Puigdemont: «Hay que doblegar a España»

El ex president mantiene el pulso Persiste en su desafío pese a la desangelada Diada y a la desunión en el independentismo

Ni la escasa asistencia a una Diada de mínimos, atípica y triste por la tremenda crisis sanitaria de la pandemia. Ni la gran división del bloque independentista. Ni la fractura total con su antiguo partido, el PDECaT. Y ni la última decisión del Tribunal Constitucional favorable a su orden de captura hacen variar los planes desafiantes del prófugo Carles Puigdemont. El ex presidente mantiene el pulso con todos, en especial con Esquerra Republicana, y persiste en su desafío al Estado. En la última conversación con su sucesor, Quim Torra, le ha trasladado su deseo de agotar la Legislatura catalana y aplazar las elecciones hasta febrero del año próximo. Durante la presentación de su libro «La lluita a l’exili», segunda parte de unas memorias victimistas desde su huida a Bruselas, se mostró contrario a una mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez sin contenido y lanzó un claro mensaje a sus seguidores: «Hay que doblegar a España».

Tras lo que un veterano dirigente nacionalista define como la «Diada enmascarada», ante la imagen de dispersos manifestantes luciendo sus mascarillas, el fugitivo ha pactado con Torra el retraso electoral y toda una ofensiva contra la justicia española. La decisión del TC que deniega la suspensión de las órdenes nacionales de busca, captura e ingreso en prisión contra el propio Puigdemont y el también eurodiputado Toni Comín, ordenadas por el juez instructor del «procés», Pablo Llarena, le han servido de acicate para nuevas soflamas. «De nuevo un tribunal español nos aplasta», aseguran en su entorno. Similar argumento al de Quim Torra, preparado para recibir la inhabilitación del Tribunal Supremo la semana próxima. El presidente de la Generalitat tiene previsto viajar a Madrid el día de la vista judicial y montar el tradicional numerito separatista con sus acólitos en el Alto Tribunal. «Quiero mirar a los ojos del juez que condena un presidente de Cataluña», advierte Torra.

Una vez pasada la Diada, claramente desangelada, desunida y azotada por las tremendas cifras del virus en Cataluña, los soberanistas se han vuelto a enzarzar en severas discusiones sobre el calendario electoral. Quim Torra ha dejado muy claro que la decisión de convocar es solo suya y está de acuerdo con Puigdemont en aplazar la fecha hasta febrero del 2021. Ello trastoca los planes de ERC, donde desean las urnas en el mes de noviembre para evitar su desgaste. Pero «el Puchi» y su sucesor son partidarios de agotar el calendario y convocar los comicios de forma automática, una vez agotados todos los plazos. Impiden así también la posibilidad de que el actual vicepresidente del Govern, el republicano Pere Aragonés, pueda acceder a la presidencia de La Generalitat, en la tesis reiterada por Puigdemont de que «a ERC, ni agua». El tiempo juega a su favor para consolidar su nuevo partido JuntsxCat, quemar a Esquerra y aislar al PDeCAT, dónde aún se mantiene el otro ex presidente, Artur Mas.

En este escenario de resistencia numantina, una vez sea definitiva su inhabilitación por el Tribunal Supremo, Torra tiene planeado atrincherarse en el Palau de la Generalitat: «Un confinamiento político», dicen en su entorno. A pesar de su conversación telefónica con Pedro Sánchez, su intención es ahora no acudir a la mesa de diálogo, que La Moncloa prevé en este mes de septiembre, para dar una imagen de rechazo al Estado. Si finalmente la mesa se convoca, sus asesores se inclinan por enviar otra delegación, acorde con los interlocutores que designe el Gobierno. Pero los soberanistas saben que será «una mesa cosmética», dado que sus exigencias de autodeterminación y amnistía para los presos no prosperarán, y la rebaja del delito de sedición ofrecida por Sánchez es considerada «claramente insuficiente».

Los planes de «El Puchi» y Torra amenazan con un vacío absoluto de poder en La Generalitat, ya que el inhabilitado presidente no tendrá margen de decisión. Pero este caos tampoco rebaja el fanatismo de ambos: «Mejor un Govern sin president que uno de ERC», afirman en su entorno. La situación será de traca, máxime en medio de una pandemia dramática y una incertidumbre económica de campeonato, lo que exigiría medidas y reformas de calado. Llegado el caso, el vicepresidente Aragonés sería el único que podría firmar algún decreto, aunque el vacío de poder será enorme. Por ello, los republicanos insisten en adelantar las elecciones a noviembre, algo que Torra y Puigdemont no aceptan. En su mensaje de la Diada, el fugitivo apeló a todos los soberanistas a «remar del mismo lado» y secundar las propuestas de Torra «con unidad en la vía hacia la independencia».

El ex presidente prófugo y ahora eurodiputado insta al independentismo a redoblar la confrontación con España y aprovechar la debilidad de un gobierno de coalición lleno de contradicciones entre los socialistas y Unidas Podemos. En clave electoral, los soberanistas no apoyarán los Presupuestos de Pedro Sánchez en el Congreso, aunque sí se han mostrado proclives a negociar los diputados díscolos del PDeCAT, encabezados por Ferrán Bel, en prueba de su rebelión hacia Torra y Puigdemont. La división es profunda, si bien en los equipos de ambos cunde la euforia por las últimas encuestas que sitúan al independentismo por encima del cincuenta por ciento. Si esto se cumple, la tragedia para el constitucionalismo sería total, dado que pese a sus malas relaciones JuntsXCat y ERC quedarían de nuevo obligados a entenderse.

«Sigo siendo el presidente legítimo y tengo la sartén por el mango». Esta es la frase que Puigdemont repite a todos cuántos le escuchan en su refugio de Waterloo. Por tanto, sus planes pasan por salvaguardar su inmunidad en los tribunales europeos y dinamitar a su rival, ERC, que tendrá muy difícil apoyar a Pedro Sánchez. «A nosotros, cuanto peor, mejor», le dijo el fugitivo a Torra en su última conversación, dónde también se pactó un mensaje a la ANC y Omnium para que, junto a la CUP, apoyen al actual presidente de La Generalitat. Durante la presentación telemática del libro de Puigdemont, Quim Torra se dejo ver con tres de los posibles candidatos de JuntsxCat, Laura Borrás, Damiá Calvet y Jordi Puigneró. La resistencia está servida, mientras Cataluña se desangra con cifras alarmantes del virus y el hartazgo ciudadano bajo unos dirigentes fanáticos e irresponsables.