«El alguacil alguacilado»

Memoria histórica, democrática y europea, es la que el pleno del Ayuntamiento de Madrid ha aplicado para hacer desaparecer en la capital la memoria de los socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto, retirando del nomenclator del callejero sus nombres y placas, y del espacio urbano sus estatuas. Como el «alguacil alguacilado», siguiendo a Quevedo, se ha quedado el socialismo sanchista tan animoso en condenar y dividir en buenos (ellos) y malos (los otros) a los humanos, la sociedad y la Historia de España.

A Sánchez y las izquierdas no les ha gustado nada este hecho –calificándolo de «revanchismo e intento de reescribir la Historia»–, pues consideran que solo ellos pueden interpretarla y juzgarla desde su patética autoproclamada superioridad moral. Pero con la Resolución del Parlamento Europeo y la Ley de la Memoria socialista sanchista en mano, creo que podremos tener similares jornadas de gloria en más ayuntamientos. Los vecinos y carteros podrán decir que así no hay quien viva, y entonces esta izquierda quizá empiece a darse cuenta de que esto de la venganza y la reescritura de la Historia la han inventado ellos, pero no van a salir indemnes de su originalidad creadora, como el alguacil de Quevedo.

Sería bueno que cundiera el ejemplo madrileño para que el sentido común desplace al sectarismo de esta izquierda que no tiene motivo alguno para enorgullecerse de su pasado, sino todo lo contrario. Gracias a sus leyes de Memoria, los españoles están conociendo la verdad histórica de lo sucedido entre nosotros durante el pasado siglo.