Alicia Richart: «La tasa Google nos ahoga. No recaudará esos 1.000 millones y la inversión se irá»

La presidenta de la patronal tecnológica DigitalEs asegura que en España pagan más impuestos que en Europa: "Nos cae todo"

Barcelonesa de las de ocho apellidos catalanes, la presidenta de la patronal digital lleva dando tumbos por el mundo desde que acabó su ingeniería industrial. Agotada de su última experiencia exterior –levantar una fábrica para una petrolera en China– se afincó en Madrid, donde reside desde 2008. Después de teletrabajar sin parar desde casa hasta finales de mayo, cuando regresó al despacho –«me gusta salir»–, cuenta los días para volver a su paraíso en Sitges, donde tratará de desconectar, si le dejan. No en vano comanda una patronal con 50 multinacionales punteras que facturan el 4% del PIB, crean 250.000 empleos, mueven 5.000 millones en inversiones y pagan 9.000 millones de euros en impuestos. Como para desconectar...

–Esta crisis ha mostrado que buena parte del músculo industrial está deslocalizado. ¿Qué urge más, la digitalización o la reindustrialización?

–España tiene las mejores redes de Europa y las terceras del mundo después de Japón y Corea. Eso nos da ventaja, lo hemos visto con el confinamiento. Desde el 16 de marzo se produjo un test de estrés de nuestras redes porque, por primera vez, se juntaba en el mismo horario el teletrabajo y el ocio. Durante esos dos meses, las empresas de telecomunicaciones y de tecnología han permitido asegurar la actividad económica. Estas empresas han dado soporte a la lucha contra la pandemia. Han sido capaces de deslocalizar la gestión médica y llevarla a hoteles o a Ifema. Esta crisis ha acelerado procesos que eran inevitables. La industria española forma parte de cadenas globales de valor que están súperoptimizadas y esas industrias no se pueden centrar en ser competitivas solo por costes, sino en encontrar modelos de negocio que respondan a las necesidades. Hay que mutar a modelos de industria como servicio.

–¿Ha sido necesario reforzar las redes ante el mayor pico de tráfico de la historia?

–Tenemos unas redes muy robustas. El tráfico de voz aumentó un 40%, volvimos a llamar por teléfono. El tráfico de datos creció un 70%. El uso de plataformas como WhatsApp se multiplicó por seis y herramientas como Zoom, por ocho.

–Está a favor de que las empresas paguen impuestos donde operan, pero en contra de la tasa Google. ¿En qué quedamos?

–Somos partidarios de que se paguen impuestos donde se generan, porque si no surgen distorsiones en la competencia. Creemos que es justo. Lo que no estoy nada de acuerdo es con que España quiera llevar la voz cantante en esta cuestión. Más que facilitar que estas empresas operen en España, lo que están haciendo es ahogar esas líneas de actividad. Estamos en un mercado europeo e incluir nuevas medidas impositivas genera barreras a la inversión y eso penaliza a nuestro país. En este momento, la Tasa Google está en fase de enmiendas en el Congreso y cuanto más se retrase mejor, porque prefiero que haya un consenso europeo y que sea lo menos lesiva.

–¿Cree que esta tasa puede traer sanciones u otras medidas que lastren el despligue digital?

–Más que esas «presiones» internacionales por evitar esa tasa, las empresas siempre reaccionan mucho mas rápido. Si saben que se va a implantar esta tasa en España, van a llevarse esos nuevos negocios de datos a otros países. Solo por eso ya nos penaliza. El Gobierno cree que va a recaudar 1.000 millones de euros. Veremos... Creo que va a ser menos, es una intuición, por esa reacción de las empresas.

–¿Pagan más impuestos las tecnológicas en España que en el resto de Europa?

–Una parte del negocio, el de las telecomunicaciones, está regulado. Soportan una carga fiscal muy elevada y además tienen un alto compromiso con las inversiones. No hay que olvidar que en otras infraestructuras la financiación es pública y en este sector es 100% privada. Parece que a la administración se le olvidan la tasa del espectro, la contribución a RTVE, una carga muy elevada en el IAE... Esto elimina recursos que se deberían destinar a los despliegues y a la digitalización. Pagan más que en otros países de Europa porque, además, hay algunas tasas que son de aplicación voluntaria y en España nos las aplican todas. Nos cae todo. Tenemos un mercado que tiene interés comercial, pero ahora viene la inversión 5G. No hay que pasarse.

–Los impuestos a las «telecos» se parecen a los eléctricos, donde cabe todo y aún se paga por los antiguos postes de madera...

–Son los llamados impuestos ambientales, que son tendencia en las comunidades autónomas. Pero la fibra y las antenas no generan daños al medio ambiente. Así que son otra excusa para gravar al sector. Tenemos una competencia brutal con cinco operadores que soportan una carga fiscal enorme, lo que genera estrés en un sector fundamental.

–Tenemos la autopista construida y nos empeñamos en ir por la comarcal. ¿Somos poco ambiciosos?

