España logrará en 2018 el primer superávit primario tras la crisis

El indicador mide la salud real de las cuentas públicas al excluir los intereses de la deuda, que alcanzarán los 33.000 millones al año

El indicador mide la salud real de las cuentas públicas al excluir los intereses de la deuda, que alcanzarán los 33.000 millones al año

El Estado está a punto de recuperar su capacidad de ahorro, algo que no sucede desde 2007, año previo al desencademaniento de la crisis financiera que desembocó en la recesión global. El Gobierno prevé un superávit primario del 0,5% para 2018, el primero en once años, que se incrementaría hasta el 1,3% en 2019 y alcanzaría el 2,1% en 2020, según los datos recogidos en la última actualización del Programa de Estabilidad remitido por el Ejecutivo a la Comisión Europea. El superávit primario es el saldo entre lo que el Estado ingresa a través de los impuestos, y lo que gasta en pagar a los funcionarios y poner en marcha sus políticas. No incluye lo que se abona en concepto de intereses de la deuda. Este superávit corresponde al Estado central, por lo que tampoco incluye a las comunidades autónomas y a la Seguridad Social.

Más allá del modesto ahorro que este superávit pueda generar –unos 4.000 millones, teniendo en cuenta que el PIB previsto para 2018 es de 1,2 billones de euros–, lo relevante del indicador es el cambio de tendencia que supone. Para este ejercicio, las proyecciones presupuestarias recogidas en el programa prevén un déficit primario del 0,4%, mientras que el año pasado se cerró con un desequilibrio del 1,7%, según el avance del cuadro.

Mejor desempeño

Una combinación de más ingresos y menos gastos hará posible este superávit. La estrategia fiscal del Gobierno pasa porque la ratio de ingresos crezca del 37,9% del PIB en 2016 al 38,7% en 2020 «gracias a la consolidación de las medidas normativas aprobadas recientemente y por la buena marcha de la economía, que ha incidido positivamente en las bases imponibles, generando un incremento de los ingresos». Por el lado del gasto, el Ejecutivo espera que la ratio se reduzca en tres puntos en el mismo periodo.

Incluyendo el pago de intereses de la deuda, el déficit para el año próximo será, según las previsiones, del 2,7%. La necesidad que tuvo España de acudir a los mercados ante la caída de sus ingresos en los años más duros de la recesión para financiar sus servicios públicos le sigue pasando una cuantiosa factura. Unos 33.000 millones de euros de media en el periodo 2017-2020, a razón de 32.200 millones de euros este año, 32.700 millones en 2018, 33.429 millones en 2019 y 32.968 millones de euros en 2020.

Un escenario de subida de tipos de interés empeoraría el saldo público. En un hipotético escenario de un aumento de 120 puntos básicos, el déficit acumularía una desviación del -0,4% este año, el -0,3% el que viene, el -0,4% en 2019 y el -0,5% en 2020. El cambio también afectaría al PIB, que mermaría un 0,8% este ejercicio, retroceso que alcanzaría el 1% en 2020. La deuda se dispararía un 2,5% en 2020. Los pagos por sus intereses no se desbordarían en la misma medida. Según el Ejecutivo, un elevado porcentaje del pasivo es a medio y largo plazo, por lo que un incremento de los tipos a corto no le afectaría.

No es previsible, en cualquier caso, que se vaya a producir una subida inmediata. En su última reunión, el Banco Central Europeo (BCE) enfrío las expectativas de cualquier incremento de tipos y los dejó en el 0% con previsión de mantenerlos incluso más allá del día que ponga fin a su política de compra de activos. Ello, pese a las presiones de Alemania, que insite en que existen señales positivas en la evolución de la economías más que suficientes para subirlos.

Si el que aumentase fuese el precio del petróleo y pasara, en promedio, a costar 6 euros más de los 50 previstos para este año y los 49,3 esperados el año próximo, el PIB podría caer alrededor del 0,5% respecto a su nivel del escenario base en 2020, según los cálculos del Gobierno. El déficit público sería un 0,2% superior al del escenario base. En este momento, el precio del crudo no se encuentra en una tendencia alcista. El viernes, el Brent cerró en 49,1 dólares el barril. Su precio se ha desplomado más de un 9 % en la última semana ante las dudas sobre la extensión del acuerdo entre la OPEP y otros grandes productores para limitar su producción, así como por una caída de la demanda desde China.