Sánchez abona la vía ERC: Presupuestos y tripartito en Cataluña

Moncloa negocia las cuentas con la vista puesta en aupar a Esquerra en la Generalitat

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la segunda parte del pleno de Debate de totalidad del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2021, en el Congreso de los Diputados, Madrid.EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL Europa Press

Con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) ya encarrilados en el Congreso de los Diputados, el siguiente peldaño para el Gobierno de coalición está en Cataluña. Pedro Sánchez coincide con Pablo Iglesias en el deseo de ayudar a ERC a ganar las próximas elecciones autonómicas, previstas para febrero de 2021. Y todos los instrumentos del Ejecutivo, incluida la negociación presupuestaria, trabajarán para conseguir ese objetivo, dentro de la hoja de ruta diseñada en Moncloa para tejer un pseudo tripartito que coloque al partido de Oriol Junqueras al frente de la Generalitat.

El calendario del Gobierno sitúa en enero la aprobación de las nuevas cuentas públicas. A semanas de las elecciones catalanas, salvo sorpresa de última hora. Y en la negociación parlamentaria, a Esquerra sí se le van a conceder los tantos que los republicanos consideran que necesitan apuntarse para partir en una supuesta situación de ventaja en esos comicios. En el ámbito estrictamente presupuestario, de la negociación se espera que se desbloqueen reivindicaciones enquistadas del independentismo. ERC quiere poder presentarse con la «cartera» llena, para justificar su decisión de diferenciarse de la estrategia del ex presidente huido de la Justicia, Carles Puigdemont.

En una vía paralela entran los gestos que el PSOE está haciendo en relación a los indultos, la reforma de la tipificación del delito de sedición o la nueva «patada» al castellano en Cataluña, pero lo mollar está en el reparto de fondos. Dicho de otra manera, que cuando se echen cuentas al final de la negociación, quede bien claro que, en la distribución territorial, la mayoría de investidura se ha cobrado su precio por el apoyo al Gobierno de coalición.

En el puzle con el que trabajan en Moncloa, las elecciones catalanas son objetivo prioritario para seguir avanzando en la agenda fijada para esta Legislatura. Y esta situación pone fecha de caducidad a la disposición de Ciudadanos a mantener la mano tendida al Gobierno para negociar los Presupuestos. El partido de Inés Arrimadas también se la juega en esas elecciones autonómicas, y la consigna de la alianza Podemos-ERC es que los naranjas no deben recibir ni agua. Igual que ocurrió con la retirada de la subida del diésel, medalla que el PNV arrebató a Ciudadanos, con el mismo estilo de juego seguirá manejando la mayoría de investidura la negociación de las enmiendas al proyecto presupuestario.

Los Presupuestos tendrán que ser rectificados sobre la marcha, una vez aprobados, en un equilibrio de ingresos y de gastos tan desfasado que, por ejemplo, al mismo tiempo que se vuelve a negociar el sostenimiento de los ERTE, esta partida, sin embargo, no está incluida en el proyecto del Gobierno. Pero para Sánchez suponen la confirmación de que tiene margen de maniobra para agotar su mandato. Gobierno y oposición han asumido ya que la Legislatura va para largo porque con los fondos europeos el Ejecutivo puede aguantar el agujero negro de la crisis económica hasta el 2022 e incluso el 2023. Esto en el ámbito de la macroeconomía porque cuestión distinta es cómo evolucione en los próximos meses la económica doméstica y la explosión de paro, que en todas las instancias económicas se da por hecho que se producirá en cuanto se levanten las ayudas para sostener el tejido productivo en plena pandemia.

En cualquier caso, los Presupuestos marcan un punto de inflexión en la Legislatura por lo que implican de refuerzo de la mayoría de investidura. Pero el resultado de las elecciones catalanas puede dar la vuelta a la estrategia coyuntural en tanto que no se cumpla el plan de Moncloa. La idea de que ERC desdeñará el acuerdo con JxCat, en el caso de que les dé la suma, está por ver. Y esos resultados y el próximo gobierno de la Generalitat determinarán también la estrategia de futuro del partido de Junqueras, con sus consecuencias en Madrid.

También la oposición tiene que reajustarse al nuevo escenario político y económico, después de que no se haya cumplido el negro pronóstico de que el Gobierno de coalición tenía una vida de meses por la fuerza de la crisis sanitaria, y sus consecuencias económicas. En la política autonómica se quiere creer que a partir de la aprobación de los Presupuestos podrá abrirse una nueva etapa con menos tensión y que facilite los acuerdos transversales: la medida en que el PSOE pueda sentirse ya más liberado, con la seguridad de tener unos Presupuestos, para rediseñar sus políticas. En Madrid, sin embargo, no se percibe que haya voluntad de ir en esa dirección.

La imagen de la votación de esta mañana volverá a dar una sensación de fortaleza del bloque del Gobierno que chirría con el balance del primer año de vida en Moncloa de la coalición. Y en las filas populares asumen que midieron mal la capacidad de Sánchez de jugar «varias partidas a la vez y de engañar a todo el mundo al mismo tiempo».