Teatro

El salvajismo de Shaffer vuelve a Madrid con «Equus»

El caballo como ser superior. Eje de la fascinación, más allá de lo sexual, que también. Por encima de creencias religiosas. Un paso más. Tanto como para llevar al joven Alan cerca de la enfermedad, sacándole los ojos a seis de los equinos. Brutal. Impactante. Inexplicable, o no.

Porque ¿de verdad es esto una patología? ¿Hasta dónde llega la norma que gobierna la sociedad? ¿Tiene algo de bueno esa parte más oscura del ser humano? Todo ello se pone en cuestión en la obra que Peter Shaffer imaginó y revolucionó el panorama de 1973. Sexo y violencia explícitos, sentido del humor, movimientos coreográficos, caballos desbocados, suspense, acción... Todo se une en esta pieza que no ve la escena madrileña desde el 75 –primera vez que se vio un desnudo integral en las tablas– y que ahora recupera Arte&Desmayo (Baleares, 14. Madrid).

Un proyecto inmenso para una sala alternativa que anidaba en el inconsciente de uno de sus responsables, Juanma Gómez. «Se te queda cuando la lees y te engancha», comenta el que hará de Martin desde este viernes 15, el psicólogo que deberá analizar los motivos por los que ese adolescente ha sacado lo, supuestamente, peor de él.

Con ese germen comenzó la aventura de la sala de Marqués de Vadillo que ha puesto en manos de Carlos Martínez-Abarca la dirección de esta «locura». «Da la posibilidad de contar una historia muy atrayente para el público. En su día supuso un bombazo y la posibilidad de indagar en el interior, en la oscuridad de los instintos más básicos. Nos desafía a mirar esa parte más violenta y misteriosa, a dejar fuera nuestra máscara real», explica después de reconocer las dudas iniciales de cómo encarar una idea tan vasta –a la que se puede contribuir mediante «crowfunding»–. Todo un reto propuesto por Shaffer en su día que Juanma reconoce haber aceptado y llevado con bastante tiento: «Estamos respondiendo muy bien a lo que nos pide, riesgo y compromiso actoral».

Una responsabilidad que lleva a meter animales en el escenario. Unos caballos con los que se han mimetizado para poder darles vida. Visitas a una asociación de ayuda a estos ejemplares –Madrid Help Horses–, una responsable de movimiento y unas máscaras hechas para la ocasión han convertido el desafío en una realidad. «Toda la violencia que “Equus” propone con los equinos hemos querido revertirla con esta colaboración con una organización que hace mucho por ellos».

«Equus» mezcla dos líneas en el tiempo, el presente de la investigación y el pasado del relato. Dos mundos enfrentados en Martin y Alan. El primero, ordenado; el segundo, más primitivo y atraído por la devoción a su dios. «Dos polos de tensión tirando del ser humano», resume Martínez-Abarca.

Cuarenta años después de su estreno Juanma y Carlos quieren lograr que el impacto no decaiga. «Todo lo que “Equus” tiene que contarnos ha multiplicado sus significados en todo este tiempo. Ahora hemos perdido un poco en libertad individual, qué es lo que nos permitimos hacer, hasta qué punto somos libres para decidir, cómo es esto de ser políticamente correctos, qué debe ser un código de conducta... Todo ello nos pone a un nivel en el que nos vemos obligados a buscar constantemente la línea roja infranqueable que aunque parezca mentira es mucho más potente en el siglo XIX que en los 70. Había otra forma de respirar la libertad, ahora es un poco maquiavélica», explican como crítica a un mundo en el que no se prohibe nada, pero en el que reina la «autocensura». De ahí que con este montaje busquen una pregunta con la que los espectadores se vayan a sus casa: ¿Es lo normal lo que nos interesa?