Ciclismo

El Tour puede otra vez con Enric Mas

En la bajada del Vivero, el balear se fue al suelo y acaba retirándose en el emocionante arranque del Tour en Bilbao. Adam Yates se impuso por delante de su hermano Simon y se vistió con el primer amarillo

Adam Yates es el primer líder del Tour
Adam Yates es el primer líder del TourCHRISTOPHE PETIT TESSONAgencia EFE

El primer mal síntoma para un ciclista y todo su entorno más cercano cuando se cae es que lo primero que haga no sea buscar su bicicleta para seguir. Aunque sea ensangrentado. Aunque sea dolorido. Lo único que cuenta entonces es volver a subirse al caballo con dos ruedas, pedalear como se pueda y llegar a meta con el menor tiempo perdido. En el Tour de 2003, cuando Joseba Beloki se rompió en mil pedazos persiguiendo a Lance Armstrong y se fue al suelo por culpa del asfalto caliente y derretido, fracturado como estaba y chillando de dolor le gritó a Manolo Saiz, su director en la ONCE: "Manolo, levántame y súbeme a la bicicleta". No sabía el vitoriano que a partir de ese día tenía que volver a aprender incluso a volver a andar.

Veinte años más tarde el Tour parte de Bilbao, una fiesta sin igual, y en la bajada del Vivero, una cima ya mítica en el ciclismo vasco, Enric Mas se va al suelo. También Richard Carapaz. El ecuatoriano, sangre en ambas rodillas, se levanta como puede y, aunque retorciéndose de dolor, rechinando los dientes, se monta en la bici y acaba la etapa. Enric Mas ni siquiera puede mirarla. A su lado, Yvonne Ledanois le consuela como puede. Cerca está también Aritz Berruezo, el mecánico que va en el coche de carrera junto al director francés del Movistar. Él es el encargado de dar la bici a Enric. "Sólo me he limitado a bajar la de repuesto del coche y he esperado cerca, a ver si venía a por ella", dice. Pero Mas ni se mueve. Está en shock. Ni mira la bicicleta. No puede. Malo.

Mientras, el Tour se marcha camino del barrio de Begoña donde está la meta. Donde Enric Mas no va a llegar. Así de cruel es esta carrera, tal y como dice Javier Mínguez, el seleccionador que llevó a Valverde hasta el arcoíris en Innsbruck, "un toro que te embiste sin piedad". En la primera etapa pudo con Enric Mas. Medio año dando la vida por completo para preparar esta carrera, cada mañana levantándose pensando en este Tour, midiendo cada detalle, pesando hasta el último grano de arroz que llevarse a la boca para afinar al máximo. Entrenos, series, medir los vatios, cronometrarse en cada puerto. Todo para que en cuestión de segundos se vaya al traste.

Mientras Enric Mas sigue en shock, "sólo me ha dicho que se ha caído, con lo bien que estaba, y el médico ya nos ha dicho que el omoplato y la escapula estaban tocados, que no iba a poder seguir", dice Chente García Acosta del momento que llega al lugar del fatal accidente que le cuesta la retirada al mallorquín, mientras eso sucede y él sigue en shock, el Tour se marcha, sigue. El Jumbo-Visma aprieta en Pike Bidea, donde estalla la fiesta con la fiel hinchada vasca, pero enseguida, el UAE-Emirates demuestra a qué ha venido a este Tour.

A por la revancha. Primero es Grosschartner quien lo prueba y luego Adam Yates, un ciclista genial fichado a golpe de talonario para ser lugarteniente de Pogacar, en todos los sentidos. En Bilbao los flashes estaban reservados para él. El esloveno apretó con ganas de probar a Vingegaard, que rápido se soldó a su rueda. Pero esa será otra batalla, para otra tarde de julio, ya en las montañas.

Pogacar le cedió las fotos a Yates. Atacó y el único que pudo seguirle fue su hermano. El peor rival posible. El que mejor le conoce. Ambos, dos corredores extraordinarios y explosivos, tan bueno el uno como el otro. Si uno tiene una Vuelta a España, el otro una Clásica de San Sebastián. Dos enamorados de Euskadi, acumulan triunfos en esta tierra que tan bien se les da a sus piernas enjutas y explosivas. Nadie mejor que ellos para honrar a este Tour que parte de Bilbao. Primero y segundo. Adam y Simon. "Nuestros padres nos siguen toda la carrera en caravana. Estoy seguro que al vernos a los dos estarán súper orgullosos de sus hijos".

"El peor inicio posible"

Patxi Vila, jefe de rendimiento del equipo Movistar, no dudaba en señalar tras la etapa que "hemos empezado el Tour de la peor manera posible. Ahora nos toca rearmar al equipo, reinventarnos. Hemos venido con mucha ilusión y la tenemos que mantener". Chente García Acostaba contaba que "nada más llegar ya nos ha dicho que no podía mover el brazo", y Sebastián Unzué, coincidía y subrayaba que "ahora hay que buscar otra motivación". Le apenaba al técnico navarro porque contaba que "Enric estaba muy enchufado, se le veía la sonrisa de los días buenos". Aún así, promete que "no nos vamos a ir sin dar guerra".