El Barça gana al Dinamo y “maltrata” a Ter Stegen en un partido horrible (2-1)

El portero alemán, que reaparecía, evitó cuatro o cinco goles, los mismos que el guardameta ucraniano. Pese a tener la Champions encauzada, deja dudas el equipo de Koeman

Messi marca de penaltiEnric FontcubertaEFE

Una falta había hecho el Dinamo Kiev en el Camp Nou en toda la primera parte... Al comienzo... Pero fue dentro del área. Penalti, para gloria de Messi, que está fino en el mano a mano con los porteros sin barrera y a balón parado. Esta vez el portero Neshcheret acertó la dirección del disparo, pero no le dio tiempo a atraparlo. Ya son once penas máximas seguidas las marcadas por el «10», cuatro esta temporada, pero de momento sigue sin lograr un tanto en jugada. No podía empezar mejor el encuentro para el Barcelona, y siguió: Pedri al larguero, ocasión clara de Griezmann, diablura de Ansu Fati que detuvo el guardameta... Parecía pan comido la noche y por eso llegó la relajación, que hizo que la cara de Koeman fuera cambiando de la alegría o, al menos, del «ya empezamos a fallar ocasiones», al «pero esto qué es». Se empieza por llegar un poco tarde a la presión, por ahorrarse una carrera, y de repente ya tienes encima al rival y a Buyalskiy cabeceando desde dentro del área con mucha ventaja. Ter Stegen tuvo que rectificar para despejar un balón con un escorzo. Fue la solución al caos, a la descoordinación a la hora de ir a recuperar la pelota. Sólo era el comienzo de un día en el que su equipo le «maltrató». El Dinamo llegaba a Barcelona sin mucho que perder, con trece bajas: nueve por Covid-19, tres lesionados y un sancionado, y se lo estaba pasando bien, aunque es cierto que antes del descanso su portero Neshcheret volvió a ser el mejor, sobre todo ante el remate de Pedri.

La cara de Koeman apuntaba a bronca en esa media parte, pero el despiste creció tanto como Ter Stegan para poder en el cara a cara con Tsygankov, que se plantó solo, pero cuando levantó la cabeza no vio portería, sólo el cuerpo del alemán con los brazos y piernas estirados para hacer el agujero lo más pequeño posible. Incluso en el saque de córner Kedziora llevó el balón a la red, pero el árbitro consideró que había salido por el fondo al hacer demasiada curva.

Jugaba el Barcelona con alguna novedad en su once. Lenglet, con unas molestias, parece ser, se quedó en el banquillo para que De Jong fuera central, pero eso en la fase defensiva, porque cuando el conjunto azulgrana atacaba el holandés se descolgaba. Pjanic cada vez va ganando más minutos en el equipo, pero la sensación era extraña. No había público en las gradas, si no se hubiera escuchado el típico murmullo, porque el trabajo de Ter Stegen no había terminado. Ni mucho menos. El alemán estiró esta vez el pie como si fuera de fútbol sala o de balonmano para despejar el tiro ajustado de Supryaha en una contra perfectamente llevada. Demasiadas actuaciones del guardameta, eso no se le hace a un compañero que hace apenas unos días estaba lesionado. Entró el encuentro en un duelo de porteros incomprensible (menudo paradón de Neshcheret al tiro de falta de Messi), por la diferencia de calidad, a lo que se unían las condiciones en las que llegaban los ucranianos. Estaba descolocado el Barcelona.

Porque sí, parecía fácil y se puso fácil, pero pasada una hora el marcador seguía con la mínima diferencia y Koeman empezó a mover a su equipo, con la entrada de Sergi Roberto y Dembélé. Pjanic fue uno de los sacrificados. Todavía le falta al bosnio.

Se ha empeñado el Barcelona en que los porteros del equipo rival tengan la noche de su vida. Todavía faltaba otro cabezazo a bocajarro de Sergi Roberto que no encontró el destino correcto y, por fin, el de Piqué, que sí. Se quedó el central a la segunda jugada tras un córner y envío a la cesta el pase tocadito de Ansu Fati. Las dudas no quedaron atrás. Crecieron, aunque pareciera increíble. Tsygankov encontró su gol después de que Ter Stegen lo detuviera instantes antes por enésima vez. Quedaban quince minutos y el incendio no llegó a prender, aunque en un par de contras o de córners se temió lo peor. No es normal que el Barça acabe pidiendo la hora en una jornada así. Por mucho que la Champions la lleve bien con tres victorias, jugando de este modo no llegará muy lejos. Koeman quiere formar un gran equipo y de momento no lo tiene.