Humillación histórica de España a Alemania (6-0)

La Roja jugará la Final Four de la Liga de Naciones. Ferran Torres marcó tres goles y Sergio Ramos se marchó lesionado.

Ferrán Torres ha marcado tres goles a Alemania en SevillaJosé Manuel VidalEFE

España disfrutó como hacía tiempo que no lo hacía. Eligió el mejor rival para hacer el mejor partido. Volvió a sentirse poderosa, como en los tiempos en que lo ganaba todo. Entonces se cruzaba con Alemania –en la final de la Eurocopa 2008 y en la semifinal del Mundial dos años después–, pero bastaba un gol para apartarlos del camino. Y costaba ese gol. Nada que ver con la facilidad con que España goleó a los alemanes. Alemania se hizo pequeña y las dudas saltaron por los aires. La Roja sólo necesitaba ganar para alcanzar la fase final de la Liga de Naciones, pero hubiera marcado más goles si los hubiera necesitado. No había rival. España lo había borrado desde muy temprano. Desde el gol de Morata, que ya demostró que algo no era como se esperaba.

Fabián sacó desde la esquina y el delantero de la Juventus remató de cabeza en el segundo palo sin que nadie le molestara. Alemania no dominaba las jugadas a balón parado como se espera de su historia, pero tampoco le funcionaba el juego de ataque como se le debe exigir.

El gol de Morata acabó con la ambición alemana y elevó la moral de los españoles. El «7» de España hacía todo lo que se le pide a un delantero: en el remate, en el desmarque y aguantando la pelota para que jugaran sus compañeros. Todo eso sin que la defensa alemana le apretara demasiado.

Pero Morata sólo avisó de lo que venía, a pesar de que el partido no había comenzado demasiado bien. Canales se marchó pasados los primeros diez minutos por una lesión muscular. Pero como todo funcionaba, el jugador del Nápoles estuvo en el origen de ese primer gol. El cambio no debía afectar al estilo ni al juego de España. Y no afectó.

Más preocupante para España parecía la lesión de Sergio Ramos cuando se rozaba el final de la primera parte. El capitán se quedó sentado en el suelo, sujetándose la parte de atrás del muslo. Se marchó al banquillo con molestias musculares, entró Eric García y nada cambió.

A Ramos le dio tiempo a probar las manos de Neuer en un lanzamiento de falta antes de que empezara el festival.

España no necesitaba defenderse. Era un huracán desatado en busca de goles. Y eso que anularon otro a Morata, el decimocuarto del año, por un fuera de juego que no era. Si en la Liga de Naciones se aplicara el VAR, España hubiera sumado otro.

No repitió Morata, pero estaba Ferran Torres para sumar su primer triplete con España. El primer gol llegó al recoger un remate de Dani Olmo de cabeza que pegó en el larguero. La velocidad del delantero del City y su movilidad le hacían invisible para la defensa alemana. Y Rodri y Koke, que gobernaban con un criterio perfecto el centro del campo lo encontraban con facilidad.

Rodri marcó el tercero en un remate de cabeza a la salida de un córner, pero su labor empezaba mucho más atrás. Cortó varios de los primeros ataques de Alemania, cuando el equipo de Joachim Löw no se imaginaba todavía lo que vendría después. Y Koke lo acompañaba de manera perfecta. No parece que el capitán del Atlético haya estado dos años sin jugar con la selección. Ha regresado en su mejor momento, sin las dudas que mostraba en otras ocasiones. Heredó el brazalete de Ramos cuando se marchó lesionado y no podía haber mejor capitán en el campo.

Todo funcionaba y los laterales, Sergi Roberto y Gayá se sumaban a la fiesta. No pudo hacerlo Unai Simón, al que Luis Enrique parece haber elegido como su portero de manera definitiva –si hubiera algo definitivo en los planes del seleccionador, siempre dispuesto a introducir cambios para mejorar el equipo–.

España se gustaba y Luis Enrique cambió al tridente de ataque a la vez. Pero no se acabó la fiesta. La Roja estaba dispuesta a disfrutar hasta el último momento y cuando el partido se acababa, Rodri levantó la pelota por encima de la defensa para la entrada de Gayá, que llegó hasta el área pequeña para disputar el balón con Neuer y a tiempo de entregársela atrás a Oyarzabal para que marcara el sexto. Löw miraba al suelo. No quería verlo.