España pierde tres directores generales de la Comisión Europea y, además, no logra “colocar” a Calviño

De los cuatro que tenía España antes de la entrada de este Gobierno, solo queda uno. El Ejecutivo pierde presencia en los órganos de poder comunitarios ante la indiferencia del presidente

Cuando Pedro Sánchez llegó al poder, hace ahora ya más de dos años y un mes, nuestro país contaba con cuatro directores generales en la Comisión, mientras que desde el 1 de julio solo queda uno, lo que supone una clara reducción del peso y de la influencia en el órgano ejecutivo y burocrático de la UE. Además, hay que tener en cuenta que las Direcciones Generales de la Comisión son claves en el funcionamiento de la maquinaria comunitaria: los comisarios pasan al acabar su mandato, pero los directores generales permanecen, aunque vayan cambiando de puesto. «Son el auténtico poder y España está ahora mismo infrarrepresentada», resalta un experto comunitario.

La primera pérdida de una dirección general bajo el mandato de Pedro Sánchez se produjo justamente cuando formó su Gobierno y llamó a su lado a Nadia Calviño, que entonces era directora general de Presupuestos en la Comisión Europea. Eso sucedió en junio de 2018.

Hoy ha perdido también esa baza, pues la vicepresidenta española no presidirá finalmente el Eurogrupo. Para Sánchez era conveniente poner al frente de la economía a alguien que supuestamente defendía la ortodoxia de Bruselas. Sin embargo, en los meses posteriores Borrell se cruzó en su camino y Sánchez prefirió situar a este último al frente de la diplomacia europea, uno de los cinco cargos que son nombrados, propuestos o pactados en las Cumbres Europeas, sin esperar a la composición de la nueva Comisión Europea y lograr una comisaría de peso para Calviño. Desde entonces, esta última ha intentado salir del Gobierno español a puestos internacionales, sin haberlo logrado, por el momento. Ahora, para ser presidenta del Eurogrupo, debería haber continuado como ministra de Economía en España.

Pocos meses después, en septiembre de 2018, llegó la segunda baja entre los españoles que eran directores generales. Xavier Prats, un histórico de la Comisión desde antes de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea, cesó como director general de Salud y de Seguridad Alimentaria por jubilación.

Hace pocos días, el 1 de julio, se produjo la última baja del «periodo Sánchez», cuando cesó, también por jubilación, Luis Romero como director general del Servicio Jurídico.

En este momento, solo hay un español, Daniel Calleja, como director general de la Comisión Europea. Hasta principios de mes lo era de Medio Ambiente y desde hace nueve días ha sustituido al citado Luis Romero al frente de los asuntos jurídicos. Durante los últimos meses Calleja se había estado moviendo para ser secretario general de la Comisión Europea. Sin embargo, no ha podido rematar con éxito esta jugada.

En resumidas cuentas, España cuenta hoy con un único director general en los fogones de la cocina comunitaria, algo que no responde ni a su población, ni a su economía, ni a la representación medida en número de votos que tiene en otras instituciones comunitarias, como el Consejo de Ministros o el Parlamento Europeo.

«Es del todo incomprensible que no haya prestado más atención a lo largo de estos dos años, por lo menos, a mantener los cuatro puestos de directores generales con los que contaba en junio de 2018. Se trata de cargos claves en el organigrama comunitario. No lo comprendo», sentenciaba un alto funcionario no español de la Comisión Europea desde hace muchos años y perfecto conocedor del «pasilleo» en Bruselas.