Baloncesto

86-98. La novena, inalcanzable

La Novena del Madrid fue la Sexta del Maccabi en una final que tuvo un desenlace terrible para el equipo de Pablo Laso. El grupo que llegaba casi de rebote a Milán, después de haber liquidado a los que iban a ser los anfitriones de la «Final Four», se cargó en la hora de la verdad primero al CSKA y luego al Madrid. Los dos grandes favoritos de las casas de apuestas cayeron ante un equipo que no tiene a los mejores jugadores, pero que ha creído en sus posibilidades más que nadie. Saber a lo que se juega tiene premio. Y ésa fue la gran virtud del Maccabi y el error mayúsculo en el que cayó el Madrid. Los de Laso no jugaron como querían, como saben y como habían anunciado. Los hebreos son una extraña mezcla de fe, de jugadores correctos que procuran no cometer errores, con un técnico excepcional y una afición que cree de forma masiva en imposibles. Porque su victoria en Milán así parecía, pero... El Real Madrid no fue capaz de vivir cómodo en ningún minuto de los 45 que duró el partido decisivo. Fue un equipo maniatado, sin soluciones, sin alternativas más allá de la inspiración individual de Sergio Rodríguez, un bloque que vivió atado en el día menos indicado.

Si Tyrese Rice fue el héroe de los amarillos en la semifinal ante el CSKA, el base se hizo más grande todavía en el día decisivo. Una sorpresa monumental. Fue el jugador definitivo en el tiempo extra. Tuvo un triple para evitar la prórroga. Lo falló, pero se tomó cumplida venganza minutos después. Si la prórroga del Maccabi fue espectacular, Rice cuajó cinco minutos de matrícula de honor. Anotó 14 de los 25 que sumaron los suyos y fue una pesadilla para todos los defensores que Pablo Laso decidió ofrecerle.

El Real Madrid perdió la final porque fue incapaz de ser fiel a todo lo que había hecho en buena parte de los partidos de la temporada. Llull cuajó su peor actuación en mucho tiempo; Rudy volvió a ser desactivado después de un arranque prometedor; del resto no se supo demasiado... Mirotic anotó su primera canasta cuando el marcador del pabellón ya señalaba el tercer cuarto; Bourousis fue uno de los pocos que se salvó porque con dos tiros libres logró mandar el partido a la prórroga y evitó que Schortsanitis fuera importante; Reyes terminó devorado por el escenario y los secundarios, que otras veces resultaron tan importantes, se limitaron a estar en la pista sin aportar nada.

El Madrid fue capaz de ir sorteando las trampas que planteó David Blatt hasta que en el tercer cuarto los problemas se hicieron indisimulables. Cada ataque se convirtió en un tormento. El balón estaba en manos de Sergio Rodríguez y raramente había alternativas a lo que ofreciera el base. El MVP de la competición trató de ejercer como tal y terminó como el máximo anotador de los suyos, pero también acabó hundido en el banquillo eliminado por las faltas. Quizá los que acusan al equipo de no ser demasiado duro encontraron nuevos argumentos para su posición. El Maccabi es un prodigio de intensidad, de variantes y de alternativas. Rice fue el que se vistió de héroe, pero hubo más protagonistas y todo sin que el que estaba llamado a serlo, Schortsanitis, tuviera un papel preponderante. En realidad el gigante fue el único obstáculo del Maccabi que logró resolver el Madrid. Su aportación fue intrascendente. Nada que ver con todo lo que sumaron los exteriores cuando la final tomó color.

Rice fue el ejecutor, pero antes encontró la ayuda de Hickman y Smith. Si a estos dos se los incluye en cualquier Maccabi de otra época no desentonarían. Exteriores, negros, correctos tiradores, tipos que saben hacer un poco de todo. Ellos contrarrestaron todo lo bueno, que tampoco fue demasiado, de Rudy y Sergio. Para complementar el trabajo de los exteriores surgió un pívot de esos que bastante hacen con trabajar en defensa y aprovechar los balones que va a disponer en ataque. Fue Tyus otra de las claves.

El Madrid resistió antes de deshilacharse porque Bourousis y Mirotic aparecieron al final. El pívot griego fue el encargado de prolongar la agonía y de dar paso a cinco minutos en los que sólo existió el Maccabi. Rice, como si siguiera en el estado de gracia que terminó el partido ante el CSKA, tomó las riendas del equipo e hizo lo que le dio la gana. Manejó la final a su antojo. Triples, penetraciones forzando faltas... El desenlace fue todavía más doloroso que hace un año ante el Olympiacos.

- Ficha técnica:

86 - Real Madrid (16+19+20+18+13): Llull (-), Darden (7), Rudy Fernández (15), Mirotic (12), Bourousis (12) -cinco inicial- Reyes (12), Sergio Rodríguez (21), Slaughter (2), Mejri (-), Carroll (5) y Díez (-).

98 - Maccabi Electra Tel Aviv (15+18+20+20+25): Ohayon (4), Hickman (18), Smith (15) Pnini (-), Schortsanitis (9) -cinco inicial- Tyus (12), Blu (14), Rice (26) e Ingles (-).

Árbitros: Christos Crhistodoulous (GRE), Sasa Pukl (SLO) y Milivoje Jovcic (SRB). Eliminaron por cinco faltas personales a Schortsanitis (min.34).

Incidencias: Final de la Euroliga, disputado en el Mediolanum Forum de Milán ante 11.843 espectadores.