Cultura

Posidonia, un festival con conciencia colectiva

El proyecto de SON Estrella Galicia en Formentera sumerge a 350 asistentes en las implicaciones del entorno natural

El proyecto de SON Estrella Galicia en Formentera sumerge a 350 asistentes en las implicaciones del entorno natural

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Que el festival Posidonia no es un evento como los demás lo puede percibir cualquiera que simplemente mire sus características: apenas 350 personas acuden tres días a la isla de Formentera para asistir a unas actuaciones que se desconocen. Sin embargo, desvelar los artistas no es la mejor sorpresa del proyecto de SON Estrella Galicia. El mayor descubrimiento es el de la conciencia y la responsabilidad con un entorno delicado y único, la toma de conciencia de las cosas que no se ven.

Lo primero que no se ve aunque pueda intuirse, es el pasado. Y en el festival se encargan de explicarlo con unas rutas de senderismo que recorren los puntos claves de la isla. El pasado de Formentera son las salinas, que desde 800 años antes de Cristo llevan formando parte de la cultura, el paisaje y el modo de vida de la zona. De ellas quedan los bancales y la Torre de la Sal, la ultima construcción vinculada a la actividad, de 1950. Y queda, en la memoria colectiva de la comunidad, el recuerdo de un trabajo duro. Elena es hija de uno de los salineros que durante el siglo pasado trabajaban en la explotación salinera. Cada día, cada hombre cargaba 16 toneladas de sal para su exportación en largas jornadas nocturnas. Ninguno tenía más de 23 años y vestían calcetines de lana para no cortarse con los cristales de sal. Sufrían úlceras en la piel y bebían agua del pozo (agua de mar filtrada entre las rocas) para mantener las sales minerales durante las horas de trabajo. "Las barcazas hacían viajes sin fin cargando la sal. Había molinos de viento y norias de tracción animal. Era el motor de la zona", recordaba esta mujer.

Las otras cosas que no se ven son las que están bajo la superficie y que le dan al mundo la forma que tiene. Como el azul de las aguas del mar en el Parque Natural de las Islas, formado un 85 por ciento por espacio marino. En este lugar se encuentra el ser vivo más antiguo del mundo, una planta marina de Posidonia que se extiende por 8 kilómetros cuadrados y que vive aquí desde hace 100.000 años. Una planta que es genéticamente idéntica en sus extremos, por lo que es un solo individuo. En uno de estos llamados bosques o praderas de Posidonia viven entre 800 y 2.000 especies animales y vegetales diferentes.

Se trata de que los visitantes no molesten, que se integren en el territorio y, si hay que importunar, se haga a los nudistas que miran incrédulos la hilera (no tan fuera de lo normal) de "posidonios"y no interrumpan la vida de los verdaderos seres locales, las lagartijas endémicas, entre otras 800 especies protegidas en un lugar que es Patrimonio de la Humanidad, "tanto como la Alhambra", recordaba una de las guías del evento.

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Víctor Martiñán es uno de los responsables de Estrella Galicia para asuntos relacionados con la música. "Es un evento especial con el que perdemos dinero pero eso no tiene importancia. Nuestro objetivo es ayudar, concienciar y también cambiar el modelo del festival que todo el mundo espera y hacer algo diferente", explica. Por eso, Posidonia se completa con las rutas de senderismo, el conocimiento de la zona y actividades orientadas al conocimiento y al respeto del entorno. “Y la programación musical, dentro de las limitaciones de fechas y de logística, siempre busca esa variedad y capacidad de sorprender. También se trata de que encajen con el espíritu de su ubicación”, explica.

En el apartado artístico, Posidonia también cuida la diversidad: artistas como Baiuca, que mezcla el folclore gallego con la electrónica, o Alondra Bentley, que lleva en su ADN la tradición británica y que ofreció un concierto sorpresa en una de las rutas de senderismo. "Yo creo que existe algo llamado conciencia colectiva aunque hay gente que no cree en ella", dijo Bentley plenamente integrada con el mensaje del evento. Oddisee fue el plato fuerte de una de las jornadas nocturnas con su rap clásico procedente de Washington. Una de las mayores sorpresas del evento fue la enérgica presentación de Charlotte Adigéry, que cerró la programación ya el domingo, en la playa, con la euforia de los últimos rayos de sol del verano.

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