El fútbol español no tiene nada que hacer en Europa

No veo a Madrid ni Barça venciendo a doble partido al City, PSG, Liverpool y no digamos el Bayern

Llevo semanas diciendo, argumentando, quejándome incluso, de que ésta es la Liga más igualada de los últimos años. Lo cual está muy bien en términos populistas, pero no si pasamos la afirmación por el tamiz del poderío del fútbol español a nivel internacional, que en estos momentos está bajo mínimos. La contundente derrota del Real Madrid en casa frente a un Cádiz que no le dio opciones y el humillante 1-0 de los de Messi ante un Getafe que no deja de sorprendernos ratifican que nuestros dos grandes no pasan por sus mejores días.

Buena parte de la culpa la tiene un Javier Tebas que se ha dedicado a jibarizar los ingresos televisivos de Real Madrid y Barça, no sé si porque es lo que honradamente cree mejor como presidente de la Liga o porque ejerce más de abogado de un porrón de equipos de Primera y Segunda por hijísimo interpuesto. Intuyo que esto último.

La situación en España no es la mejor para los equipos presididos por Florentino Pérez y Bartomeu. A estas alturas de la película, con seis jornadas disputadas, no es ni medio normal que estén en la cabeza acompañados por equipos como Granada, Cádiz, Getafe o Betis, que les hablan de tú a tú como seguramente nunca en dos décadas, concretamente, desde la Liga 2002-2003, que estuvo en un tris de ganar la Real Sociedad. Y no me vale la excusa de que llevan uno y dos partidos menos que los cuatro pequeños citados. Que estuvieran todos juntos y revueltos era lo tradicional en la primera o segunda jornada, cuando un equipo del montón metía más goles que nadie y encima fuera de casa y se colocaba líder. Este panorama permite colegir que pintan bastos en Europa para Real Madrid, Barça e incluso un Atlético que parecía que la Champions pasada era uno de los favoritos tras el «Anfieldazo» y, al final, terminó cayendo con más pena que gloria frente a un Leipzig que no es nada del otro mundo. Cosa bien distinta es un Sevilla que puede acabar siendo la revelación de la temporada.

La Copa de Europa pasada tampoco invita a la esperanza. El Real Madrid jamás pudo en octavos con un City que este año vuelve a figurar en el Big Four, ese elenco de favoritos del que normalmente sale el campeón. Y qué decir de un Barça que continúa psicológicamente en modo Bayern. Los partidos de la Liga le cuestan Dios y ayuda sacarlos adelante. La fase de grupos la pasarán –espero–, pero no veo yo ni al Madrid ni al Barça venciendo a doble partido al City, al PSG de Neymar y Mbappé, al Liverpool y no digamos ya a un Bayern que hace temblar al misterio.

El adiós de Cristiano marcó el principio del fin de la descomunal hegemonía madridista en Europa y, paradójicamente, también la de un Barça que sigue sin desprenderse de Messi por mucho que le cueste la salud económica. A esta circunstancia se une la corrupción de una UEFA que permite que clubes-Estado como el PSG (Qatar) o el City (Abu Dhabi) se pasen por el arco del triunfo el fair play financiero. Mucho me temo que esta Champions nos la tendremos que tomar a beneficio de inventario. Qué tiempos aquellos de Cristiano, Messi, Mourinho, Guardiola y últimamente de ese Zidane que es el mejor entrenador de Champions de todos los tiempos. Aquí sí cabe aplicar aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Dios quiera que el tiempo me obligue a comerme mis palabras.