Siempre Mingote

Coincidiendo con el primer año de su fallecimiento, se publica «Pequeño planeta». Se trata de una obra, hasta ahora inencontrable, que se editó originalmente en 1957

Rafael Azcona y Antonio Mingote compartían su obligatorio café de la tarde en las soleadas aceras de Madrid

Rafael Azcona y Antonio Mingote compartían su obligatorio café de la tarde en las soleadas aceras de Madrid. Eran inseparables. El lugar que elegían para gastar poco y permanecer mucho era la cafetería Maraca, pegada al Teatro Fuencarral, ya desaparecida. La elección no fue casual, ya que Mingote sentía debilidad por la gente de la escena: Azcona define así el escenario: «Por aquella terraza desfilarían veddettes de revista, barbas de alta comedia, malabaristas de variedades. De modo que uno se instalaba en una silla al aire libre de Madrid y ante sus ojos ocurría una parte del pequeño planeta, o al menos del barrio de Chamberí, y se pasaban las tardes y las noches tan ricamente». No es difícil imaginarse a aquellos dos genios filtrando las situaciones de vodevil ante sus ojos como material para sátiras inagotables. Eran los años en que ambos acababan de subirse a la grupa de «La codorniz», y la realidad, para el que quisiera verla, era tan poética como muerta de hambre.

En 1957, Mingote, que falleció el pasado 3 de abril, publicó «Pequeño planeta», un libro de historias existencialistas que Azcona prologó, sintético, como «un libro de espejos», que, en lo más hondo de nosotros, «nos anima a afeitarnos la triste barba del énfasis, la soberbia, la cursilería o la estupidez». Julián Lacalle, responsable de la editorial Pepitas de Calabaza, ha rescatado este libro de un olvido de 40 años con todo el esplendor. «Mingote era un genio, y somos muy admiradores suyos, en especial de sus obras de los 50, que probablemente son las menos conocidas, pero que tienen un significado muy importante por los temas que trata y los años en que se publican», asegura el editor. Debido a su larguísima trayectoria como dibujante en prensa (se calcula que publicó casi 24.000 viñetas), esa faceta anterior había caído algo en el olvido para muchos. «Es un dibujo casi existencialista. Es filosófico, plantea preguntas como podrían hacerlo los cínicos o cualquier otra escuela. Pero con un gancho y con un genio que te atrapa al segundo», explica.

«Por qué nos gustan las guapas»

En «Pequeño planeta» surge Mingote en estado puro. Todos los registros de sus escenas –tierno, crudo, satírico, siniestro...– aparecen retratados en tema libre. «Durante 40 años, este libro sólo ha podido conseguirse en librerías de viejo. Tanto, que incluso algunos originales se habían perdido y hemos tenido que hacer virguerías con cuatro copias para reproducir las páginas que faltaban. Pero las hemos incluido tal y como fueron originalmente publicadas, y con algunos añadidos, porque existen ilustraciones de la época que se quedaron fuera de la edición por cuestiones de espacio seguramente», dice Lacalle. Emerge un Mingote inédito y otro casi olvidado. «Es muy interesante, porque acabamos de publicar "Por qué nos gustan las guapas", una obra de Azcona de la época. Y ambas encajan perfectamente, espiran ese aire de libertad creativa y toda su personalidad». Y, por supuesto, sus personajes, que delatan haber sido cazados a vuelapluma en la hora de la siesta, por las aceras de Chamberí: las señoras gordas, los mayordomos y sus señores vestidos de chaqué, los oficinistas, las chicas monas enamoradas de un maniquí, los maridos siempre de mal humor... Aunque también están los trogloditas, los toreros, las estatuas de generales y las venus de pronunciadas curvas. «Hay un ejercicio de imaginación muy importante. Me parece un derroche de creatividad y de libertad increíbles. Imagínate cómo sería España. Bastante gris, creo. Pero si lees los textos de la época y ves estos dibujos, Azcona y él formaban parte de un grupo de resistencia mental. Manejaban unos mecanismos de supervivencia alucinantes. Creo que el arte era su manera de seguir adelante», dice Lacalle. A Mingote le censuró el franquismo muchas veces. Aunque se lo tomaba bien. «Hacía bastantes versiones de un mimsmo chiste para intentar pasar. Esas copias las tiene guardadas en su archivo personal, que es un maremágnum inabarcable de carpetas. Tenemos la idea de publicar esa parte del Mingote censurado», asegura el editor, que ni se atreve a cuantificar cuántas ilustraciones se almacenan en el santuario del ilustrador. De su archivo se ocupa actualmente su sobrina, Chus Tristancho, y de ahí podrían publicarse nuevos volúmenes en los próximos años. «Otra de las facetas menos conocidas y que será el próximo título que publiquemos es el Mingote siniestro. Que resulta increíble, es como si estuviese dibujando Tim Burton, pero en España y en los años sesenta. Como si estuviera dibujando un seguidor de The Cure». Del libro «Pequeño planeta» incluso se publicó una curiosidad bibliográfica. Una especie de edición extranjera, titulada «Mingote's World», que no tenía distribución fuera de España. «Son conjeturas, pero pienso que se vendía a los turistas. De ellas hemos rescatado algunos dibujos, aunque no todos, porque insistía mucho con el tema de Gibraltar y desentonaban un poco».

Juicios como sainetes

Sin embargo, la prensa internacional reprodujo en múltiples ocasiones sus ilustraciones. Hay ejemplos en el «Daily Telegraph», «The New York Times» y «The Times Wednesday», tal y como recoge la semblanza que del genial artista se publica en el número de marzo de la revista cultural «Turia». En esas anotaciones biográficas, Juan Villalba Sebastián destaca dicha faceta de ilustrador ajena a los diarios. «Publicó todos los años uno o varios libros hasta casi llegar al medio centenar. Sus temas fueron muy variados:Madrid, la mujer, las costumbres de los españoles, la política, las corrupciones varias...». Durante ese tiempo, Mingote se enfrentó a dos procesos judiciales que se resolvieron como un sainete, uno por «Ultraje a la nación» y otro por injurias de los comerciantes en el que las paces se acabaron por hacer jamón mediante.

Pero nadie mejor que Azcona para definirle: «Muchos hablan de este Mingote lleno de talento reconocido, que tanto bien ha hecho a nosotros los celtíberos, muchas veces desmesurados, rabiosos, agresivos. Casi todos los días hay un celtíbero, o varios, que dan muestra de ello en estos páramos "por donde vaga errante la sombra de Caín'', y entonces llega Mingote y dibuja un troglodita, un gundisalvo, un "clochard"', un lechuguino, una señora gorda, un cruzado, una minifaldera, un vasco, un españolito, un obispazo, un domperlimplín, un buscón, una lozana andaluza, yo qué sé, todo lo dibujable y más, y vierte sobre el páramo un rocío de reproche, de inteligencia y de ternura. Mingote y su circunstancia».