MotoGP: un cuarto de siglo con el “abuelo” Valentino Rossi

El italiano lleva 24 años y medio encima de una moto, en un caso de longevidad nunca vista en el deporte de élite. Ha firmado ya contrato para 2021 con Yamaha Petronas

8.960 días han pasado desde que Valentino Rossi debutó en el Mundial de 125cc. Era el 31 de marzo de 1996, en Italia se pagaba en liras, en España, en pesetas, el euro se veía como una quimera que quién sabe si se haría realidad en el futuro y Mick Doohan dominaba la categoría reina. Todo suena al siglo pasado y no es una forma de hablar. Rossi lleva 24 años, seis meses y diez días dando vueltas en los circuitos, en un caso de longevidad nunca vista en el deporte. Es una leyenda que trasciende a las épocas y al paso del tiempo gracias a una capacidad de adaptación infinita.

Pilotos, tecnología, estilo de pilotaje... todo ha cambiado en este cuarto de siglo y ahí sigue «Il dottore» adaptándose a todo para seguir siendo competitivo. Supo enfrentarse a pilotos mucho más mayores y que lo veían como un intruso incómodo y no ha tenido problema para aceptar que jovencitos, que no habían nacido cuando él ya competía, le mojen la oreja en la última vuelta y se quede sin podio, como le sucedió con Joan Mir en Misano.

Ahora ya no gana tanto como antes, de hecho es una rareza verlo en el podio, pero él todavía lo disfruta y ésta es la gasolina que le invita a seguir. Ha renovado al menos un año más con Yamaha, aceptando que sea con el equipo satélite, algo no precisamente fácil para uno de los mayores mitos de la historia del motociclismo. Ni siquiera en este curso sin Marc Márquez parece que vaya a poder conseguir esa décima corona que le falta. No tiene la velocidad suficiente, pero eso no impide que siga siendo el piloto que más revuelo genera cuando se mueve por el «paddock».

La iglesia rossista no deja de sumar adeptos y la marea amarilla, el color predominante en sus productos de «merchandising», inundaba los circuitos antes de la pandemia y lo volverá a hacer cuando se permita nuevamente el acceso de público de manera masiva en las gradas.

A sus seguidores nadie les supera en fe en el ídolo, al que acuden al menos una vez en la vida para tocarlo o hacerse una foto con él. Sus números, con nueve mundiales y, por ejemplo, 199 podios en la categoría reina, le dan un puesto de honor en el Olimpo de las dos ruedas. Un lugar en el que Valentino ya sabe que Marc Márquez también va a estar y muy probablemente por delante de él en cuanto a títulos. El español está a un campeonato de igualar al italiano y le queda mucho tiempo por delante para adelantarlo con comodidad.

Pero ya hace tiempo que a Rossi no le hace falta ganar para ser grande. Si ha ido cambiando su estilo de pilotaje para ser competitivo, también ha ido mutando en un veterano respetado que aconseja a los jóvenes y bendice sus progresos. Un día, que cada vez está más próximo, colgará el casco y será director de su propio equipo, esa VR46 Academy que es una cantera de la que no dejan de salir pilotos italianos muy competitivos. Algunos de ellos, como Morbidelli o Bagnaia ya le han quitado algún podio en pista y reconoce con una sonrisa que en ese momento se arrepiente de haber creado su academia.

Acepta su nuevo papel, más secundario, pero con un sabor auténtico por haber resistido al paso del tiempo. No existe en la élite deportiva un caso de longevidad tan extremo y la receta es mantener la ilusión de hacer aquello que te gusta. Cuentan los que han compartido con él jornadas de entrenamiento en su «rancho», cerca de Tavullia, que es el primero que se pone a dar vueltas en el circuito de «dirt track» que allí tiene. Él es el que pone en marcha por la mañana a los más jóvenes y cuando el sol se está ocultando y casi no queda luz, ahí está Rossi todavía sobre la moto.

Nunca se cansa, porque es su pasión y por eso está en la mitad de su temporada número 25 y la próxima será la 26ª. Después de 115 victorias, hace más de tres años que no gana una carrera y el curso pasado sólo subió dos veces al podio. Sí, es poco para alguien como él, pero ahí sigue el abuelo Valentino.