La inflación, un problema a punto de ser estructural

El IPC subyacente, un indicador a largo plazo, registra la tasa más alta desde 2012. El Gobierno prevé que el IPC medio en 2022 oscile entre el 3% y 4%, por encima del 3,1% de 2021

El respiro de la inflación general en enero ha desviado la atención del dato que los economistas consideran realmente preocupante: el de la inflación subyacente. Según el dato adelantado publicado ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice de Precios de Consumo (IPC) arrancó el año en el 6%, cinco décimas por debajo de la tasa interanual con la que cerró diciembre de 2021 (6,5%). Mientras, el IPC subyacente, que excluye del cálculo los alimentos no elaborados y los productos energéticos debido a su carácter transitorio, aumentó en enero tres décimas, hasta el 2,4%. Esta estimación se toma como índice adelantado del IPC general a largo plazo y augura que en 2022 la inflación podría tener un carácter estructural y rondar el 3,5% de media general, por encima del 3,1% de 2021, un año marcado por los altos precios de la electricidad.

La moderación del IPC interanual de enero, que supone la decimotercera tasa positiva consecutiva, se debe a la bajada de los precios de la electricidad, frente a la subida que registraron en enero de 2021. Los datos de la inflación, además, se difundieron por primera vez en la nueva base 2021, que modifica la cesta de la compra e incluye por primera vez mascarillas y suscripciones de prensa online, pero aplaza la incorporación de los datos del mercado libre de la electricidad al cálculo del IPC hasta obtener información lo suficientemente detallada de las suministradoras y por la situación errática del mercado eléctrico.

La inflación subyacente, en cambio, aumentó en enero tres décimas, hasta el 2,4%, la tasa más alta de la subyacente desde octubre de 2012. Este es el índice que los economistas y el Banco Central Europeo (BCE) toman como referencia «para analizar la tendencia inflacionaria asociada a factores estructurales», explica a LA RAZÓN Francisco Coll Morales, economista e investigador de la Fundación Civismo. Es decir, al extraer las partidas más volátiles, permite conocer si la inflación recogida será transitoria o estructural.

«En febrero, el IPC general comenzó a seguir una tendencia más alcista que el IPC subyacente. El problema es que la inflación subyacente está comenzando a subir y ya está por encima del 2%. Eso puede augurar que para 2022 podríamos tener una inflación general que ronde el 3,5% de media», explica Miguel Ángel Bernal, socio de Bernal & Sanz Bujanda. El propio Gobierno ha reconocido que la inflación de 2022 rondará esta cifra. En concreto, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, avanzó que el alza del IPC medio al cierre de 2022 oscilará entre el 3% y el 4%, ya que el rebote de los precios sufrido en 2021 se prolongará durante la primera parte de este año. No obstante, insistió en que organismos como «el Banco Central Europeo o el Banco de España prevén una caída de cara a la segunda parte del año». En su opinión, lo fundamental ahora es garantizar que sea un fenómeno «transitorio» y no estructural, por lo que ha abogado por «evitar que las tensiones geopolíticas lleven a un alza adicional en los precios de la energía», en alusión a la crisis abierta entre Rusia y Ucrania.

Bernal aclara que los carburantes y la energía «antes o después van a tirar del precio del resto de los productos». De esta manera, se espera que el IPC general y el subyacente confluyan en un punto medio: un 3,5%. «Esta tasa no es muy alta para los españoles, pero para los alemanes sí, lo que va a derivar en presiones enormes al BCE, sobre todo estando un ministro liberal al frente la cartera alemana de finanzas. Eso significaría dar por finalizado el programa de compras, algo que ya parece que va a ocurrir y que ya ha hecho la Reserva Federal, pero sin subida de tipos de interés. El problema es que cobre cuerpo esa subida de los tipos para el último trimestre del año. No es el escenario más probable, pero no hay que descartarlo, entre otras cosas porque el precio del barril de petróleo está por encima de los 90 dólares y el gas también está tensionado», concluye Migue Ángel Bernal.