–No lo creo. Cualquier cambio genera resistencias y son cambios muy rápidos. Solo en el ámbito de nuestros 50 asociados, hay 10.000 vacantes no cubiertas. El 75% de los nuevos empleos necesitarán habilidades digitales. Hay una frase del presidente de Telefónica, Álvarez-Pallete, que me gusta mucho. Dice que en esta revolución tecnológica contamos con una máquina de vapor en cada casa. Somos undécimos en la UE. En telecomunicaciones y en servicios públicos de la administración estamos bien situados, pero fallamos en las competencias digitales. Es probable que hayamos mejorado mucho durante el confinamiento en el uso de las herramientas digitales. La otra debilidad es la poca digitalización de las pymes.

El 5G nos va a cambiar la vida. Siempre hay resistencias ante los avances, pero yo no volvería al 2G. Hay que pensar en cómo vivíamos hace 13 años, cuando no había «smartphone»

–¿Cómo puede ayudar a una pyme la digitalización?

–Si cogemos una cuenta de resultados, la digitalización te ayuda a generar nuevos ingresos porque te permite acceder a nuevos clientes, a través de nuevos canales online. Con la analítica de datos puedes conseguir maximizar el beneficio de cada cliente, lo que implica un incremento de ingresos. En la parte de abajo de la cuenta de resultados, la automatización de procesos y el uso de herramientas digitales genera una reducción de costes operativos. Todas las pymes deberían de estar convencidas de la digitalización. La falta de conocimientos hace que algunas personas rechacen la tecnología.

–Esa resistencia ha creado un neoludismo digital. ¿Es el 5G el Anticristo?

– (Carcajada). Ante cualquier avance hay siempre quienes alertan del impacto de los riesgos: privacidad, concrentracion de datos, cambio en el empleo, más desigualdes... No hay nadie que quiera impulsar el crecimiento de su empresa sin tener en cuenta los riesgos.

–En esta paranoia anti-tecnológica hay quienes afirman que el 5G propaga virus. Desmiéntamenlo.

–Es un bulo, los virus no pueden viajar por las bandas de telecomunicaciones, por las frecuencias (ríe). Los virus se transmiten entre seres vivos. El microondas emite más radiación que cualquier otro aparato de telecomunicaciones. Si tuviera alguna evidencia en sentido contrario, me replantearía muchas cosas.

–¿Tienen que cotizar los robots a la Seguridad Social como piden los sindicatos?

–Los robots están cotizando. Las empresas ya pagan por los beneficios que logran. No sé cómo se va a definir el hecho imponible. Las horas laborales del robot son horas como las de cualquier máquina. ¿Dónde pones el límite sobre lo que es un robot? Se trata de que los operarios hagan tareas de mayor valor, no repetitivas y automatizadas sin valor alguno. Es un debate sin recorrido.

–¿No tiene pesadillas con un mundo frío y robotizado estilo «Blade Runner»?

–Para nada. No me da ningún miedo. A las personas nos encanta relacionarmos. La creatividad nunca va a estar suplida con máquinas. No hay que pensar en un mundo distópico en 2050 sino en cómo vivíamos hace solo 13 años, que no teníamos «smartphone». Yo no volvería al 2G.

–Ni al módem que chirriaba...

–Pues ya está (ríe). La tecnología facilita la comunicación.

–¿Cómo va a hacer más fácil nuestra vida el 5G?

–Nos va a cambiar la vida. Mejora la latencia de las comunicaciones, la velocidad en la que una señal llega a la otra y la replica. No sabemos ni los usos. Parece que va a ser muy importante para la sanidad y el coche autónomo. El 4G ha conectado a las personas, el 5G conecta a las cosas, lo que genera oportunidades en la industria. La velocidad de comunicación, cinco minisegundos, es tal que permitirá operar a distancia, conectar la nevera con los súper, el coche con las redes de tráfico...

–¿Con las subastas y el despligue, temen otro hachazo impositivo?

–El retraso de las subastas al primer trimestre de 2021 es muy coherente, pero estamos atentos a cualquier medida que pueda impactar al sector. Pedimos que la fiscalidad en las subastas sea equilibrada, tirando a baja y con seguridad jurídica. Se trata de transmitir confianza. Hay que ayudar a que esa inversión aterrice aquí. Hemos vivido en estos meses un momento «turbo» en el sector y esperamos no perder ese impulso.

–¿Qué le parece el veto de Trump y ahora de Reino Unido a los fabricantes chinos, asociados suyos?

–Hay que separar dos cuestiones. Por una lado está el desarrollo económico y técnico, y por otro la cuestión geopolítica, sobre la que no puedo opinar. Nuestra petición es que se acuerde una solución común a nivel UE para estadandarizar los niveles de seguridad.

–¿Pero es por espionaje?

–No lo sé. No soy espía. Y si lo fuera, no se lo diría.

–Negarlo es el primer paso...

– (Carcajada).