Titán Desert: Viento, calor y el cobijo del cielo estrellado

Los tres primeros días de la Titán Desert & Garmin han sido duros, muy duros. El viento y el calor, sumados a los largos kilometrajes, dejan exhaustos a casi todos los corredores. La primera jornada se enfrentaron a 115 kilómetros de duras subidas, y según los corredores, pocas bajadas. Las fuerzas estaban intactas y muchos pagaron la generosidad de tirar, olvidando que todavía tienen cinco duros días por delante. La organización tenia estimado un tiempo de cierre de meta de 10 horas, pero visto la dureza del recorrido, decidieron ampliarlo a una hora mas, para, finalmente terminar repescando a todos los que llegaron fuera de control, alguno dos horas después del cierre.

En el campamento, los comentarios giraban alrededor de la enfermedad de Milton Ramos, se supone algo virico. Pudimos hablar con el y se le veía muy cansado. Nos confeso que se encontraba bastante mal y que haría lo imposible por salir al día siguiente, cosa que hizo. No solo es un gran deportista, si no una mejor persona, muy cercano al resto de corredores y a la gente de la zona, que le tiene adoptado, como los también hacemos los españoles con este hondureño de nacimiento.

Segunda etapa

El despertar del día siguiente es como un capítulo de la serie «Walking dead», con legiones de zombis que se dirigen a fila del wc. Después, un desayuno todo lo potente que puedan, momento en el que se prepararan algún bocadillito para mitad de ruta, y empezar con los pasos obligatorios para todo corredor: recogida de agua, tres litros obligatorios, control de firmas y a buscar la bicicleta, que previamente, los servicios mecánicos, si así lo han contratado, les habrán dejado en perfecto estado para la etapa de 112 kilómetros que le espera.

En teoría es una etapa bajadora, pero al final, es muy rodadora, ideal para los corredores altos y fuertes, esos que cuando llega la montaña, se dejan caer para subir a su ritmo.

Sin embargo a los mas flacos y potentes escaladores, les toca sufrir, como a Paula Quiñones, del equipo Compex. Ha sido una etapa rápida por lo que los corredores tendrán mucho mas tiempo para descansar.

La tercera etapa es temida por muchos porque deberán de cargar con todo lo necesario para pasar la noche en una jaima común, sin recibir la ayuda de sus mecánicos ni masajistas. Algunos corredores llevan la imagen de un mochilero, que es ese participante que porta el saco, la esterilla e incluso la ropa para el día siguiente. Lo que no se permite bajo ningún concepto es que nadie de la organización, haga esta labor, pero, somos latinos, poco más puedo decir. Al final de esta tercera etapa de 113 kilómetros, llegamos al campamento de Lamdouare, al pie de una imponente montaña. La tónica: viento y mas viento. Aun así, los corredores, a pesar de tener a Eolo de cara, llegan muy rápido a meta.

Después llega la hora de un descanso primordial con la comodidad justa. Unos portan colchonetas de los supermercados chinos, otros sofisticadas colchonetas de alta montaña, ligeras y cómodas.

El saco es otro clásico de esta etapa, desde la manta térmica al saco más ligero y confortable que os imaginéis. Todo para que el descanso sea el mejor posible. Además, tienen que limpiar y, al menos, engrasar la bicicleta. Después el diario breefing, donde se demuestra una vez mas, la solidaridad Titanica. Un corredor a roto un pedal y otro que ha tenido que abandonar, le cede los suyos.

Para terminar, todos a dos jaimas enormes a dormir, o intentarlo. Las gargantas relajadas producen un sonido similar al ronquido de un rinoceronte, con lo cual, por la mañana podemos ver a corredores por varios sitios del campamento, intentando, dormir bajo un cielo estrellado, el cielo del desierto marroquí que a algunos nos enamoró hace años.