La barra libre de la UE amenaza el mercado único

Bruselas trata de amortiguar los daños a las empresas con un fondo de 300.000 millones

La excepcionalidad del coronavirus ha puesto en el alambre uno de los grandes logros del proyecto de integración europeo: el mercado común. Ante la severos estragos económicos y las perdidas multimillonarias de las empresas, el ejecutivo comunitario ha dado de facto barra libre a los Estados para que inyecten capital en las compañías con el objetivo de salvarlas y que no caigan en las fauces de adquisiciones hostiles por parte de inversores internacionales, en una relajación sin precedentes de la legislación sobre las ayudas de Estado. El escenario que puede emerger tras la batalla deja una imagen desoladora y asimétrica: mientras los países con unas finanza públicas solventes han podido salir al rescate con toda la artillería pesada, los que arrastran las heridas de la Gran Depresión apenas se atreven a beneficiarse de la bula general otorgada por Bruselas. ¿Significa esto que estamos en la ley de la selva? ¿sólo sobrevivirá el más fuerte?

En las últimas semanas hemos vivido una cascada de planes de ayuda que en algunos casos incluyen nacionalizaciones temporales, permitidas por Bruselas siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones. Los Estados miembros han salido al rescate de sus compañías de bandera: Alemania con Lufthansa, Tui y Adidas; Francia con Renault, Fnac-Darty y Air France e Italia con Fiat-Chrysler, Autogrill y Alitalia. A pesar de que hay sectores fuertemente castigados y de los que dependen muchos puestos de trabajo, como las compañías aéreas, Bruselas cree que la diversidad de los intereses no permite un plan europeo ad-hoc y por eso se ha limitado a permitir que cada Estado actúe por su cuenta y riesgo.

Los números no pueden ser más elocuentes. Aunque las cifras van presentando ligeras variaciones según Bruselas da luz verde a los diferente planes nacionales, mientras Alemania concentra casi el 50% de las subvenciones aprobadas por el ejecutivo comunitario y espera gastar el 30% de su PIB en sacar a flote a sus empresas, Italia y Francia superan el 10% mientras España tan sólo llega al raquítico 4% . Un nuevo repliegue en el Estado- nación.

Consciente de las circunstancias

La Comisión Europea ha propuesto un fondo específico que pretende movilizar hasta 300.000 millones de euros en aras de paliar estas deficiencias, pero cuya puesta en marcha está sujeta a muchos interrogantes. Según los cálculos del ejecutivo comunitario, las empresas europeas van a perder este año 720.000 millones de euros en un escenario optimista. Si los planes de desconfinamiento causan nuevos rebrotes y se producen nuevas oleadas de contagio y medidas de reclusión, esta cifra podría escalar a los 1,2 billones y la contracción económica llegar hasta el 16% del PIB. Esto significa que la mitad de las compañías del territorio comunitario pueden estar en riesgo de quiebra. Debido a la frágil línea que separa los problemas de liquidez de los de solvencia, Bruselas aspira a que una parte de este dinero pueda llegar este año a finales del verano (unos 5.000 millones de euros en garantías), aunque el grueso de la ayuda se concentrará a partir de 2021, cuando comienza el nuevo periodo presupuestario. Se pretende que el 60% de los fondos puedan movilizarse en los dos primeros años.

Bruselas no propone entrar directamente en el capital de las empresas, sino que ofrece una garantía de 31.000 millones de euros para movilizar capital privado y público (entidades como el Instituto de Crédito Oficial en España) a través del Banco Europeo de Inversiones y gracias a la reducción de riesgos que supone contar con el aval del presupuesto europeo y su máxima calificación crediticia triple A. Deben cumplirse varias condiciones: las empresas auxiliadas deben ser viables, en aras de no mantener con vida a compañías zombies; demostrarse que los problemas se deben a la crisis ocasionada por el coronavirus y no a situaciones precedentes; y los inversores públicos y privados que se beneficiarán de estas garantías europeas deben estar radicados y operar en territorio comunitario.

Aunque esta propuesta no contiene cantidades asignadas por países, el analista del think tankBruegel Zsolt Darvas calcula que España e Italia se beneficiarán cada una con un 20% de este fondo, mientras Alemania conseguirá alrededor de un 7%. Darvas recuerda que el Gobierno alemán ha incrementado las cantidades garantizadas por el Estado hasta los 932.000 millones de euros, una cantidad mucho mayor que la asignada por Bruselas para todos los estados europeos. Además, Berlín ha destinado 100.000 millones suplementarios para recapitalizaciones. «Por eso, aunque la nueva propuesta de la Comisión Europea es audaz, va en la buena dirección y puede suponer ayuda significativa para Italia y España, desafortunadamente hará muy poco para corregir el impacto de las desiguales medidas nacionales», asegura este analista la Razón.

Antes estos negros presagios, ¿puede implosionar el mercado común? «Yo no llamaría a esta situación explosiva aunque claramente los países con mayor margen fiscal pueden proveer de muchas más ayudas que los país con mayores limitaciones. Esto puede implicar, por ejemplo, que más empresas italianas y españolas irán a la bancarrota en comparación con las alemanas y holandesas. Desafortunadamente, un mayor porcentaje del modelo económico dependiente del sector turístico, tal y como sucede en España e Italia, también redunda como factor negativo», explica Darvas.

Debido a esta situación, España e Italia pretenden que el Plan de Recuperación Europeo, bautizado por el ejecutivo comunitario como Next Generation EU, sea lo más ambicioso posible y que los «halcones del norte» –Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia– den su brazo a torcer y acepten los 500.000 millones de subvenciones a fondo perdido propuestas por Bruselas. En esta propuesta, Italia y España serían los países más beneficiados a cambio de modernizar sus economías con proyectos y reformas basados en la doble transición energética y digital que exige la Comisión Europea. Países Bajos es el cuarto miembro del club que más se beneficia del mercado común por detrás de Luxemburgo, Irlanda y Bélgica y le siguen a a la zaga Austria y Dinamarca, mientras Suecia queda como octavo país. La pobreza de los vecinos del sur no parece beneficiar a los del norte, ya que estos últimos necesitan de los primeros para venderles sus productos. En el caso de la Haya, más del 70% de las exportaciones van a parar a los socios europeos. La primera pista sobre el cariz que toman las negociaciones llegará con la cumbre del próximo 19 de junio, aunque se da por supuesto que será necesaria una cita extraordinaria en el mes de julio para que pueda producirse una acuerdo antes de la pausa de agosto. El tiempo apremia.