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Martí Perarnau: «El fútbol es muy difícil de contar con palabras»

En «La evolución táctica del fútbol» analiza y documenta el desarrollo de este deporte en sus primeras décadas con un resultado mucho más ameno de lo que sugiere el título

Martí Perarnau
Martí Perarnau FOTO: Editorial Córner Córner

Seis años le ha costado a Martí Perarnau escribir «La evolución táctica del fútbol» (Editorial Córner), un estudio sobre el desarrollo del fútbol en sus primeros años de la mano del falso 9, una figura que «inventó» el uruguayo Piendibene en los primeros años del siglo XX mucho tiempo antes de que se acuñara el término.

¿Por qué esa fascinación por el falso 9? ¿Es el cambio táctico más importante?

El más importante no, pero sí el más desconocido. En el fondo, en sí mismo tiene una esencia de engaño, de misterio o de pasar desapercibido. El portero, el extremo o el central no puede pasar desapercibido. Cambian sus cualidades, pero es lo que es. En cambio, el falso 9 es engaño, es señuelo, es vagabundear, es esconderse. En todas las hemerotecas al portero se le llama portero, al zaguero se le llama zaguero, pero al falso nueve no se le pone nombre porque pasa desapercibido. No es el más importante, pero al ser el más misterioso o el más enigmático ir de su mano me parecía interesante.

¿Cómo llega a Piendibene?

Quien me pone en su camino es un árbitro inglés, que yo también alucino un poco. Es un árbitro inglés que escribió un libro muy bueno sobre un entrenador inglés desconocidísimo, George Raynor, que era el seleccionador sueco que ganó los Juegos Olímpicos de 1948 y fue finalista en el Mundial del 58, el Mundial de Pelé. Es un entrenador del que apenas hablo porque está fuera de la horquilla de años. Y eso lo escribió un ex árbitro inglés que se documentó mucho y me pareció un libro muy bueno. Este George Raynor había sido jugador y había jugado con Norman Bullock, que es el segundo falso nueve de la historia, Yo contacto con este árbitro para preguntarle cosas sobre Norman Bullock, que él ya consideraba que era el primer falso nueve inglés. Eso parecía muy evidente y las crónicas lo certifican, pero él me puso en la ruta de Piendibene. Y buscando cosas encontré citas de esa gran documentación del fútbol uruguayo. Y allí ya buceando en eso, leyéndomelo todo, hay una gran cantidad de referencias a Piendibene y a su manera de jugar. Ninguno le cataloga de falso 9 porque en aquella época no existía esa etiqueta. En cambio, lo que describen de cómo jugaba Piendibenje, qué hacía, por dónde se movía, todo eso sí es la descripción del falso 9. A veces son casualidades las que me han llevado a eso.

El libro parece fruto de un trabajo largo. ¿Cuánto tiempo le ha dedicado?

Fueron seis años. Yo no me he recuperado todavía. No seis años con la misma intensidad, pero sí recuerdo que en 2015 empiezo el proceso en Múnich a partir de conversaciones sobre todo con Domenech Torrent [ayudante de Guardiola] sobre cómo empezó el marcaje en zona, quién empezó el marcaje al hombre, preguntas de ese tipo. Allí ya hice un guión que discutí con Seirul.lo [preparador físico], con Lillo, y a partir de ahí ya empezó. En realidad el ciclo completo son seis años. Lillo es un espectáculo. Un tipo que no sólo tiene una gran cultura general y una gran cultura futbolística sino que además tiene una capacidad de ver las cosas desde algunos ángulos que a otros se nos escapan. Y ésa es una de sus virtudes. Su visión de la influencia del reglamento en el juego, por ejemplo, es muy relevante.

Puede parecer una obviedad que el reglamento condiciona el fútbol, pero no es tan obvio.

Exacto. Parece obvio en el sentido de que lo tenemos muy asumido, pero si lo deshuesas un poco, tiene muchos conceptos que impregnan la filosofía del juego. Gana el equipo que marca más goles, con lo cual está dándole una prioridad a la orientación ofensiva respecto a la defensiva. Las medidas del campo están dando un valor a la amplitud del ataque que es un concepto del juego que tiene mucho relieve. Lo del fuera de juego ya fue escandaloso, fue un tsunami, lo que supuso. Lo que vivimos todos en el año 92 con la cesión al portero, la relevancia que ha llegado a tener en todo, en el juego, en cómo son los porteros, en cómo son los defensas. Ha tenido una influencia decisiva en lo que hoy vemos y sin embargo lo damos tanto por asumido que no le damos relevancia.

¿Ha sido muy complicado documentarse sobre épocas de las que no hay vídeos? ¿Hay documentación de esas épocas?

Mucho. Me he comprado centenares de libros antiguos y hemerotecas antiguas hay muy buenas. Están bastante desperdigadas, no hay una base de datos que las reúna todas, pero hay auténticas joyas. Hay una base de datos austriaca maravillosa, hay una documentación uruguaya maravillosa, las hemerotecas inglesas, por supuesto. Hay crónicas de todos los partidos uno por uno, año por año y con mucho detalle porque también era esa época en la que al no haber televisión el periodista tenía que explicar a su lector que el Liverpool había ido al campo del Arsenal y lo que había ocurrido era lo siguiente. Y eso tenía que estar muy detallado. De eso hay mucho, pero muy desperdigado.

¿Escribir «La evolución táctica del fútbol» ha cambiado su manera de ver el fútbol?

Yo diría que sí. Me ha respondido esas preguntas que yo mismo tenía desde hace tiempo, me ha dado un conocimiento de cómo han ido evolucionando y por qué han ido evolucionando las cosas. Y hoy sí miro más el fútbol desde esas distintas etapas que ha ido recorriendo el juego desde sus orígenes. Me fijo más en la aplicación actual de todos esos inventos en el juego.

Portada de "La evolución táctica del fútbol"
Portada de "La evolución táctica del fútbol" FOTO: Editorial Córner

¿Simplificamos demasiado los periodistas al hablar de sistema?

Yo creo que no es un problema de los periodistas, la razón principal es que el fútbol es muy difícil de contar con palabras. Hay otras cosas que son muy difíciles de contar con palabras, cómo se hace el nudo de la corbata o el nudo corredero de un barco. Y al final te tienen que poner unas instrucciones con dibujitos para que sepas cómo se hace un nudo corredizo. El fútbol tiene una gran parte de esa problemática, por eso yo creo que se utilizan tanto las metáforas para intentar aproximar al lector o al oyente a lo que está ocurriendo, que es muy difícil de explicar. El fútbol es un juego sencillo, pero como deporte tiene una alta complejidad y es difícil de explicar con palabras. Y a partir de ahí viene la necesidad de metáforas, necesidad de etiquetar jugadores o sistemas, necesidad de poner números a unos despliegues de movimientos que son complejos y que no están nunca como dicen los números. Ni siquiera en el saque inicial.

A usted, que ha sido atleta olímpico, ¿de dónde le viene esta pasión por el fútbol?

Yo recuerdo estar en una pista de atletismo en Barcelona, donde empecé y donde mi padre me llevaba con tres meses, y recuerdo estar dando al balón con Fernando Goyvaerts, un delantero belga que jugó en el Barça y en el Madrid. Pasó un verano entrenándose allí y nos pasábamos el balón, desde siempre me gustó mucho. Desde siempre.