha intervenido en numerosas temporadas, si bien con amplios periodos de ausencia. En su festejo ha dirigido «Aida», cantado Giorgio Germont de «Traviata» y escenas de tres óperas también verdianas «Nabucco», «Macbeth» y «Simone Boccanegra». Y todo ello apenas terminada la final de su Operalia en Praga y a punto de ir a Caracalla. Es realmente inconcebible que una persona de 78 años pueda desplegar tal actividad y conservar la voz en las condiciones de las que aún puede presumir. Un nuevo Guinness en su historial. Sinceramente, siento envidia.

Hace 50 años cantó «Turandot» y un «Don Carlo» que ha pasado a los anales líricos con Caballé, Cossotto, Cappuccilli, Petkov, Elihau Inbal y Piero Faggioni en una regia encomendada a Vilar. El aria de Caballé y su dúo final con Domingo pusieron en pie a las más de 20.000 personas que abarrotaban la Arena. También lo logró el tenor ahora con la muerte de Simon Boccanegra, lo que cerraba la gala antes de los fuegos artificiales. Es el papel de barítono que ha logrado hacer suyo completamente. Allá por el año 2000 cenaban en mi casa él y Marta, su esposa. En las copas les confesé que a mí me hubiera gustado cantar este papel. Ellos se miraron con complicidad y les pregunté el motivo. «Es el papel con el que quiero despedirme de los escenarios», me confesó. Aún no sabemos si lo hará, pero sí que fue el primero en incorporar en su nueva etapa baritonal. Y, puestos a entrar en recuerdos, esta nueva visita a Verona deja un cierto sabor agridulce. Primero por los ausentes, por los artistas de aquel «Don Carlo» que ya no están entre nosotros. Segundo, por los repartos de aquellos años dorados. En 1972, mi siguiente visita al festival, pude escuchar en tres días seguidos a Bergonzi en «Aida», Pavarotti en «Ballo in maschera» y Corelli en «Ernani». Imposible detallar el lujoso resto: Cappuccilli, Raimondi, etc. Tercero por una visión de la ópera que desaparece en gran parte con Franco Zeffirelli: la magnífica y exquisita monumentalidad, la exhibición de decorados y vestuario historicistas... y los presupuestos que conlleva. Cuarto, por los apoyos electrónicos a las voces que parecen percibirse en algunas ocasiones desde hace algunos años. Quinto, y la lista podría seguir, porque Plácido es posiblemente, permítaseme la expresión, el último «dinosaurio» operístico, el último exponente de una época que se nos va. Todo ello lo comentábamos Piero Faggioni y yo en un mano a mano en la cena tras la gala. Éramos además, con Plácido, los únicos presentes en Verona aquel verano lunar del ’69 de todos los congregados.

Arrebatador Boccanegra

Lo he escrito semanas atrás, ni es barítono, ni es tenor, es Plácido Domingo y, créanme, merece la pena seguir escuchándole. Es un artista único en la historia lírica por muchos motivos. Artista en el más amplio sentido de la palabra, por encima de cantante, que siempre imprime a sus interpretaciones una musicalidad excepcional, que ama con intensidad a su profesión y que, probablemente, no puede vivir sin ella. Se le puede perdonar que en los dúos del acto II de «Traviata» se reserve e incluso hable más que cante o que a «Il mare, il mare» de Simon le falta la gravedad, el aire de un barítono verdiano puro, porque siempre hay momentos admirables, de intachable musicalidad y emotividad, como en la muerte del antiguo pirata. El público, que abarrotaba la Arena, empezó frío por las numerosas breves pausas para modificar decorados, pero acabó rendido ante la técnica de Anna Pirozzi en los tres principales papeles femeninos, la entrega total de Arturo Chacón-Cruz en los tres tenoriles y el arrebatador Plácido del final de Boccanegra. Una larguísima ovación en pie. Posiblemente puedan comprobarlo pronto en el video que se grababa. Merece destacarse la actuación de Vittorio Grigolo en «Traviata», con matices y una voz ya de «spinto» cuya sonoridad superaba con creces la muy de soprano lígera de Lisette Oropesa. Zeffirelli y su equipo diseñaron una producción inspirada en la película de 1982, en plan monumental muy del agrado de los asistentes. ¡Lástima que no pudieran coincidir en los vítores finales regista y Domingo!