Moncloa dará alas a Díaz hasta las elecciones

Le dejarán “su propio espacio” e incluso “ganar algunas batallas”, hasta que la inminencia de las urnas obligue a marcar distancias

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en la fiesta del centenario del PCE
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en la fiesta del centenario del PCE FOTO: Jesús Hellín Europa Press

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ubicaba a la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como la líder mejor valorada para los encuestados (un 4,6), por delante del propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (4,5). Las tripas del sondeo arrojaban datos muy reveladores que consolidaban el perfil transversal de la dirigente de Unidas Podemos. Entre sus votantes, Díaz obtiene un 7,1 de nota. Mientras que los socialistas otorgan a Sánchez un 6,6. Además, en el barómetro anterior, el de julio, último mes en el que el CIS incluyó la valoración de los ministros, los votantes del PSOE daban mejor valoración a Díaz (6,46) que a Nadia Calviño (6,45), con la que mantiene una pugna abierta dentro del Ejecutivo por las decisiones económicas. Pero quizá la cuestión más sorprendente es que la vicepresidenta obtuviese mejor nota entre los votantes de la derecha que el propio Sánchez. Los electores del PP la califican con un 3,1, por el 2,4 que otorgan al presidente y hasta en Vox ven con mejores ojos a la titular de Trabajo (2,5), que al líder socialista (1,7).

Estos datos no hacen que cunda el nerviosismo en Moncloa. Todo lo contario. Fuentes socialistas señalan a LA RAZÓN que no preocupa el liderazgo emergente de la vicepresidenta, pues consideran fundamental que la marca de Unidas Podemos se mantenga viva y pujante de cara a las elecciones de 2023. En el Ejecutivo razonan que, en un contexto en el que no existen las mayorías absolutas, de nada sirve que el PSOE ahogue a los morados en las urnas, si les va a necesitar para mantener el poder después. Además, aferrándose a la misma encuesta, aseguran que los electores interpelados por el político que preferirían como jefe del Ejecutivo, la mayoría se decanta por Sánchez (un 21,6), mientras que por Yolanda Díaz apenas apuesta un 11,5 % (dos puntos más que en julio).

Las citadas fuentes aseguran que hay que dejar a la vicepresidenta segunda “su propio espacio” para que crezca e incluso anticipan que le permitirán “ganar algunas batallas” hasta que la inminencia de las urnas obligue a marcar distancias y activar el “modo electoral” que les convierta de socios a adversarios. Por el momento, Díaz se ha convertido en un pilar fundamental del Ejecutivo en el terreno del Diálogo Social, logrando cerrar hasta once acuerdos. Una velocidad de crucero que se frenó abruptamente con la subida del Salario Mínimo, que no contó con el aval de la Patronal. Sin embargo, este acuerdo no se materializó en contra de los intereses de la ministra de Trabajo, que logró apuntarse un tanto en clave interna, imponiendo sus tesis a las de Nadia Calviño, que era partidaria de ser más cauta y no subirlo hasta consolidar la recuperación. Ahora, la vicepresidenta se enfrenta a otras negociaciones como la prórroga de los ERTE y arduas batallas por la reforma laboral y de las pensiones, que volverán a poner a prueba su cintura política.

Además del SMI, Díaz en su papel de conciencia crítica de Sánchez en el Ejecutivo, rentabilizó la suspensión del proyecto de ampliación de El Prat, trasladándose hasta el espacio natural de La Ricarda y reivindicando su “trabajo silencioso” como fundamental para el desenlace de los acontecimientos. Esto no es exactamente así, pues el Gobierno consideró que el coste de la decisión no le compensaba y prefirió explotar la división en el Govern de la Generalitat como desencadenante para no avanzar en la inversión. Sin embargo, ante su electorado, Díaz pudo apuntarse el tanto. En esto también se centran los equilibrios dentro de la coalición, en permitir que Díaz rentabilice ciertas decisiones para marcar su espacio, en un momento en el que todavía no es oficial su candidatura a 2023, aunque ya haya comenzado a trabajar en un espacio de confluencias.

Díaz también estuvo presente en la “mesa de diálogo” por su interlocución preferente con los independentistas, pero en este caso y en ausencia de Sánchez, no se permitió que fuera la vicepresidenta –aunque por rango le correspondiese- la que liderase la reunión, sino que fue el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, quien lo hizo por delegación del presidente. Un movimiento que deja claro que ambas partes son conscientes del papel que ocupan en la coalición. La siguiente batalla dentro del Gobierno será la de los Presupuestos, en la que el PSOE asume también que algo tendrá que ceder ante sus socios para que puedan vestir su mantenimiento en el Ejecutivo como una herramienta útil para alcanzar sus objetivos.

En Moncloa valoran, además, las maneras de Díaz y el cambio en las relaciones desde que Iglesias salió del Gabinete, con una apuesta por trabajar y pelear los temas en privado y no de cara a la opinión pública. En el Gobierno son conscientes de que Díaz puede liderar un proyecto que trasciende las marcas de Podemos y de IU, tratando de unificar el espacio que hay a la izquierda del PSOE, y que ellos deben centrarse en revertir el problema de conexión con la ciudadanía que tiene el presidente del Gobierno y que le ha llevado a multiplicar su presencia en la calle, como se ha visto en la tragedia de La Palma. Los datos llaman a ello, porque, volviendo al CIS, un 32,2 por ciento ven al presidente con “poca confianza” y un 34,8% con “ninguna”.