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La encrucijada de Hollande

La encrucijada de Hollande
La encrucijada de Hollandelarazon

Un año después de arrebatar el Elíseo a Nicolas Sarkozy, el socialista François Hollande es víctima del mayor desgaste político que ha sufrido un presidente de la V República. Apenas el 24% de los franceses defiende la política puesta en marcha por el líder socialista. Como el estadounidense Barack Obama, Hollande es víctima del síndrome posmoderno de decepcionar el sinfín de expectativas que creó. Su deseo de ser visto como el "presidente normal"tras cinco años de "hipepresidencialismo sakozysta"ha debilitado su liderazgo. Del mismo modo, su estrategia de huir de la confrontación directa y tratar de contentar a todos le ha enfrentado con amplios sectores de la sociedad francesas, incluidos aquellos que le llevaron al poder. Así, el líder del izquierdista Frente de Izquierdas, Jean-Luc Mélenchon, salió a la calle ayer para pedir al Gobierno un cambio de rumbo en su política económica en vista de que el paro no ha dejado de crecer y alcanzó en marzo la cifra récord de los cinco millones (11% de la población activa). Incluso en el seno del Partido Socialista crecen las voces que demandan al presidente de la república dar un golpe de timón para recuperar el terreno perdido.

Y es la economía precisamente el gran talón de aquiles de Hollande, que ni ha conseguido frenar la sangría del paro ni reducir el gasto público al 3% este año, tal y como prometió en su campaña. Según las previsiones, la diferencia entre los gastos y los ingresos del Estado se disparará en 2013 hasta el 3,7% y la economía continuará por segundo año consecutivo en encefalograma plano. Esta debilidad económica no sólo le debilita internamente, sino que le impide enfrentarse a la política de austeridad de Alemania, que junto con los medios financieros británicos, no se cansa de considerar a Francia el "enfermo de Europa".

Ni aquel Pacto de Crecimiento europeo que logró arrancar a Angela Merkel hace un año se le reconoce al inquilino del Elíseo. En cambio, la opinión más generalizada es que París ha renunciado al cambio de política europea y ha tenido que aplicar en casa las receta que tanto criticaba. Muestra de ello son los 40.000 millones de euros de recortes aprobados en los Presupuestos de 2013.

Con el programa en la mano, lo cierto es que Hollande ha cumplido muchas de sus sesenta promesas de campaña (impuesto del 75% para los ricos, matrimonio gay, mayor gasto en educación...) durante los últimos doce meses, pero nadie se lo reconoce por la grave situación económica y social que arrastra el país y que tan bien sabe espolear la ultraderecha del Frente Nacional, que reclama la salida del euro. Por si no tenía ya bastante, el escándalo del ministro del Presupuesto, Jérôme Cahuzac, que dimitió en marzo tras revelarse que poseía una cuenta en Suiza con 600.000 euros, han puesto en duda la "República irreprochable"que había prometido a los franceses.

Frente la impaciencia que domina a sus huestes, el impasible Hollande alude a la herencia recibida (¿les suena familiar?), insiste en que pronto se verán los resultados de las reformas y recuerda que "él ha hecho en un año lo que otros no han hecho en cinco". La incógnita es conocer hasta cuándo esperarán los franceses. De no recuperarse la economía a medio plazo, muchos descontentos pueden utilizar la municipales y europeas de 2014 para castigar el Gobierno. Los últimos sondeos alertan de que, de celebrarse ahora las presidenciales, el líder socialista no pasaría a la segunda vuelta al quedar por detrás de Nicolas Sarkozy y Marine Le Pen. Pero eso es sólo una encuesta y el "presidente tranquilo"sabe que la imputación de "Sarko"y las divisiones en la derecha entre François Fillon y Jean-François Copé le otorgan oxígeno suficiente para aguardar a que vengan tiempos mejores.

pgarcia@larazon.es