Bofetada a Sánchez...

Bofetada a Sánchez… en la cara de los españoles: Eso es lo sucedido en la elección a la presidencia del Eurogrupo. Esta derrota en la votación para un destino sensible en el ámbito de la UE, requiere de un análisis de segundo grado para ser interpretada correctamente.

Calviño era una buena candidata de España, y estaba apoyada por Alemania, Francia e Italia; es decir, avalada por los cuatro países más poblados y con más PIB de los veintisiete. Si aceptamos como premisa básica que el eje Paris-Berlín sobre el que pivota la Unión, no pierde ninguna batalla importante, y menos si –como ahora– avala públicamente a un candidato, las hipótesis de interpretación lógicas son solo dos.

La primera es que esa presidencia no sea considerada «esencial» en el reparto de poder europeo. Siendo un puesto «oficioso» en la estructura comunitaria, en este momento –con el debate sobre la mesa del «Plan para la recuperación económica» tras la pandemia–, resultaba particularmente codiciado. No debe sorprender, pues las condiciones para repartir 750.000 millones de euros no son cuestión menor, y competir para esa presidencia en representación de Sánchez e Iglesias, no parece la mejor carta de presentación.

La segunda hipótesis sería una derivada de la primera: el eje franco alemán ha jugado a dos barajas, apoyando con una mano, y dejando hacer con la otra. Generosidad pública y ortodoxia económica privada. La UE no es una entidad benéfica, y los españoles lo pagaremos caro.