Cargando...
Sección patrocinada por:

Opinion

El Atlético y un cambio incomprensible

Lo del segundo tiempo de los rojiblancos ante el Real Oviedo en el Metropolitano fue grotesco

Simeone da indicaciones en el partido ante el Real Oviedo AFP7 vía Europa PressEUROPA PRESS

El que quiera ver el vaso medio lleno en el Atlético después de la victoria ante el Oviedo tiene motivos para ello. Puede agarrarse perfectamente a lo apretado del calendario y concluir que entre un partido de Champions frente al Inter y el encuentro adelantado de mañana en el Camp Nou, en un plazo de siete días, para qué jugar más de media hora al fútbol contra el Oviedo en casa. Con ese rato ha valido para ganar el partido. Para muchos es tan comprensible que no se plantean que pueda haber otra manera de contemporizar un partido más allá de regalar el balón y el campo al rival por muy flojo que sea y colgarte del larguero. Fue lo que hizo el Atlético en el Metropolitano ante un rival que parece condenado al descenso.

Es una pena que con una dinámica tan positiva como la que tiene el equipo, con tanta posibilidad de rotaciones que hacen imposible que muchos futbolistas tengan demasiados partidos en las piernas, que jugando en casa, ante tu afición y pudiendo dar un poquito de espectáculo, de entretener a la parroquia y de divertir, tomes la decisión de que durante una hora lo mejor que puede ocurrir es, precisamente, que no pase nada de nada. Si con 2-0 en el marcador, después de una primera media hora muy buena, los de Simeone decidieron dar un paso atrás, lo del segundo tiempo fue grotesco. Una línea de seis defensas, tres medios y un punta, todos en campo propio, como si de defender un 1-0 en una final de Champions se tratara. Y el rival era el Real Oviedo, un recién ascendido, colista y con siete goles a favor en el campeonato.

Por si parecía poco, el Cholo decidió que a falta de cinco minutos para el final el Atlético necesitaba la presencia de Giménez en el campo. Fue un acto sólo comprensible como una irónica provocación. La lógica le lleva a uno a pensar que no hay ninguna necesidad de ver dos caras tan opuestas en un mismo partido, pero mientras se gane no hay lógica que valga. O eso parece ser. Al menos mientras el listón esté sólo en ganar. Veremos qué sucede mañana en la visita al Barcelona.