Puigdemont planea una crisis de gobierno para echar a Aragonés

Suenan tambores de guerra por el control de la Generalitat: Puigdemont y Torra planean crisis de gobierno y decapitar a ERC. Recuerdan que ellos ganaron las elecciones y no quieren perder el poder

Pere Aragonès y Carles Puigdemont, en una imagen de archivo / Twitter
Pere Aragonès y Carles Puigdemont, en una imagen de archivo / Twitter

El independentismo atraviesa una auténtica batalla entre JuntsXCat y Esquerra Republicana. Suenan tambores de guerra por el control de La Generalitat que, de ningún modo, quiere perder Carles Puigdemont. Según fuentes de su entorno, el ex presidente fugitivo y su sucesor, Quim Torra, planean una crisis de gobierno que aparte al actual vicepresidente, Pere Aragonés, y decapite a ERC. Puigdemont, ahora muy envalentonado por su acta de eurodiputado, no está dispuesto a permitir que el republicano asuma la presidencia del Govern ante la próxima inhabilitación de Torra. Las maniobras han llegado a los pasillos del Palau y el Parlament de Cataluña, dónde estos días se viven duros enfrentamientos. Dirigentes de Esquerra recuerdan que la sucesión de Torra ha de hacerse por consenso, en virtud del pacto de Legislatura suscrito por ambos partidos, pero los neoconvergentes aseguran que las órdenes del prófugo son tajantes. «Aragonés ha caído en desgracia», advierten estas fuentes.

Las reacciones fueron un fuego cruzado entre la portavoz de ERC, Marta Vilalta, y el presidente de JuntsXCat en el Parlament, Albert Batet. La republicana, que también participa en las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez, insistió en que debe respetarse el acuerdo de Govern para pactar la sucesión de Torra, pero de inmediato le respondió Batet, uno de los «halcones» neoconvergentes y hombre de absoluta confianza de Puigdemont: «Pueden pasar muchas cosas, hay que recordenar el espacio político entre el PDeCAT y la Crida por la República». La reacción de Marta Vilalta intentaba desactivar los planes del fugitivo, pero fuentes de su entorno advierten que no tiene intención alguna de permitir que Aragonés tome las riendas de La Generalitat. «Las elecciones las ganamos nosotros», recuerdan sobre los últimos resultados autonómicos que dieron la victoria a JuntsXCat por encima de ERC.

Semana negra

El actual vicepresidente, Pere Aragonés, ha vivido una semana negra. Su pacto con Los Comunes para subir el IRPF autonómico en más de dos puntos para las bases imponibles superiores a noventa mil euros, y en un punto adicional para las rentas más altas de ciento veinte mil, cayó como un jarro de agua fría en La Generalitat y en sectores empresariales de Cataluña. «Ha ido por libre», dicen en el círculo de Torra como prueba de que el decreto se aprobó a espaldas del presidente. La patronal catalana, Foment del Treball, que preside Josep Sánchez-Llibre, calificó la propuesta fiscal de «abusiva y confiscatoria». Para colmo, el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, el independentista muy próximo a ERC, Joan Canadell, culpó al «estado central y opresor» de la subida de impuestos en Cataluña, lo que según las fuentes consultadas enrarece el marco para la investidura de Sánchez.

En Esquerra están muy molestos por las filtraciones, atribuidas al PSOE, según las cuales el pacto de investidura de Sánchez está ya cerrado. «Ni mucho menos», dicen los republicanos sabedores de que ello les desgasta ante Puigdemont y Torra, quienes tienen la llave para la convocatoria de elecciones autonómicas. Sus planes pasan de momento por una remodelación del Govern que aparte a Pere Aragonés y montar un fiel «núcleo de hierro». Entre los nombres en la terna para vicepresidentes figuran el actual consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, el de Territorio, Damiá Calvet, y la portavoz en el Congreso, Laura Borrás, ahora bajo un proceso judicial pero de total confianza de Puigdemont y Torra. Por lo que no pasarán es por entregar todo el poder de La Generalitat a un republicano como Aragonés y, por consiguiente, a su eterno rival Oriol Junqueras.

Dentro de ERC tampoco el actual hombre fuerte las tiene todas consigo. El presidente del Parlament, Roger Torrent, es un peligroso adversario que tiene agenda propia y aspira también a liderar la lista republicana a La Generalitat. Desde el entorno de Torrent se lanzan estos días dardos envenenados hacia Aragonés, de quien recuerdan el pasado franquista de su familia en el Ayuntamiento de La Pineda. En privado, en el sector de Torrent critican cómo se llevan las conversaciones para la investidura de Sánchez y estiman de «bajo nivel» los perfiles de Marta Vilalta y Gabriel Rufián. Perteneciente al sector duro de ERC y con gran ambición, el presidente del Parlament es consciente del desgaste que supone un apoyo a Sánchez en el mundo soberanista frente a JuntsXCat y unas próximas elecciones en Cataluña.

Roger Torrent se resiste a otro de los planes de Quim Torra, realizar una sesión monográfica en el Parlament de apoyo a su persona tras la condena del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por negarse a retirar los lazos amarillos y pancartas independentistas de la fachada del Palau de La Generalitat. Ello le convertiría en un mártir del «procés», con recuperación de imagen de JuntsXCat ante un futuro escenario electoral. «Estamos en un una lucha por ver quién es más independentista o más traidor», admiten dirigentes de ambos partidos, socios de gobierno pero eternos rivales en una lucha sin tregua. La decisión de la justicia europea de conceder a Carles Puigdemont y Toni Comín sus actas de eurodiputados, con la consiguiente inmunidad parlamentaria, ha insuflado moral en las filas del fugitivo y los neoconvergentes.

Así las cosas, en el entorno de Puigdemont insisten en que, hoy por hoy, su rechazo es total a la investidura de Pedro Sánchez y su objetivo liderar el independentismo frente a ERC. Que con su inmunidad parlamentaria no descarta encabezar una lista autonómica y, desde luego, por el momento controlar La Generalitat, y que su sucesor, Quím Torra, piensa inmolarse tras la inhabilitación que se le avecina. En el PEDeCAT, sumido en una auténtica ebullición, nadie duda de que un apoyo de ERC a la investidura de Pedro Sánchez, sin la autodeterminación y la libertad de Oriol Junqueras, les pasará factura en Cataluña. Desde su huída a Bélgica, el ex presidente fugitivo ha seguido moviendo los hilos de la política catalana manejando a su sucesor, Quim Torra, como un títere, en medio de un PDeCAT dividido en aras de la nueva marca, JuntsXCat y un mensaje radical con su «brazo armado» callejero de la ANC.

Ahora, con su acta de eurodiputado y la inmunidad, lanza un nuevo desafío al Estado español, pero también a su rival, Esquerra. En este escenario de gran presión, Puigdemont opina que es «inimaginable» que algún diputado independentista haga honor a su nombre traicionando a sus electores: es decir, al derecho a la autodeterminación y a una mesa bilateral de negociación entre gobiernos sin condiciones. De igual a igual, algo que choca frontalmente con la Constitución. Estas exigencias complican el plan de investidura de Pedro Sánchez y ponen en la picota, una vez más, al mundo soberanista. Para colmo, la CUP ha llamado a «desbordar las calles» si ERC cierra el pacto de investidura de Pedro Sánchez.