
Economía
Ignacio Súnico: "Retener talento exige no ver al empleado solo como una cifra económica"
La transformación de los espacios de trabajo refleja la flexibilidad y sostenibilidad que buscan empleados y empresas. Ignacio Súnico, fundador y director general de espacios Aine, habla de las tendencias en diseño de las sedes corporativas para 2026

En un momento en que muchas empresas se replantean su modelo presencial, híbrido o remoto, ¿cómo están evolucionando los espacios de trabajo en Barcelona?
Las oficinas se han ido adaptando a estos últimos años de pandemia y post-pandemia. Claramente, la predominancia es hacia el modelo híbrido. El trabajador quiere no perder la flexibilidad del trabajo que se consiguió en los años del COVID, y el modelo híbrido ha llegado para quedarse. Si quieres atraer a tus empleados a la oficina al menos unos días a la semana, no queda otra que ofrecer espacios cada vez más atractivos, agradables y funcionales, donde los trabajadores sientan que están casi como en casa, con espacios comunes que favorezcan la interrelación entre compañeros.
¿Qué papel juega hoy la oficina física en la cultura de empresa y en la retención del talento?
Siguen siendo necesarias, no hay duda. Pero es verdad que su función ha ido cambiando: ya no son únicamente ese espacio frío con mesas y portátiles donde trabajar; ahora buscamos algo más. Las oficinas deben ser útiles para las empresas y aportar un valor añadido al usuario, permitiéndole socializar con otros compañeros, compartir momentos o desconectar cuando sea necesario. Retener talento también implica reconocer al trabajador como una persona con una vida más allá del trabajo, y no como un mero empleado anónimo destinado a mejorar las cifras del grupo. Gran parte de la clave está en la flexibilidad horaria y en la capacidad de las empresas para adaptarse a las circunstancias personales que puedan surgir a sus empleados.
¿Qué diferencias detecta entre lo que piden las empresas y lo que realmente necesitan para que sus equipos funcionen mejor?
Aún hay tipologías y sectores de empresas a los que les cuesta comprender que esos espacios que, a simple vista en un plano o en una imagen en 3D, parecen una pérdida de metros cuadrados son realmente una inversión. El empleado prefiere espacios versátiles, zonas pensadas para reuniones breves, otros espacios de colaboración y brainstorming, áreas dinámicas y poder decidir si va aquí o allá en un momento determinado. El prototipo de trabajador que durante ocho horas se sienta en una silla ya no existe.
¿Qué tendencias de diseño están marcando el futuro de las grandes oficinas?
La tendencia ya está marcada desde hace unos años, es clara y global: vamos hacia espacios cada vez más dinámicos, más verdes y sostenibles, que estimulen el bienestar de los trabajadores. Los edificios cada vez son más sostenibles energéticamente, y los interiores también deben serlo.
¿Podría compartir algún caso en el que una decisión de diseño haya tenido un impacto medible en la productividad o el bienestar de una empresa?
A finales del 2021 diseñamos las nuevas oficinas de una empresa suiza de tecnología médica que se implantaba en Barcelona por primera vez. Un espacio diseñado inicialmente para unas 25-30 personas, en el que creían que todo el mundo iba a querer teletrabajar, terminó siendo, en boca de su director y de su office manager, «un espacio tan agradable que todo el mundo ahora quiere venir a la oficina». Un halago, pero también un reto, pues un año y medio más tarde, y gracias a que nos permitieron incluir espacios versátiles, han podido reconfigurar algunas zonas para dar cabida a más usuarios, manteniendo otras que sirvan de ocio y desconexión.
¿Cómo imaginan las grandes sedes corporativas de aquí a 10 años?
Cada vez más flexibles y versátiles. En un mundo en el que todo evoluciona rápidamente, serán inviables las oficinas rígidas. También tenderemos a más oficinas satélite, aquellas que no sean la gran sede corporativa, pero que estén igualmente equipadas para cubrir todas las necesidades actuales del usuario. Estas oficinas permitirán la descentralización, la apertura de nuevos mercados y, sin duda, ofrecerán más opciones al trabajador para decidir desde dónde quiere trabajar, sin necesidad de desplazarse 50 minutos cada día a su sede central en la gran ciudad. También ayudarán a atraer nuevo talento, al mejorar el equilibrio entre la vida laboral y personal.
¿Veremos entonces oficinas más pequeñas, más flexibles o, paradójicamente, más ambiciosas y experienciales?
Sí, sin duda. Habrá más oficinas satélite que permitan a las empresas adaptarse a los vaivenes comerciales con mayor agilidad y menor coste, y serán más experimentales. El trabajador ya no es solo trabajador, es usuario: vive, disfruta y exprime el lugar en el que pasa tantas horas al día.
¿Qué países o ciudades están marcando el ritmo en innovación en este campo y qué puede aprender Barcelona de ellos?
Valencia, Alicante y, sin duda, Málaga, que en pocos años se ha convertido en capital tecnológica del sur. Todo el mundo quiere estar allí, y no es casualidad. En Portugal destaca, especialmente Oporto, por su cercanía y menores costes laborales. Barcelona siempre ha sido una ciudad que se vende sola, pero en los últimos tiempos «vive más de rentas» y resulta menos atractiva de lo que fue. Quienes tienen capacidad de cambiar las cosas deberían replicar modelos que hoy funcionan.
Si tuvieran que definir en una frase su manera de entender la oficina del futuro, ¿cuál sería?
Estamos en fase de cambio constante, y la oficina del futuro será cada vez más tecnológica y menos oficina. Las oficinas serán lugares de encuentro para todas las partes del trabajo que no puedan hacerse online, porque tampoco podemos olvidar que el trabajo presencial propicia conexiones humanas más auténticas.
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