Tal día como hoy hace 17 años debutó Messi con el Barcelona

El “messías” se hizo carne para los azulgrana el 16 de noviembre de 2003 en un amistoso ante el Oporto

El día del debut de Messi con el Barcelona ante el Oporto barcelona futbol clublLA RAZON

Hace de aquello dieciesiete años y 1.126 goles: cadáveres de porteros batidos según las últimas estadísticas, como escribió el poeta Dámaso Alonso. Érase un tiempo en el que el calendario no era la loca catarata de partidos en que se ha convertido y los grandes equipos europeos aprovechaban las treguas internacionales para jugar amistosos que llenasen la bolsa y fogueasen a la tropa.

Ambos propósitos unía el Barcelona de Frank Rijkaard que se desplazó hasta Oporto para medirse con los «dragones» de José Mourinho, vigente campeón de la Copa UEFA y en liza para ganar la Champions que levantó meses después en Gelsenkirchen.

Privado de sus mejores futbolistas –Ronaldinho, Saviola, Puyol, Cocu, Kluivert...–, ese Barça de aires neerlandeses alineó en la inauguración del estadio «Do Dragao» un once plagado de suplentes, cierto, pero también con gente de nivel como Rafa Márquez, Xavi o Luis Enrique, que lucía el brazalete de capitán. El Oporto ganó 2-0 y la crónica de Efe, con precisión y laconismo agencieros, narró así el debut de Messi: «Rijkaard decidió en el minuto 71 cambiar a Fernando (Navarro, campeón de Europa con España en 2008 y hoy asistente de Monchi en el Sevilla) por el argentino Messi, que se convirtió así en el tercer jugador más joven, 16 años, que debuta en el equipo principal del Barcelona. Messi, al que llaman el nuevo Maradona, ha marcado en el equipo B del Barcelona 11 goles en 10 partidos, creó la ocasión más clara de peligro, tras robar un balón con el que llegó al área contraria, pero no pudo rematar».

Desde aquel ratito iniciático, cuando apenas llevaba una decena de comparecencias con el filial blaugrana, Lionel Andrés Messi comenzó a soportar esas comparaciones con Maradona a las que resulta imposible sobrevivir a menos que se sea un absoluto genio. Para terminar de cargar sobre sus espaldas adolescentes de presión, quiso la casualidad que el dorsal que lució Leo en Oporto fuera el 14, que en el Barça no es un número cualquiera, ya que era el que portaba Johan Cruyff. Pues ni el de Villa Fiorita ni el holandés juntos llevaron al Camp Nou la mitad de la gloria que llegó de la mano de Messi.

Fue el partido de Oporto un debut y despedida, más bien un hasta luego de casi un año, en un plantel barcelonista al que Rijkaard reconstruía durante una temporada que degeneró en fiasco: segundo en la Liga contra el Valencia y tristes despedidas en cuartos de la Copa del Rey y octavos de la Copa UEFA frente a Zaragoza y Celtic de Glasgow, respectivamente.

En el verano de 2004, la limpia del técnico fue descomunal: salieron seis compatriotas suyos, herencia de la etapa de Van Gaal, además de otros jugadores importantes como Luis Enrique, Saviola, Quaresma o Luis García, y se reforzó con savia nueva: Etoo, Deco, Giuly, Albertini, Larsson, Edmilson, Belletti... y un tal Leo Messi que subió definitivamente al primer equipo.

Después de hacer toda la pretemporada con los mayores, Rijkaard no hizo debutar a Messi en partido oficial hasta el 16 de octubre, con 17 años y 92 días, en un derbi frente al Espanyol en Montjuïc, cuando suplió a Deco en el tramo final y luciendo el dorsal 30. Aquella temporada aún la vivió a caballo entre los profesionales y el filial, y aunque la Liga que ganó el Barcelona figura en su palmarés, no fue lo que se dice un jugador determinante: participó en nueve partidos oficiales, sólo dos de ellos como titular, y marcó un gol, el que selló la victoria (2-0) sobre el Albacete en la trigésima cuarta jornada, el 1 de mayo de 2005.

Fue el primero de los 447 tantos que acredita en Primera, lo que lo convierte en el máximo goleador de la historia de la Liga –Zarra quedó atrás hace más de un lustro– y el que inauguró una increíble carrera que lo ha llevado a superar, en enero de 2018, el millar de goles, si bien en estos recuentos siempre hay controversias porque se incluyen sin rigor algunos partidos benéficos u otras pachangas.