Diana Marsá: «Algunos caballos son más inteligentes que muchas personas»

Ha sido la elegida por Suzuki Ibérica para su proyecto de patrocinio, con el objetivo de participar en los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.

Ha sido la elegida por Suzuki Ibérica para su proyecto de patrocinio, con el objetivo de participar en los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.

Diana Marsá vive en una cuadra, trota por la vida y galopa en la competición. Es una mujer que susurra, mima, cepilla, pasea y entrena a sus caballos. Una amazona que monta desde los cuatro años y que relincha cuando la presionan sin necesidad de dar ninguna coz. Suzuki Ibérica patrocinará a la joven con el objetivo de que participe en los Juegos Olímpicos de Tokio, que se celebrarán en 2020.

–¿Prefiere que vayamos al trote o al galope?

–Como quieras. Yo voy más al galope. Soy tranquila, pero en el trabajo me acelero.

–¿Qué le hace relinchar?

–Lo que menos me gusta es la presión, aunque siempre trato de superarla. Cuento con la ayuda de mi familia y de gente que me ayuda a tranquilizarme. El problema es que soy demasiado exigente conmigo misma.

–¿Cuándo trota?

–Cuando estoy en mi casa, relajada.

–¿Cuál es el mayor obstáculo que ha tenido que saltar?

–El del campeonato del mundo universitario, cuando tenía 23 años. Se celebró en Alemania. Se trata de una competición, que dura cinco días, en la que te dan caballos que no son tuyos. Logré el oro.

–Me refiero a su vida personal.

–Hasta ahora la suerte me ha sonreído. No he tenido problemas significativos.

–¿Por qué le gusta a Suzuki Ibérica?

–La confianza ha sido mutua. Les planteamos nuestras ideas en septiembre y se han movido mucho para sacar este proyecto adelante. Ésta es la oportunidad de mi vida. El objetivo no está al alcance de todos. Tendré que esforzarme al máximo.

–¿Qué tienen las olimpiadas de juego?

–Son el sueño de cualquier deportista. Una persona que llega a ese nivel sufre mucho en el camino. Aunque también disfruta, claro. No son un juego.

–¿Cuántos caballos le han regalado?

–Ahora cuento con seis caballos importantes. Mis padres me regalaron los dos primeros.

–Imagino que no les habrá mirado el diente...

–No (risas).

–Ha ganado más de cien concursos internacionales. ¿Lleva la cuenta?

–Pues no muy bien. Tuve un caballo hace un par de años que resultó ser un ganador innato.

–Y usted. ¿No se cansa de ganar?

–Soy bastante competitiva.

–¿Es el de la hípica un deporte elitista?

–Podría decirse. Es verdad que se requiere mucho dinero.

–¿Cómo debe ser la relación entre un jinete y su caballo?

–Lo más importante es conectar con ellos para maximizar su potencial. Hay que desarrollar una relación de confianza que les dé felicidad, buena salud y voluntad para ganar.

–¿De qué conexión me habla?

–De una emocional, hasta el punto de que uno piensa y siente, y el otro reacciona.

–¿Quién siente?

–Principalmente, el jinete. Cuando monto y siento algo, el caballo sabe que tiene que actuar, sin que yo se lo pida.

–¿Eso no es magia?

–Lo podrías llamar así.

–¿Qué hacen en la intimidad para conectar?

–Lo fundamental es el bienestar del animal. Algunos caballos son más inteligentes que muchas personas. La pena es que no puedan hablar.

–¿Y eso?

–Si hablaran podrían arreglar el mundo.

–¿Qué pensarán sus caballos de usted?

–Si cambiaran de propietario se darían cuenta de la suerte que tienen conmigo (risas).

–¿Ha aprendido algo de ellos?

–Sí. A tener mucha paciencia y seguridad, a ser muy disciplinada y a vencer cualquier tipo de miedo, porque el caballo lo sentiría.

–¿Y ellos de usted?

–Han progresado a nivel de salto.

–¿Quién ha domado a quién?

–Quizá en un principio me domaron, pero he llegado a un punto en el que me toca a mí domarlos a ellos. En el deporte es muy importante que el jinete domine. En los desempates, que son pruebas de velocidad, cuando tienes un caballo que quiere ganar te transmite una sensación brutal. Hay que ir con él y seguir su intuición, que a veces es mejor que la del jinete.

–¿Y en la vida diaria?

–Los caballos pueden tener mejor intuición que las personas.

–¿Son parte de su familia?

–Completamente. Para mantener una cuadra es fundamental hacer comercio, pero yo tengo un par de caballos, criados por nosotros, que no vendería por nada.

–¿Nada es nada?

–Bueno, nunca se sabe. Pero me costaría mucho venderlos.

–¿Cuál es su sueño?

–Llegar a los Juegos Olímpicos y seguir trabajando para ir a los siguientes. Tenemos la suerte de que en este deporte no hay edad, ni diferencias entre hombres y mujeres, ni entre caballos y yeguas.