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Joaquín, las dos copas de un genio inagotable

El crack portuense, camino de cumplir los 38 años, busca su tercera Copa del Rey después de alzar una con el Betis y otra con el Valencia.

  • Joaquín, las dos copas de un genio inagotable

Tiempo de lectura 4 min.

07 de febrero de 2019. 03:13h

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Lucas Haurie .  7/2/2019

Joaquín Sánchez es una gran estrella del fútbol español a pesar de su exiguo palmarés, en el que sólo figuran dos Copas del Rey. El 25 de mayo, en el Benito Villamarín, quiere ganar la tercera cuando le falten sólo dos meses para cumplir 38 años, una edad en la que la mayoría de sus colegas ya gozan de su dorada jubilación. A él le queda otra temporada de contrato, hasta el borde de los 39, y la ilusión de llegar a la cuarentena con la camiseta de «su» Betis puesta. Y ese posesivo es más pertinente que nunca, porque el crack portuense compró hace un año un importante paquete de acciones del club verdiblanco donde, cuando se retire, será lo que él quiera.

Todo en la semifinal que Betis y Valencia empiezan a dirimir esta noche en el Benito Villamarín gira en torno a Joaquín, que es el único superviviente del título copero ganado por los béticos en 2005... y del alzado por los levantinos en 2008. Ninguno de los dos clubes abre su sala de trofeos desde entonces y tampoco Joaquín, ha quedado escrito, engordó su palmarés ni en el Málaga ni en la Fiorentina.

La primavera de 2005, cuando en el banquillo del Betis se sentaba quien hoy es el vicepresidente deportivo de la entidad, Lorenzo Serra Ferrer, jamás la olvidará Joaquín. El equipo verdiblanco no sólo ganó su segunda Copa del Rey, sino que arrebató, en un espectacular «rush» final liguero, la plaza de Liga de Campeones al Sevilla, que festejaba su centenario. «Aquí está la Copa del centenario», gritaba en su gira por las peñas béticas el atrabiliario Lopera... que se presentó con el trofeo, con la Copa, en la boda de Joaquín, celebrada sólo unas cuantas semanas después de la conquista.

Cortejado por Chelsea y Real Madrid, entre otros, Joaquín eligió marcharse a Valencia un año más tarde, justo tras el Mundial de Alemania, el segundo que disputaba antes de cumplir los 25. La llegada del portuense coincidió con el inicio del declive en la entidad che, que venía de vivir la época más dorada de su historia, pero a la que sólo le quedaba por deparar el canto del cisne de la Copa del Rey de 2008. En los octavos de final, cuando Ronald Koeman ya había suplido a Quique Flores en un banquillo que era más bien una silla eyectable, se midieron Valencia y Betis, en el último duelo en la competición de los semifinalistas de hoy. Pasaron los valencianos, llevando el balance histórico hasta el rotundo 7-1 que lucen en eliminatorias contra los béticos.

En ese mes de enero, Koeman ya había decidido que Joaquín no entraría demasiado en sus planes. La Copa era el torneo de las rotaciones y por eso dio descanso el holandés a sus atacantes más competentes (Villa, Vicente, Morientes...) y colocó al gaditano como delantero, acompañando a Arizmendi. El partido de ida, en Sevilla, quedó 1-2 y Joaquín fue el autor de los dos goles visitantes. Marcó otros dos tantos en las siguientes eliminatorias, lo que no fue suficiente para que Koeman le concediese ni un minuto en la final ganada al Getafe. Por el camino, uno de los mejores extremos diestros del mundo dejó de ir a la Selección. «Luis me metió en la última lista antes de la Eurocopa, en marzo, pero me advirtió que no me llevaría a Austria si no jugaba con mi equipo en el tramo final de la temporada. Por culpa de Koeman, me quedé sin participar en los títulos de España», relató hace dos años a LA RAZÓN. Joaquín es un bendito incapaz de hablar mal de nadie, ni siquiera del tuercebotas que más patadas le haya dado, pero cuando se refiere a Koeman frunce el ceño y le centellean los ojos.

Diecinueve años después de su debut con el Betis, la estrella a la que no hacen falta títulos busca el tercer galardón de su carrera a costa del equipo al que llevó a ganar uno de ellos al marcarle dos goles al club de su vida, con el que ganó el primera. Y la final se jugará en el Benito Villamarín. Se mire por donde se mire, es la Copa de Joaquín.

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