La contra de Eduardo Inda: “Bale, tanta paz lleves como descanso dejas”

Le funcionan tan bien las piernas, como mal la cabeza. El galés del Real Madrid es un marciano

A Gareth Bale se le recordará por dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que durante mucho tiempo pasó por ser el fichaje más caro de la historia: 99 kilos. La mala es que, ganando más que nadie en el Madrid actual –en la era Cristiano disfrutaba del segundo mayor cheque–, detenta la peor relación calidad-precio.

Su carrerón de 50 metros, desborde extramuros de Bartra incluido, rematado con un golazo en la final de Copa de 2014, y esos dos tantos que resolvieron la Decimotercera en Kiev no justifican los 323 millonacos desembolsados por la entidad de Chamartín en siete temporadas. A saber: los 99 que costó su fichaje y los otros 224 que le han apoquinado en concepto de ficha. Cantidad en la que no se incluyen las nunca apreciadas primas. Ni siquiera esa chilena de Ucrania, que nos dejó boquiabiertos, justifica semejante inversión.

Nos ha defraudado a todos. Muy especialmente, a los que confiamos en que sus inmensas cualidades le harían el sucesor natural de Cristiano y un segurísimo Balón de Oro. No en vano, estamos hablando de un físico privilegiado, en el que se incluye la vitola de futbolista más rápido del mundo, 36,9 kilómetros por hora, según un estudio científico elaborado en México. Velocidad supersónica, resistencia, extraordinario disparo, gran desborde, razonablemente buenas dotes con la cabeza… cualquiera diría que estaba llamando a ser un grande entre los grandes. Pero, no, ha resultado un fiasco, un auténtico Guadiana con dos ojos: aquella final de Copa de 2014 y la Champions de 2018. Punto.

El problema es que le funcionan tan bien las piernas como mal la cabeza. Es un marciano. Está permanentemente a la luna de Valencia. Por no hablar de esa afición al golf que le hace estar más pendiente de la PGA estadounidense y el European Tour que de lo que se cuece en el fútbol profesional. Lo cual tiene bemoles teniendo en cuenta que cobra 16 millones netos al año.

Lo suyo tampoco es culpa de Madrid la nuit, ese peligro en forma de marcha, mujeres, alcohol y otras cuestiones que echaron a perder a tantos jugadores del Real o del Atlético. Afortunadamente, el siempre sensato Zinedine Zidane, con el cual no se habla, lo ha sentenciado definitivamente. Llegó del parón con más ganas que nunca, con sus compañeros extasiados pensando que lo habían lobotomizado a mejor, y a las primeras de cambio resultó que era el Gareth de siempre.

Lo vimos en Valdebebas frente al Eibar. Pasotismo, malas caras, pendiente del móvil más que del partido, nula ambición, cero competitividad, en fin, las generales de la ley de un tipo que algún día se lamentará de lo que pudo haber sido y no fue. Por no hablar de ese espíritu robbeniano, que le ha hecho estar casi tanto tiempo lesionado como disponible. Eso sí, exige que le abonen hasta el último céntimo de un contrato que vence en 2022.

Si carece de la vergüenza torera necesaria para irse como un señor, que al menos la tenga el Real Madrid. Todo lo que se pague acabará resultando barato en términos económicos y de convivencia en el vestuario, ¡percibe 3 kilos más que Sergio Ramos! Tanta paz lleves como descanso dejas, Gareth.